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<channel><title><![CDATA[Peregrinos y sus letras - Manuel Murrieta Sald&iacute;var]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar]]></link><description><![CDATA[Manuel Murrieta Sald&iacute;var]]></description><pubDate>Wed, 22 Jul 2026 15:09:18 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Un rápido y solitario gol en San Francisco]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/un-rapido-y-solitario-gol-en-san-francisco]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/un-rapido-y-solitario-gol-en-san-francisco#comments]]></comments><pubDate>Wed, 22 Jul 2026 18:52:51 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/un-rapido-y-solitario-gol-en-san-francisco</guid><description><![CDATA[    Ambiente durante el juego en el estadio Levi’s de la Bahía de San Francisco, California (fotos de la colección personal del autor).    Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varLOS ABRAZOS M&Aacute;S PRESUROSOS DEL MUNDIALMe vino cierta lucidez entre el griter&iacute;o y los tumultos, una ef&iacute;mera pero necesaria reflexi&oacute;n, como para tomar conciencia: quiz&aacute; esta ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que gastar&iacute;amos en la compra de boletos. Gastar por &uacute;ltima vez; v&i [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/mundial_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Ambiente durante el juego en el estadio Levi&rsquo;s de la Bah&iacute;a de San Francisco, California (fotos de la colecci&oacute;n personal del autor). </div> </div></div>  <div class="paragraph" style="text-align:center;"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">LOS ABRAZOS M&Aacute;S PRESUROSOS DEL MUNDIAL</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Me vino cierta lucidez entre el griter&iacute;o y los tumultos, una ef&iacute;mera pero necesaria reflexi&oacute;n, como para tomar conciencia: quiz&aacute; esta ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que gastar&iacute;amos en la compra de boletos. Gastar por &uacute;ltima vez; v&iacute;ctimas ya no m&aacute;s, tan solo para disfrutar, con ojos privilegiados, el cruce de un bal&oacute;n mundialista bajo la porter&iacute;a y lanzar a todo pulm&oacute;n, hermanados con media humanidad, el canto de un solo &iexcl;goooool!</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">I</span></span></div>  <div class="paragraph"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp;SAN FRANCISCO, CALIFORNIA.--</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> El &uacute;nico gol de Paraguay contra Turqu&iacute;a cay&oacute; en menos de un minuto y medio de juego, y los ojos de mi hija y mi hijo se abrieron asombrados entre el sordo griter&iacute;o de las gradas del Levi&rsquo;s Stadium desde donde lo presenciamos sorprendidos&hellip; Mir&eacute; a ellos tambi&eacute;n anonadado, no solo por la rapidez de la anotaci&oacute;n &mdash;la m&aacute;s r&aacute;pida del Mundial&mdash;, sino por la realidad que nos envolv&iacute;a: recib&iacute;amos y busc&aacute;bamos abrazos celebratorios un tanto esperados, no desde la llegada a este coloso de la bah&iacute;a de San Francisco, sino desde que, a&ntilde;os atr&aacute;s, vi a ambos jugar con sus piernitas en las tumultuosas ligas infantiles del Valle de San Joaqu&iacute;n, California. Creo que se los dije y les promet&iacute; en alguna de sus crecientes edades: &ldquo;Alg&uacute;n d&iacute;a iremos juntos a un Mundial&rdquo;; se los dec&iacute;a as&iacute;, como de paso, pero ahora &eacute;ramos hist&oacute;ricos testigos y, s&iacute;, grit&aacute;bamos: &ldquo;&iexcl;Gol, goooool!&rdquo;. Era real, n&iacute;tido; lo vimos azorados esa tarde-noche del 19 de junio, recibiendo palmadas y escuchando aplausos y vivas de paraguayos que nos rodeaban entre los cerca de 69 mil aficionados que atascamos el estadio&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Pero al minuto 3 &oacute; 4 lleg&oacute; cierta calma y, ya reacomodados, presentimos que vendr&iacute;an m&aacute;s goles y reacciones similares. No fue as&iacute;, lo que supimos decepcionados al concluir los cerca de 96 minutos del encuentro. Y era una l&aacute;stima, porque nosotros &iacute;bamos por los goles, pero adem&aacute;s por el ambiente, el intercambio cultural, por ver los rostros y reacciones de otros seres humanos venidos de otras latitudes. &Iacute;bamos por el juego y sus secuelas, sin tener necesariamente un equipo favorito entre estas dos naciones, aunque, como les suger&iacute; a mi familia &mdash;mi esposa tambi&eacute;n nos acompa&ntilde;aba&mdash;, deb&iacute;amos reforzar la uni&oacute;n latinoamericana apoyando a Paraguay. El torneo, el ambiente social estadounidense e incluso la historia as&iacute; lo indicaban, pues el equipo guaran&iacute; hab&iacute;a sido dolorosamente goleado por Estados Unidos 4-1 en su