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<channel><title><![CDATA[Peregrinos y sus letras - Armando Alan&iacute;s]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes]]></link><description><![CDATA[Armando Alan&iacute;s]]></description><pubDate>Tue, 07 Apr 2026 23:37:07 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Así era David]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/asi-era-david]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/asi-era-david#comments]]></comments><pubDate>Wed, 10 Jun 2020 04:44:29 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/asi-era-david</guid><description><![CDATA[       Por Armando Alan&iacute;sConoc&iacute; a David Alberto Mu&ntilde;oz en Hermosillo: los organizadores del Horas de Junio nos hab&iacute;an hospedado a todos en aquel hotel que era como un laberinto: dabas vueltas y vueltas hasta encontrar tu cuarto, y muchas veces regresabas al punto de partida. Pasados tres o cuatro d&iacute;as, ya te sab&iacute;as el camino; pero tambi&eacute;n conclu&iacute;a el encuentro de escritores y hab&iacute;a que dejar el hotel. Varias veces David me toc&oacute; [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/published/dsc-0676.jpeg?1591853938" alt="Picture" style="width:417;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><span style="color:#000000; font-weight:700"></span></strong><em><span style="color:#000000; font-weight:700">Por Armando Alan&iacute;s</span></em><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">Conoc&iacute; a David Alberto Mu&ntilde;oz en Hermosillo: los organizadores del </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Horas de Junio </span><span style="color:#000000; font-weight:400">nos hab&iacute;an hospedado a todos en aquel hotel que era como un laberinto: dabas vueltas y vueltas hasta encontrar tu cuarto, y muchas veces regresabas al punto de partida. Pasados tres o cuatro d&iacute;as, ya te sab&iacute;as el camino; pero tambi&eacute;n conclu&iacute;a el encuentro de escritores y hab&iacute;a que dejar el hotel. Varias veces David me toc&oacute; de compa&ntilde;ero de cuarto, y tambi&eacute;n compartimos mesas de lectura con otros colegas.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">&iquest;Qu&eacute; recuerdo de David? Lo primero que viene a mi memoria es su sonrisa. Siempre sonre&iacute;a, todo el tiempo estaba de buen humor. No recuerdo haberlo visto ni una sola vez triste ni preocupado. Bueno, una vez me toc&oacute; verlo preocupado, pero no era para menos: nos hab&iacute;a detenido la polic&iacute;a por pasarnos y un alto y con aliento alcoh&oacute;lico.&nbsp;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Vest&iacute;a ropa informal y c&oacute;moda: guayaberas, pantalones de pliegues, zapatos negros y bien boleados. Moreno, de pelo negro azabache, compart&iacute;amos mesas de lectura durante los d&iacute;as del encuentro, como yo coment&eacute;, y por las noches visit&aacute;bamos los mismos lugares de diversi&oacute;n.&nbsp;</span></strong><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Tambi&eacute;n en el encuentro </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Lunas de Octubre</span><span style="color:#000000; font-weight:400">, en La Paz: a mediod&iacute;a, camin&aacute;bamos en el malec&oacute;n bajo un sol vertical que arrancaba del mar destellos vedes, rojizos y azueles, para dirigirnos, al entrar por una calle, a la </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Casa de la Cultura</span><span style="color:#000000; font-weight:400">.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Ambos &eacute;ramos cuentistas. And&aacute;bamos en lo mismo.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Fueron muchas las veces que lo encontr&eacute; en la habitaci&oacute;n del hotel, dando forma a un cuento en su laptop. Escrib&iacute;a un relato breve y luego otro y luego otro, que publicaba en la revista digital </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Peregrinos y sus Letras</span><span style="color:#000000; font-weight:400">, que &eacute;l dirig&iacute;a. No le gustaba hablar de s&iacute; mismo como &ldquo;cuentista&rdquo;: se consideraba &ldquo;cuentero&rdquo;, y as&iacute; lo anunciaba en su revista digital </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Peregrinos y sus letras: </span><span style="color:#000000; font-weight:400">&ldquo;Y desde el &ldquo;headquarters&rdquo; de </span><span style="color:#000000; font-weight:400">Peregrinos y sus Letras, </span><span style="color:#000000; font-weight:400">el cuentero de David Alberto Mu&ntilde;oz nos regala el cuento: &ldquo;$50 pesos.