partido inaugural. Ya sabes: uno siempre apoyando a los m&aacute;s d&eacute;biles, como marca la tradici&oacute;n. Irle a los nuestros, claro, dada la vapuleada que nos estaba dando el &ldquo;trumpismo&rdquo; a todo lo que fuera latino, sobre todo a los morenos, dentro y fuera de los United States. En este contexto, entonces, una victoria paraguaya, por m&iacute;nima que fuera, merec&iacute;a celebrarse por encima de los grandes intereses de la Copa Mundial, en un af&aacute;n de promover hermandad, paz y esos nobles sentimientos humanistas que todav&iacute;a nos quedan... Una victoria nuestra, aunque fuese tan ef&iacute;mera como el festejo de un gol, pens&eacute; iluso, pues afuera los intimidantes guardias y fuerzas del orden resguardaban el estadio con poderosas metralletas </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">high tech</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">, gatillo en mano, con una mirada telesc&oacute;pica que daba susto. Adem&aacute;s, para remachar, vest&iacute;an uniformes verde olivo. &iexcl;Qu&eacute; cosa tan extra&ntilde;a!, muy parecidos a los del Servicio de Inmigraci&oacute;n y Control de Aduanas, el tan temido ICE, que yo los ve&iacute;a hasta m&aacute;s rubios y fortachones.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">No obstante, al observar hacia abajo &mdash;est&aacute;bamos apretados en las grader&iacute;as m&aacute;s altas, en asientos diminutos, donde nos alcanz&oacute; el presupuesto&mdash; a esos impresionantes jugadores turcos que hac&iacute;an esfuerzos sobrehumanos por anotar, cuerpos &aacute;giles, torneados, atl&eacute;ticos, modernos gladiadores, sentimos cierto respaldo: todo lo que hac&iacute;an por anotar quedaba en la nada frente a la poderosa defensa paraguaya y su magistral portero de la suerte. S&iacute;, confraternidad, compadecimiento hacia los aficionados otomanos, pues los vimos ilusionados y entusiasmados desde nuestra llegada en el tren ligero que tomamos en el </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Transit Center</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> de la ciudad de Milpitas, enorme estaci&oacute;n de trenes p&uacute;blicos que da servicio a la bah&iacute;a. Ya en ruta, y desde las primeras estaciones, aparec&iacute;an turcos solitarios, en parejas, en peque&ntilde;os grupos, con sus camisetas rojas y blancas estampadas con la media luna y la estrella de su bandera nacional. El impacto se increment&oacute; cuando, desde las ventanillas, llegando a la estaci&oacute;n Great America, contigua al estadio, apreciamos a miles gritando a voz en cuello y en su propio idioma loas a su pa&iacute;s: &ldquo;&iexcl;T&uuml;rkiye, T&uuml;rkiye!&rdquo;. Rodeaban restaurantes, autobuses y &aacute;rboles; inundaban banquetas y explanadas; ondeaban banderitas, en grandes grupos o en manadas, luciendo rostros verdaderamente esperanzados. Mostraban hambre de un urgente y necesitado triunfo, y ah&iacute; es donde nuestro apoyo titube&oacute;, oscilando hacia la solidaridad, mezclada con una fina tristeza si acaso los alcanzara de nuevo la derrota que los eliminar&iacute;a del torneo para siempre. Al bajar del trenecito, tom&eacute; a mi hijo de la mano con una pronta decisi&oacute;n de experto y dirig&iacute; mis pasos hacia el tumulto:</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;&iexcl;Para all&aacute; no es, pap&aacute;; la entrada al estadio es por ac&aacute;! &mdash;grit&oacute;, seguro de mi equivocaci&oacute;n.</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;Lo s&eacute;&hellip; Vengan por aqu&iacute;, s&iacute;ganme &mdash;orden&eacute; a la familia entera&mdash;; vamos a mezclarnos con ellos&hellip; Para que experimenten la pasi&oacute;n que produce un Mundial en las calles y entre los aficionados de verdad &mdash;no supe si les dije.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Avanzamos unos metros hacia el coraz&oacute;n de la masa roja y blanca cuando escuch&eacute; unos gritos:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;Mexican, a Mexican there! &mdash;me esperaban, como si nos llamaran e invitaran a unirnos, al detectar mi camiseta verde estampada con el calendario azteca de nuestra selecci&oacute;n, que, por alg&uacute;n instinto identitario, me puse como un ritual en el estacionamiento de la estaci&oacute;n Milpitas antes de subirnos al tren. Y fue un acierto que provoc&oacute; el intercambio entre pueblos tan distantes:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;My friends are Mexicans; you know how to celebrate! &mdash;me inform&oacute; de sopet&oacute;n un joven turco, resaltando su sorpresa con sus ojos verdes saltones&mdash;. Are you supporting us? &mdash;me pregunt&oacute;, poni&eacute;ndome en aprietos.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Vi&eacute;ndole el rostro expectante, me compadec&iacute; y le ment&iacute; a la descarada:</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;Yes, of course! &iexcl;T&uuml;rkiye, T&uuml;rkiye! &mdash;le respondimos, para luego, de la nada, proponerme:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;Can I take a picture with you?</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iexcl;Claro, nos la tomamos! Y luego, entre todos, saltamos con un grito combinado:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;&iexcl;M&eacute;xico, T&uuml;rkiye! &iexcl;M&eacute;xico, T&uuml;rkiye!</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; II</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Al separarnos no nos dirigimos, como deb&iacute;a ser, hacia los laber&iacute;nticos senderos que llevan a las entradas, sino que nos pusimos a merodear por las postrimer&iacute;as de la mole del estadio y, quiz&aacute; para equilibrar las cosas, a buscar a los simpatizantes paraguayos, que deb&iacute;an aglutinarse en alg&uacute;n lado. &ldquo;Han de ser pocos &mdash;coment&eacute;&mdash;, viniendo desde Sudam&eacute;rica; adem&aacute;s, no se conoce mucha migraci&oacute;n paraguaya a California o a Estados Unidos&rdquo;, a diferencia de los turcos, que parecen haber tomado el Silicon Valley quiz&aacute; por su sapiencia matem&aacute;tica y tecnol&oacute;gica, similar a la de los de la India, que tambi&eacute;n abundan por aqu&iacute;. Afortunadamente, &iexcl;nos equivocamos!: una ola humana de rostros mestizos como el m&iacute;o, otros m&aacute;s emblanquecidos y escasos afrodescendientes, se nos empalm&oacute; como un r&iacute;o que desembocaba en la entrada 1 del Levi&rsquo;s. &ldquo;&iexcl;S&iacute;, ah&iacute; est&aacute;n!&rdquo;, pronunci&oacute; mi hijo, como confirmando: &ldquo;Ya estamos completos; eso es lo que faltaba&rdquo;. Hab&iacute;amos visto a unos tres o cuatro paraguayos m&aacute;s temprano, en nuestro recorrido previo por los alrededores. Entre los solitarios edificios, bloques y cubos llenos de frialdad de las corporaciones tecnol&oacute;gicas y de negocios que dominan el planeta desde aqu&iacute;, descubrimos peque&ntilde;os restaurantes asi&aacute;ticos y mexicanos donde nos topamos con escasos guaran&iacute;es, quienes nos miraban como apenados por la contundente derrota sufrida ante USA. Un cl&iacute;max fue en un complejo hotelero adonde llegaban limusinas, vans y autobuses relucientes; merodeaban periodistas, fot&oacute;grafos y camar&oacute;grafos internacionales junto con aficionados venidos desde Paraguay, api&ntilde;&aacute;ndose en un patio al aire libre donde se instal&oacute; una especie de FIFA Fan Fest. Aqu&iacute; fue el cruce de identidades, los saludos, las nuevas porras de apoyo: a mi hija la tomaron por peruana; a mi esposa, por argentina, quiz&aacute; por los colores y motivos que casualmente portaban en sus ropas, aunque conmigo y con mi hijo no hubo problemas por portar las camisetas aztecas. Aclaradas las cosas en di&aacute;logos r&aacute;pidos, vinieron las fotos y los vivas hacia su pa&iacute;s, pero el gent&iacute;o no igual&oacute; hasta ese momento el tumulto turco.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Sin embargo, r&aacute;pidamente me olvid&eacute; de ambos bandos al captar en mi celular una notificaci&oacute;n esperada desde hac&iacute;a meses, enviada por la omnisciente FIFA: nuestros boletos digitales al fin se activaron, a unas dos horas de abrirse las puertas y a cuatro del inicio del juego. Pude observar en la pantalla del iPhone c&oacute;mo, de repente, aparecieron sendos c&oacute;digos QR listos para ser escaneados, cuando antes eran solo im&aacute;genes borrosas. La activaci&oacute;n fue una preocupaci&oacute;n que me atosigaba desde que adquir&iacute; los boletos, meses atr&aacute;s, en el sitio web de una empresa revendedora asociada &mdash;eso dec&iacute;an&mdash; con la FIFA. Cuando nos enteramos, aquel entonces, de que habr&iacute;a juegos mundialistas en la bah&iacute;a de San Francisco, tambi&eacute;n territorio de los hackers m&aacute;s h&aacute;biles del universo digital, que embaucan sin piedad a inocentes como podr&iacute;a ser yo, gritamos: &ldquo;&iexcl;El Mundial a nuestro alcance!&rdquo;. Convencido, me dispuse a adquirir sin chistar los cuatro boletos m&aacute;s econ&oacute;micos, sin saber exactamente qu&eacute; selecciones nacionales jugar&iacute;an, antes de que aumentaran de precio y los adquirieran solamente esos fif&iacute;s transnacionales que acaparan el boletaje.