&rdquo; Y c&oacute;mo olvidar su lema predilecto, que &eacute;l era el primero en cumplir a cabalidad: &ldquo;&iexcl;A escribir se ha dicho!&rdquo;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Entre sus temas recurrentes, estaba el del mexicano que se va a trabajar a los Estados Unidos. El mexicano que consigue establecerse, aquel al que le va bien, que echa ra&iacute;ces en el pa&iacute;s vecino sin olvidar nunca su procedencia. Un tema que &eacute;l conoc&iacute;a mejor que nadie, pues ese era su caso. Trabajaba de tiempo completo en un Community College en Chandler, Arizona, donde impart&iacute;a la c&aacute;tedra de Teolog&iacute;a.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">Pero no se crea, por este &uacute;ltimo dato, que David era un especie de monje laico. Para nada. Era, eso s&iacute;, una buena persona; m&aacute;s a&uacute;n, una excelente persona. Le gustaban el sabor de la cerveza y la pl&aacute;tica con los amigos y las buenas formas de las chicas de los </span><span style="color:#000000; font-weight:400">tables.</span><span style="color:#000000; font-weight:400"> Muchas veces lo acompa&ntilde;&eacute; en sus aventuras, que eran tambi&eacute;n mis aventuras.&nbsp;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">&iquest;Qui&eacute;n era, pues, qui&eacute;n sigue siendo David Alberto Mu&ntilde;oz? Las circunstancias de la vida lo hab&iacute;an llevado a residir en uno de los cincuenta estados que forman los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Pero hab&iacute;a nacido en M&eacute;xico y se sent&iacute;a mexicano hasta la m&eacute;dula, aunque hubiera tenido que nacionalizarse estadounidense. Entrevistado por Manuel Murrieta Zald&iacute;var, afirma: &ldquo;Me gusta pensar que sigo siendo mexicano, mi identidad est&aacute; muy bien anclada ah&iacute;. S&iacute;, reconozco mi aculturaci&oacute;n, incluso he cambiado mi forma de expresarme, mi modo de vida, pero me gusta al menos sentir que soy mexicano, que nac&iacute; en el sector de Miguel &Aacute;ngel de Quevedo de la Ciudad de M&eacute;xico.&rdquo; Reconoc&iacute;a, refiri&eacute;ndose a los Estados Unidos: &ldquo;Soy ciudadano de este pa&iacute;s, pago mis impuestos, pero para m&iacute; la patria es sentimiento, pasi&oacute;n, calor, como el simple hecho de escuchar el Himno Nacional Mexicano, recordar que llevaba la bandera o daba &oacute;rdenes a la escolta los lunes en la primaria&rdquo;. </span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No le gustaba que le llamaran chicano, pero tampoco le preocupaba demasiado: &ldquo;Soy chicano, no problem&rdquo;, aceptaba. Escrib&iacute;a en espa&ntilde;ol y en ingl&eacute;s. En los encuentros en La Paz, en Los Cabos y en Hermosillo, le&iacute;a siempre cuentos escritos originalmente en espa&ntilde;ol; cuentos que hablan de &ldquo;emigrados que viven del lado norteamericano de la frontera, los empresarios en peque&ntilde;o, las familias establecidas, los estudiantes de universidad, los que sacan posgrados, e incluso los jornaleros&hellip; Pero tambi&eacute;n hay otro p&uacute;blico en mente, el lector de M&eacute;xico&rdquo;.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">En cuanto a su preparaci&oacute;n acad&eacute;mica, contaba con una Maestr&iacute;a en Teolog&iacute;a y con el doctorado en Filosof&iacute;a de la Religi&oacute;n. Cre&iacute;a en Dios, en un ser superior, pero admit&iacute;a otras maneras de pensar porque consideraba, siguiendo a Kierkegaard, que &ldquo;la verdad es subjetiva, la verdad est&aacute; sujeta al individuo&rdquo;. No era para nada, como ya he dicho, un hombre que llevara una vida recatada: le gustaba gozar, con toda libertad, de los placeres que ofrece este mundo. Disfrutaba por las noches, horas y horas, de los encantos que ofrec&iacute;a alg&uacute;n concurrido lugar de diversi&oacute;n para adultos. Pero tambi&eacute;n era, en todo momento, un escritor que se la pasaba escribiendo. Un libro tras otro. Pocas personas me ha tocado conocer que disfrutaran con tal intensidad del oficio de escritor. Y era tambi&eacute;n un buen lector. En los encuentros de escritores que he mencionado, y en otros, le gustaba leer su obra pero tambi&eacute;n escuchar los cuentos y poemas de los dem&aacute;s. Reconoc&iacute;a el talento ajeno ah&iacute; donde lo encontraba, aplaud&iacute;a a quien le&iacute;a en las mesas de lectura un cuento que le gustaba, un poema de su agrado.