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Al paso de las semanas, supimos que Paraguay jugar&iacute;a su segundo partido y, posteriormente, confirmando a cada instante que la compra no era fraudulenta, nos enteramos de que enfrentar&iacute;a a Turqu&iacute;a, &uacute;ltima clasificada entre las m&aacute;s de 40 naciones participantes. Not&eacute; que nuestros boletos variaban de precio: desde los 250 d&oacute;lares originales hasta casi mil un d&iacute;a antes del partido. &iexcl;Hasta pens&eacute; en revender los nuestros como experto revendedor!... Pero nos gan&oacute; la cordura y la idea original: ser testigos directos de un acontecimiento deportivo de relevancia global sin importar qui&eacute;n jugara. Porque lo ten&iacute;amos bien claro: nos importaba m&aacute;s el juego, jugara quien jugara, sin exaltar ciegamente las nacionalidades, sabedores de que son constructos sociales que nos imponen. S&iacute;, atestiguar lo que todav&iacute;a conceb&iacute;amos, a la brasile&ntilde;a, ese &ldquo;juego bonito&rdquo; que nos emocion&oacute;, cautiv&oacute; y nos hizo patear balones callejeros con los amigos del barrio de mi ni&ntilde;ez en Hermosillo, M&eacute;xico. &iquest;C&oacute;mo no asistir si ten&iacute;amos un precio relativamente accesible y un majestuoso y moderno coliseo que nos queda a solo una hora y media de casa? &iexcl;Ser&iacute;a una verdadera estupidez no hacerlo! La notificaci&oacute;n confirm&oacute;, adem&aacute;s, que nuestros boletos no eran fraudulentos, pues estaban registrados en el portal de la FIFA; que no hab&iacute;a nada impreso, todo digital, protegido incluso contra capturas de pantalla, para decepci&oacute;n de los hackers. As&iacute; que, luego de unirnos al torrente paraguayo, pasar laberintos y revisiones de seguridad, observ&eacute; una larga hilera de peque&ntilde;os aparatos de alta tecnolog&iacute;a, sofisticados esc&aacute;neres, en los que los boleteros nos indicaron colocar la pantalla del celular con nuestros QR. Al instante se encendieron unas lucecitas verdes y son&oacute; un bip, confirmando que nuestros boletos funcionaron a la perfecci&oacute;n, como si fueran le&iacute;dos por la inteligencia m&aacute;s artificial que existiera, controlada por la FIFA desde qui&eacute;n sabe d&oacute;nde, para sentir nosotros la impresionante realidad de que &iexcl;est&aacute;bamos ya dentro del Levi&rsquo;s Stadium!...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;III</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">No fue sino hasta las m&aacute;s altas grader&iacute;as, con numeraci&oacute;n 400, que captamos el marem&aacute;gnum paraguayo en su esplendor, ese que se eriz&oacute; al caer el &uacute;nico gol. Desde ah&iacute; bajaba la algarab&iacute;a hasta las gradas detr&aacute;s de alguna de las porter&iacute;as, retumbando tambores, porras, enormes mantas, banderas y el temblor humano, cimbrando al resto del p&uacute;blico con la pasi&oacute;n sudamericana por el f&uacute;tbol. El esfuerzo y la insistencia turca por anotar, y la poderosa defensa paraguaya resistiendo incansable, fueron, digamos, la t&oacute;nica del partido, con sus altas y bajas de emociones por ambos bandos, lo que, junto con la pausa del primer tiempo, nos hizo descubrir otro negociazo de la FIFA. Basta anotar que un vaso de cerveza &iexcl;cost&oacute; 26 d&oacute;lares! Aguas, refrescos, botanas antidiet&eacute;ticas y prodiab&eacute;ticas, destacando tacos, burritos, hamburguesas y pizzas, anunciados con llamativos letreros, se expend&iacute;an a precios similares, es decir, estratosf&eacute;ricos, en los pasillos y puestos, jam&aacute;s con vendedores entre las gradas, quiz&aacute; para no trastocar el apretado orden de los asientos. Record&eacute; que un sitio web nos advirti&oacute; sobre las precauciones a tomar: &ldquo;Lleve su propia agua y botanas; adentro le cuestan un brazo y una pierna, </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">cost an arm and a leg</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">, y ponga todo en bolsas de pl&aacute;stico transparentes&rdquo;. As&iacute; lo hicimos en su momento, pero los inhumanos empleados de la entrada nos hicieron vaciar aguas, </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">fried rolls</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> y </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">spring rolls</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> vietnamitas adquiridos afuera, que iban a servir para ahorrar y para soportar la jornada que durar&iacute;a unas cinco horas, hasta la medianoche. Fueron impecables: deb&iacute;amos adquirir &uacute;nicamente lo de adentro, como parte de una inmensa y bien planeada estrategia extractora de billetes en lo que convirtieron el f&uacute;tbol... y nosotros &eacute;ramos las v&iacute;ctimas. Sobre todo durante el medio tiempo, cuando, a pesar de las enormes colas, no pudimos controlarnos y quisimos disfrutar el resto del partido con alg&uacute;n placer gastron&oacute;mico: una cerveza, un refresco en lata y una botellita de agua costaron la friolera de 46 d&oacute;lares, y casi el doble las papas fritas, los </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">chicken nuggets</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> y las quesadillas. Ante los altos precios, expliqu&eacute; como consuelo que el verdadero negocio son las concesiones de transmisi&oacute;n de la televisi&oacute;n al mundo entero; ah&iacute; no son millones, sino billones. A eso tambi&eacute;n contribu&iacute;amos nosotros, pues contratamos el servicio de </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">streaming</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> de Telemundo solamente por el Mundial. No obstante, creo que supimos contenernos, porque no adquirimos nada de la infinita parafernalia oficial ni otros productos futboleros que seduc&iacute;an al m&aacute;ximo. Y eso que no existieron puestos de pantalones vaqueros, camisas y chaquetas Levi&rsquo;s porque no se lleg&oacute; a un acuerdo con la FIFA. Para nuestro asombro, hab&iacute;an sido cubiertos los grandes logos de esta empresa con sede en San Francisco en todas las marquesinas del estadio. Claro, pens&eacute; que hab&iacute;a sido una decisi&oacute;n muy pendeja, pues todos supimos que detr&aacute;s de las lonas y pl&aacute;sticos protectores dec&iacute;a </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Levi&rsquo;s</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> y que quiz&aacute;, por eso, la marca se volvi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s popular. Sin embargo, la taquilla, la venta interna y las transmisiones globales, al parecer, fueron un &eacute;xito, y la prueba m&aacute;s contundente &eacute;ramos nosotros, los miles y miles que est&aacute;bamos ah&iacute;, disfrutando de un gol, uno solo, veloz y repentino. De inmediato enviamos selfies a familiares y contactos en redes, junto con las jugadas claves y el insistir de la pelota empujada tercamente por los turcos, pero sin anotaci&oacute;n alguna, formando tambi&eacute;n parte del entretenimiento. No obstante, me vino cierta lucidez entre el griter&iacute;o y los tumultos, una ef&iacute;mera pero necesaria reflexi&oacute;n, como para tomar conciencia: quiz&aacute; esta ser&iacute;a la &uacute;ltima vez, la &uacute;ltima en gastar en boletos, bebidas, botanas, trenes y estacionamientos, a pesar de nuestro anticonsumismo y nuestra frugalidad econ&oacute;mica. Gastar por &uacute;ltima vez; v&iacute;ctimas ya no m&aacute;s, tan solo para regocijarse, con ojos privilegiados, el cruce de un bal&oacute;n mundialista bajo la porter&iacute;a y lanzar a todo pulm&oacute;n, hermanados con media humanidad, el canto de un gol, uno solo,&nbsp; &iexcl;goooool!, un gol raudo, veloz y solitario, anotado de manera inolvidable por los paraguayos en menos de dos minutos del inicio de todo&hellip;<br />&#8203;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; San Francisco, California, junio-julio de 2026</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Contacte al autor: </span><strong><a href="mailto:manuelmurrieta@orbispress.com"><span style="color:rgb(5, 99, 193)">manuelmurrieta@orbispress.com</span></a></strong></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Web: </span><strong><a href="https://manuelmurrietasaldivar.com/index.php"><span style="color:rgb(5, 99, 193)">https://manuelmurrietasaldivar.com/index.php</span></a></strong></span></div>  <div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/mundial2_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[CARACAS, CRÓNICA DEL RECIÉN LLEGADO]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/caracas-cronica-del-recien-llegado]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/caracas-cronica-del-recien-llegado#comments]]></comments><pubDate>Wed, 14 Jan 2026 21:21:57 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/caracas-cronica-del-recien-llegado</guid><description><![CDATA[    Imagen: Panorámica de la ciudad (junio de 2013). (De la colección personal del autor).    Poecr&oacute;nicasCARACAS, ANTES DEL BOMBARDEO...En 2013 visitamos Caracas para atestiguar las transformaciones del chavismo evitando los filtros de los "mass media" de USA y M&eacute;xico. No hay como ser testigo directo de los hechos. La cr&oacute;nica que escribimos en ese entonces y las fotos cobran de nuevo vigencia ante la captura del presidente Nicol&aacute;s Maduro y su esposa por parte de fue [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/caracaspanorama_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Panor&aacute;mica de la ciudad (junio de 2013). (De la colecci&oacute;n personal del autor). </div> </div></div>  <div class="paragraph" style="text-align:center;"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Poecr&oacute;nicas</span></span><br /><span></span><br /><strong><span><font color="#2a2a2a" size="4">CARACAS, ANTES DEL BOMBARDEO...