</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#000000; font-weight:400">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:#000000; font-weight:400">No era ostentoso, no presum&iacute;a de nada, no hac&iacute;a menos a nadie y reconoc&iacute;a sin resquemores el talento de los dem&aacute;s. Era un amigo sincero, honesto; una vez que entrabas en su coraz&oacute;n permanec&iacute;as ah&iacute; para siempre. Un amigo sin dobleces, sin hipocres&iacute;as. Un escritor sin aspavientos. As&iacute; era David. As&iacute; quiero recordarlo.</span></strong><br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Recuerdos de Pedro Páramo]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/recuerdos-de-pedro-paramo]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/recuerdos-de-pedro-paramo#comments]]></comments><pubDate>Wed, 14 Jun 2017 20:25:31 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/recuerdos-de-pedro-paramo</guid><description><![CDATA[       CUARTO DE AZOTARecuerdos de Pedro P&aacute;ramoArmando Alan&iacute;s&nbsp;Recuerdo que cuando le&iacute; por primera vez Pedro P&aacute;ramo me sorprendi&oacute; averiguar, en las primeras p&aacute;ginas, que el personaje que daba t&iacute;tulo a la novela ya estaba muerto. Luego me enterar&iacute;a de que no s&oacute;lo &eacute;l sino todos los personajes, incluyendo al hijo que llega a Comala a buscarlo, est&aacute;n ya muertos. &ldquo;Vine a Comala porque me dijeron que ac&aacute; viv& [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/pedro-paramo-1_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong>CUARTO DE AZOTA</strong><br /><font color="#000000"><strong>Recuerdos de Pedro P&aacute;ramo</strong><br /><em>Armando Alan&iacute;s</em><br />&nbsp;<br />Recuerdo que cuando le&iacute; por primera vez <em>Pedro P&aacute;ramo </em>me sorprendi&oacute; averiguar, en las primeras p&aacute;ginas, que el personaje que daba t&iacute;tulo a la novela ya estaba muerto. Luego me enterar&iacute;a de que no s&oacute;lo &eacute;l sino todos los personajes, incluyendo al hijo que llega a Comala a buscarlo, est&aacute;n ya muertos. &ldquo;Vine a Comala porque me dijeron que ac&aacute; viv&iacute;a mi padre, un tal Pedro P&aacute;ramo.&rdquo; El padre muri&oacute; hace muchos a&ntilde;os. El hijo, habla desde la tumba: lo mataron los murmullos en medio de la plaza.<br />&nbsp;<br /><em>Pedro P&aacute;ramo, </em>se ha dicho, es novela pionera del realismo m&aacute;gico, cultivado por autores como Miguel &Aacute;ngel Asturias y Alejo Carpentier, y por el colombiano Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Para m&iacute;, la obra maestra de Rulfo es una novela fant&aacute;stica. Una novela de fantasmas que andan penando por las calles desoladas de Comala, &ldquo;lugar sobre las brasas&rdquo;, m&aacute;s caliente que el infierno pues los habitantes, cuando mueren y se condenan, regresan por su cobija. Hace m&aacute;s calor en Comala que en el mism&iacute;simo infierno.<br />&nbsp;<br />Una novela tan tr&aacute;gica y fantasmal como <em>Pedro P&aacute;ramo</em> no est&aacute; exenta, sin embargo, de sentido del humor. Un humor amargo, pero humor al fin. Recuerdo a aquel borrachito que sale de la cantina, gritando: &ldquo;&iexcl;Ay vida, no me mereces!&rdquo;<br />&nbsp;<br />Cuando era estudiante, tom&eacute; un curso de narrativa hispanoamericana en el Claustro de Sor Juana. Un curso de verano, los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana. La maestra: Mar&iacute;a Teresa Bautista, a la que tanto debo y de la que ya nada s&eacute;. Recuerdo que esa luminosa ma&ntilde;ana analiz&aacute;bamos el principio de Pedro P&aacute;ramo: la llegada a Comala de Juan Preciado, quien se instala como hu&eacute;sped en casa de do&ntilde;a Eduviges. &iexcl;Pobre de do&ntilde;a Eduviges! Debe de andar penando todav&iacute;a&hellip; Sal&iacute; del claustro hacia mediod&iacute;a y anduve vagando, pues ten&iacute;a tiempo libre, por las calles aleda&ntilde;as a la Torre Latinoamericana.