</font></span></strong><br /><span></span><span><font color="#2a2a2a">En 2013 visitamos Caracas para atestiguar las transformaciones del chavismo evitando los filtros de los "mass media" de USA y M&eacute;xico. No hay como ser testigo directo de los hechos. La cr&oacute;nica que escribimos en ese entonces y las fotos cobran de nuevo vigencia ante la captura del presidente Nicol&aacute;s Maduro y su esposa por parte de fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero de 2026. Incluso pronosticamos en aquel entonces la necesidad de observar los cambios que se daban en Venezuela, antes, precisamente, de que sucediera una posible invasi&oacute;n norteamericana. A continuaci&oacute;n reproducimos la cr&oacute;nica, larga por el impacto de la emoci&oacute;n y las fotos de aquel memorable viaje&hellip;</font></span><br /><span></span></div>  <div class="paragraph"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</span></span><br /><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">CARACAS, Venezuela. Las despampanantes misses rubias, frescas, ojiazules que engalanan la Primera Feria Internacional del Chocolate de Venezuela, conviven ahora con sus similares mulatas, mestizas o nativas, como lo es la mayor&iacute;a de la&nbsp; audiencia.&nbsp; Resignadas, se adaptan al arco&iacute;ris racial como supongo no lo era tanto en &eacute;pocas pre-chavistas &nbsp;ni lo proyectaba al mundo su antigua televisi&oacute;n. Si antes estas bellezas de origen europeo, impuestas como modelo universal--y que sigue dando triunfos a los venezolanos&mdash;invisibilizaba a todo lo dem&aacute;s, ahora se mueven en igualdad entre los otros tipos de la est&eacute;tica femenina que siempre han existido en esta sociedad mayoritariamente afrodescendiente y mestiza. &nbsp;Precisamente, una se&ntilde;ora mulata me lo confirma al ir charlando entre las salas de exhibici&oacute;n del teatro Teresa Carre&ntilde;o: &ldquo;nunca se hab&iacute;an organizado ferias de este tipo, enormes, para todo el pueblo, gratuitas y rescatando nuestras ra&iacute;ces nativas y variedad de grupos y costumbres. Se lo debemos a Ch&aacute;vez&rdquo;, confiesa orgullosa y &nbsp;sin tapujos, sin nadie preguntarle ni rebatirle. &nbsp;En tanto, las chicas rubias se muestran dispuestas, accesibles, sonrientes a cualquiera que se acerque quiz&aacute; sin conocer, por ser casi adolescentes, &nbsp;el pasado de racismo, discriminaci&oacute;n &nbsp;y ocultamiento contra toda esa masa multicolor que nos rodea.&nbsp; Han comprendido al fin, espero, que lo suyo no es lo &uacute;nico que existe&nbsp; ni lo que debe imponerse a los dem&aacute;s como modelo. &nbsp;Parecen reconocer, como siempre lo hab&iacute;a sido, que son minor&iacute;a y que antes solo acaparaban&nbsp; los reflectores en favor de una est&eacute;tica, una visi&oacute;n del mundo, dominante.&nbsp; Yo sigo mi recorrido entre los distintos locales que exhiben la variedad de productos derivados del cacao venezolano, el mejor del mundo, proclaman, debido a las &oacute;ptimas condiciones para producirlo aqu&iacute;.&nbsp; Una de las misiones es rescatarlo para llevar a Venezuela como productor mundial, me informan, mientras encuentro otro espacio para la reflexi&oacute;n. Pero antes una edec&aacute;n morena me acerca una muestra del ron nacional, en su puesto repleto, orgullosa de presentarlo tambi&eacute;n como uno de los mejores; algo tendr&aacute; de verdad, porque me lo tomo de un sorbo, me resulta sabros&oacute;n y adem&aacute;s le solicito otro para llevar.&nbsp; &nbsp;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">S&iacute;, dec&iacute;a que voy reflexionando que apenas llevo menos de 24 horas en Caracas y ya confirmo, pasmado, &nbsp;que no han brotado intensos, grandilocuentes, apasionados debates pol&iacute;ticos &nbsp;de un pa&iacute;s dividido, como me lo hab&iacute;an advertido con temor antes de mi salida&hellip;tener cuidado con tus palabras y tus s&iacute;mbolos,&nbsp; no expresar abiertamente tu inclinaci&oacute;n, saber con qui&eacute;n o c&oacute;mo hacerlo. &nbsp;Pero al contrario, lo que he encontrado es una ciudad en febril movimiento, masas activas, &nbsp;ocupad&iacute;simas estaciones de metro, vagones atestados, personas energ&eacute;ticas, ingeniosas, que tambi&eacute;n invaden, m&aacute;s que en la ciudad de M&eacute;xico, &nbsp;banquetas, aceras, esquinas ofertando informalmente productos y servicios, sin mencionar ni un &aacute;pice el debate ideol&oacute;gico.&nbsp; Es una &nbsp;intensa actividad cotidiana de un pueblo al que no observo triste, sino contento, aunque cansado por el traj&iacute;n normal de la vida urbana, como en cualquier metr&oacute;poli. Incluso, se ven felices, s&iacute;, est&aacute;n felices, hasta cuando algunos discuten, a veces con seriedad, de la pol&iacute;tica reconociendo con humor chabacano al pensamiento del contrario.&nbsp;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">II</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Vaya, las discusiones ideol&oacute;gicas que dividen al pa&iacute;s, ni siquiera brotaron cuando las condiciones estaban dadas y podr&iacute;a haber ocurrido, ya por exagerar, hasta una especie de guerra civil, quiz&aacute; iniciada por m&iacute;. &nbsp;La noche anterior, al ingresar al casco urbano proveniente del aeropuerto, sufr&iacute; el embotellamiento de tr&aacute;fico&nbsp;m&aacute;s horroroso, a la altura de la Plaza Venezuela rumbo a la avenida Casanova.&nbsp; Para mi gusto, era para desquiciar a cualquiera y buscar culpables inmediatos, de c&oacute;mo y por qu&eacute; un gobierno lleva a su poblaci&oacute;n a experimentar todos los d&iacute;as, esos apretujones y retrasos que producen psic&oacute;patas, vida de ratones atrapados por el smog y el ruidajo de las m&aacute;quinas rodantes de todo tipo. Era tal el tap&oacute;n, &ldquo;la cola&rdquo;, el embotellamiento, que en varias ocasiones observ&eacute; con miedo c&oacute;mo se nos ven&iacute;an, con separaci&oacute;n de mil&iacute;metros, las &aacute;giles y enloquecidas motos, en grupos de tres, en parejas y solitarias.&nbsp; No solo eso, observaba, con cierto p&aacute;nico, las placas, los radiadores, &nbsp;las defensas delanteras de autos y camiones c&oacute;mo &nbsp;lentamente se pegaban a las ventanillas de mi taxi con la descarada intenci&oacute;n de desplazarlo para abrirse camino. &nbsp;Pero no hab&iacute;a histeria, enojo, rabietas, sino m&aacute;s bien, un dejo de costumbre, de resignaci&oacute;n, de que esto es as&iacute;, el precio de vivir en la gran capital.&nbsp; &ldquo;Es el tr&aacute;fico de las 5 a las 8, as&iacute; es a diario, pero ahora un poco m&aacute;s porque es viernes y adem&aacute;s es d&iacute;a de pago&rdquo;, confes&oacute; &nbsp;tranquilo, con paciencia de faquir, el taxista sin culpar ni acusar a nadie.&nbsp; Fue admirable su autocontrol y capacidad de adaptaci&oacute;n--sobrevive la especie aquella que mejor se adapte, no la m&aacute;s fuerte o superior, record&eacute; a Darwin&mdash;mientras, rodeados de acero, de humo y neum&aacute;ticos lentos, avanz&aacute;bamos quiz&aacute; a raz&oacute;n de &nbsp;un kil&oacute;metro por hora!&nbsp; Ni de &eacute;l ni de nadie, sino de m&iacute;, fue que surgi&oacute; la idea de una discusi&oacute;n pol&iacute;tica de por qu&eacute; ninguna autoridad, del bando que fuese, ha puesto soluci&oacute;n al problema que parece ya cr&oacute;nico. &ldquo;Bueno, se ha hablado de proyectos, pero no pasa de ah&iacute;&rdquo;, alcanz&oacute; a balbucear, pero luego se concentr&oacute; al volante y sigui&oacute; esquivando preocupado m&aacute;s en llegar a nuestro destino que inmiscuirse en una discusi&oacute;n improductiva.</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Existe, pues, una vida cotidiana, un tren rutinario, una entereza por vivir con todos los placeres, incomodidades, ventajas y desventajas que ofrece esta sociedad cuya mitad y un poquito m&aacute;s, seg&uacute;n las elecciones, se ha propuesto hacer cambios radicales como no hab&iacute;a sucedido en su historia. Y en esta cotidianidad, aparece espor&aacute;dicamente, pero no como centro, las discusiones pol&iacute;ticas, son simplemente parte del panorama social de todos los d&iacute;as. &nbsp;Por eso el taxista, sin nunca debatir, me ayuda con paciencia a cargar equipaje desde su taxi al hotel, &nbsp;sensiblemente preocupado m&aacute;s por la seguridad de la clientela, ni me abandona r&aacute;pido ni hist&eacute;rico a pesar de las dos o tres horas de m&aacute;s que represent&oacute; nuestro trayecto. &nbsp;Lo mismo sucede en el hotelito: sin mediar el tema pol&iacute;tico, el recepcionista solo alcanza a comentarme, una vez enterado de mi origen mexicano fronterizo, que la reforma migratoria avanza en USA para luego confesarme que no hay internet en las habitaciones.&nbsp; Luego ofrece opciones, como usar el cable del lobby directo a la lap top&hellip;aprendida la lecci&oacute;n, yo tambi&eacute;n evito preguntar los por qu&eacute;s y aprendemos a adaptarnos para continuar con nuestra vida y labor, todo, de nuevo, tan tranquilo, sin surgir ning&uacute;n debate ni culpar a nadie.</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Ya instalado sobre la avenida Casanova, contin&uacute;a el embotellamiento pasadas las ocho de la noche. Siguen los cl&aacute;xones a todo lo que dan, el rugido de motores, los buses p&uacute;blicos atestados, &nbsp;los escapes de las motocicletas, pero ahora m&aacute;s fluido, se&ntilde;a de que pronto acabar&aacute;.&nbsp; La diferencia es que ahora observo el grandioso tr&aacute;fico desde el puesto de arepas abierto las 24 horas hacia donde llegan, al igual que yo, cuerpos exhaustos que han sobrevivido a la jornada. Ah&iacute; matan el tiempo haciendo llamadas, tomando una malta o jugo de guan&aacute;bana, o simplemente sentados viendo el panorama y, claro, devorando arepas felices de encontrar ah&iacute; un oasis para consumir el platillo nacional.