&nbsp; De pronto, pas&eacute; por una calle solitaria. Un callej&oacute;n, m&aacute;s bien. Hacia m&iacute;, caminaba una muer enrebozada. Sus pies parec&iacute;an no tocar el suelo. Como si flotara. Cuando pas&oacute; a mi lado, alcanc&eacute; a vislumbrar los rasgos inconfundibles de su ajado rostro: &iexcl;era la mism&iacute;sima Eduviges Dyada!<br />&nbsp;<br />El personaje femenino m&aacute;s interesante de la novela de Rulfo es, qu&eacute; duda cabe, Susana San Juan. Pedro P&aacute;ramo, el cacique todopoderoso, tiene a sus pies a todas las mujeres del pueblo. Con muchas se acuesta. A muchas deja embarazadas. Pero s&oacute;lo ama a una, la &uacute;nica que no puede corresponderle: la loca Susana San Juan. Una mujer que no era de este mundo. &iquest;Y cu&aacute;l era el mundo de Susana San Juan? Esa fue una de las cosas que Pedro P&aacute;ramo nunca lleg&oacute; a saber.<br />&nbsp;<br />La loca que llega a La Media Luna en compa&ntilde;&iacute;a de su padre, fue una muchacha preciosa, sensual, er&oacute;tica. Le gustaba meterse al r&iacute;o con su novio, ambos desnudos. Le gustaba sentir que su cuerpo era rodeado, de la cabeza a los pies, por el agua. Antes, fue amiga del ni&ntilde;o Pedro P&aacute;ramo. &Eacute;l le ayudaba a volar papalotes. Luego, el ni&ntilde;o se masturbaba en el excusado, recordando a aquella ni&ntilde;a a la que amaba profundamente. Nunca la tendr&iacute;a. Nunca ser&iacute;a suya. &nbsp;Ni los m&aacute;s poderosos son due&ntilde;os de todo.<br />&nbsp;<br />De todos sus hijos, Pedro P&aacute;ramo s&oacute;lo reconoci&oacute;, no sabemos por qu&eacute;, a Miguel. Miguel P&aacute;ramo. Hijo de su padre, el muchacho es alebrestado, enamoradizo. Se acuesta con una y con otra. Mata por matar. Y una noche, yendo en busca de una de sus novias, salta a caballo un muro construido por su padre: el caballo tropieza, el muchacho cae al suelo y se desnuca.&nbsp; Su caballo, desesperado, pasar&aacute; la noche yendo y viniendo de un lado a otro, hasta que los hombres de Pedro P&aacute;ramo lo lazan y se lo llevan a La Media Luna, a donde otros hombres llevaron el cad&aacute;ver de Miguel. &iquest;Qu&eacute; le hicieron a Miguel? Nadie le hizo nada, don Pedro. &Eacute;l s&oacute;lo encontr&oacute; la muerte.&nbsp; El cacique ordena que maten al caballo, para que ya no siga sufriendo. Estoy comenzando a pagar, dice, m&aacute;s vale comenzar temprano para terminar pronto.<br />&nbsp;<br />Al final de la novela, el arriero Abundio Mart&iacute;nez apu&ntilde;ala a Pedro P&aacute;ramo, quien se derrumba como un costal de piedras. Eso era Pedro P&aacute;ramo: una piedra. Nada m&aacute;s.<br />&nbsp;<br />&copy; Armando Alan&iacute;s&nbsp;</font></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Coitus Interruptus]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/coitus-interruptus]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/coitus-interruptus#comments]]></comments><pubDate>Thu, 24 Nov 2016 02:12:39 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/armando-alaniacutes/coitus-interruptus</guid><description><![CDATA[       &nbsp;CUARTO DE AZOTEA&nbsp;&nbsp;Coitus Interruptus(La Terquedad Ediciones, 2016)&nbsp;Armando Alan&iacute;s&nbsp;MosquitoTiene clara su raz&oacute;n de ser: no dejarme dormir esta noche.&nbsp;&nbsp;ClavadistaFue su mejor clavado; no importa que la alberca no tuviera agua. Hasta la fecha su cr&aacute;neo sigue encajado en el fondo de la alberca.&nbsp;&nbsp;Dorian GrayEl verdadero Dorian Gray estaba en el retrato. El otro era una ficci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;MultitudPerdidos entre la multit [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/alanis-libro.jpg?577" alt="Picture" style="width:577;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>  <div class="paragraph"><font color="#000000">&nbsp;<strong>CUARTO DE AZOTEA</strong><br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Coitus Interruptus</strong><br /><strong>(La Terquedad Ediciones, 2016)</strong><br />&nbsp;<br /><em>Armando Alan&iacute;s</em><br />&nbsp;<br /><strong>Mosquito</strong><br />Tiene clara su raz&oacute;n de ser: no dejarme dormir esta noche.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Clavadista</strong><br />Fue su mejor clavado; no importa que la alberca no tuviera agua. Hasta la fecha su cr&aacute;neo sigue encajado en el fondo de la alberca.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Dorian Gray</strong><br />El verdadero Dorian Gray estaba en el retrato. El otro era una ficci&oacute;n.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Multitud</strong><br />Perdidos entre la multitud nos damos cuenta de que somos muchos los solitarios.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Pol&iacute;tico</strong><br />Se trag&oacute; sus palabras y muri&oacute; de indigesti&oacute;n.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>So&ntilde;ador</strong><br />Era un so&ntilde;ador de tiempo completo. Estaba desempleado.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Violinista</strong><br />Esa noche toc&oacute; el viol&iacute;n como nunca, pero recibi&oacute;, a la puerta del caf&eacute;, las monedas de siempre.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Cuentos er&oacute;ticos</strong><br />Ella descubri&oacute; en la cama que los cuentos er&oacute;ticos de aquel autor no eran autobiogr&aacute;ficos.<br />&nbsp;<br /><strong>Sirena defectuosa</strong><br />Hubo una vez una sirena bell&iacute;sima, irresistible, con un solo defecto: era muda.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Epitafio</strong><br />&ldquo;Volver&eacute;&rdquo;.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Hortensia</strong><br />Todas las noches, al regresar ebrio a casa, orinaba sobre la hortensia de la derecha. Fue la que mejor se dio.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>En el museo de las momias</strong><br />&ndash;Mam&aacute;, &iquest;nosotros tambi&eacute;n nos vamos a convertir en momias?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;Ya lo somos, hijo &ndash;contesta la madre desde otra de las vitrinas.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Olas</strong><br />Las olas respetaron el castillo de arena, pero se llevaron al ni&ntilde;o.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Monstruo</strong><br />El monstruo de la soledad est&aacute; con ella en la cama y es invisible.<br />&nbsp;<br /><strong>Retiro</strong><br />&ndash;Paso a retirarme &ndash;dijo, y se muri&oacute;. Pero ah&iacute; se qued&oacute;, apestando.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>H de hotel</strong><br />La h de ese hotel no era muda: gem&iacute;a cada siete minutos.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Ratas</strong><br />Cuando las ratas dieron cuenta de toda la tripulaci&oacute;n, comenzaron a devorarse entre ellas. La &uacute;ltima se arroj&oacute; al mar. Al puerto lleg&oacute; un barco fantasma.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Tiempo</strong><br />Ten&iacute;a todo el tiempo del mundo: estaba muerto.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Profeta</strong><br />Subi&oacute; a la monta&ntilde;a para esperar el fin del mundo, y ah&iacute; lo alcanz&oacute; un rayo.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Tiro al blanco</strong><br />No err&oacute; el tiro, como creyeron todos: el objetivo no era la manzana sino la cabeza de su mujer.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Novia</strong><br />&ndash;T&uacute; s&iacute; sabes morder &ndash;dijo la novia de Dr&aacute;cula.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Damas</strong><br />En el ajedrez, la dama que se va del tablero regresa cuando un pe&oacute;n se corona. En el ajedrez de la vida, la dama que se va ya no regresa.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>Las Vegas</strong><br />En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, el mago se conformaba con desparecer el vestido de su asistente. Ella ya hab&iacute;a desaparecido con el domador de tigres.<br />&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>El hacedor</strong><br />Sembr&oacute; un &aacute;rbol, tuvo un hijo y escribi&oacute; un libro. El libro fue el primero en morir.<br />&nbsp;<br />&copy; Armando Alan&iacute;s<br />&nbsp;</font></div>]]></content:encoded></item></channel></rss>