&nbsp; Es aqu&iacute; que escucho las primeras risas de peatones, las pl&aacute;ticas familiares, los pasos sobre banquetas y observo sus facciones cansadas pero todos gustosos por estar llegando ya a su destino.&nbsp; Desde esta esquina, consumida &nbsp;mi primera arepa&mdash;gigante, de carne deshebrada-- intento ya sin prisas pero con ansiedad darle cara al tr&aacute;fico, no para llegar a otra parte, sino para superar el miedo de enfrentar a los venezolanos, chavistas y no chavistas.&nbsp; Pienso en aventarme de una vez, sin esperar m&aacute;s, recorrerlos, meterme en sus mundos, eliminar el temor hacia esta sociedad aparentemente dividida por las dos ideolog&iacute;as que vienen moviendo al mundo.&nbsp; La oscuridad de la avenida, la actividad del negocio informal, los vendedores de chicles y cigarrillos, los puestecitos de todo, los alcoh&oacute;licos bajo umbrales de edificios, parecen ya no ser obst&aacute;culo para m&iacute;.&nbsp; Y, sin dudarlo m&aacute;s, me lanzo hacia ellos haciendo la inmersi&oacute;n total perdiendo el temor de la primera vez. &nbsp;As&iacute;, dejo que la noche me lleve, voy detr&aacute;s y entre la multitud, doy vuelta en otra esquina, ahora muchos son devorados por la estaci&oacute;n de un metro, ingreso a una plaza y se me viene la luz.&nbsp; Se abre un largo corredor en cuyos lados proliferan, estilo zona rosa del DF,&nbsp; restaurantitos, abarrotes, tiendillas, aunque no hay boutiques de objetos sexuales; tambi&eacute;n surgen los hombres estatuas, los dibujantes de aerosol con su s&eacute;quito de &nbsp;curiosos que no consumen,&nbsp; monumentos a trabajadores petroleros y juegos infantiles.&nbsp; Muchos llegan hacia un concierto de rock en vivo con m&uacute;sica melosa que despierta el coraz&oacute;n de las fans, sus gritos y hace, a su vez, mover mis piernas como indicando: est&aacute;s en zona segura, no hay &nbsp;ladrones ni pugnas pol&iacute;ticas que temer, nadie te puede victimizar, as&iacute; que int&eacute;grate al ambiente.&nbsp; Ya con seguridad, concluyo el recorrido, localizo incluso los atajos, sin importarme los trayectos oscuros, los amontonamientos de basura y me dirijo al hotelillo rodeado de una tranquila soledad, quiz&aacute; la de la satisfacci&oacute;n, por haber dominado el terror de lo nuevo, &nbsp;listo para un amanecer caraque&ntilde;o que ya no ser&aacute; de angustia sino de felicidad...</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">III</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Definitivamente, la ma&ntilde;ana es de felicidad.&nbsp; Es entender que el caos aparente del tumultuoso metro es f&aacute;cil de dominar, &nbsp;revela de inmediato su misterio, como ya lo han hecho antes los metros parisinos o madrile&ntilde;os. Este es de rieles, de vagones anchos, robustos, dir&iacute;amos toscos, pero muy resistentes y de gran capacidad.&nbsp;&nbsp; Y ahora, pues, ya aprendo c&oacute;mo dirigirme desde la terminal Plaza Venezuela a la del Capitolio, s&eacute; que saldr&eacute; en estampida para comprobar que, en efecto, es inevitable, la pol&iacute;tica est&aacute; presente con sus dos visiones encontradas. &nbsp;Al salir del metro, me entero que dos sendas marchas estudiantiles se sucededer&aacute;n simult&aacute;neamente en dos &aacute;reas distintas de Caracas: la chavista celebrando el incremento de la matr&iacute;cula y la apertura de m&aacute;s centros de educaci&oacute;n superior populares, y m&aacute;s all&aacute; la de las llamadas universidades&nbsp;&nbsp; aut&oacute;nomas que exigen mejoras salariales y la no intervenci&oacute;n estatal.&nbsp; Pero lo que tambi&eacute;n me hace feliz es haber confirmado que, en efecto, he sido acreditado por el gobierno bolivariano de Venezuela como enviado especial y que mi credencial est&aacute; lista. Tenerla implica recibir &nbsp;informaci&oacute;n privilegiada, acceso a actos oficiales, lugares de recreo y de turismo y un sin n&uacute;mero de beneficios que solamente sabe el que labora en el llamado cuarto poder.</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Es verdad, &nbsp;las puertas se abren, literalmente, cuando me dirijo al departamento correspondiente, el de Comunicaci&oacute;n y la Informaci&oacute;n, ubicado en un enorme edificio tipo rascacielos al centro de Caracas. Sin importar que fuese s&aacute;bado, se labora ah&iacute;, en el piso 9, con toda intensidad: el guardia recepcionista que me recibe no esconde su chavismo al portar la &nbsp;chillante chamarra de la bandera venezolana que pusiera de moda el comandante. Luego de consultar la computadora, algo localiza de m&iacute;, hace unas llamadas hasta que en cuesti&oacute;n de &nbsp;minutos otro eficiente empleado aparece sin tanto rodeo: &iexcl;ya trae mi gafete!... con todo y foto y broche, listo para prenderlo en mi camisa. &nbsp;Satisfecho, abandono el edificio con la credencial &nbsp;&nbsp;sobre el pecho, con la sensaci&oacute;n de estar protegido por todo el aparato estatal, por esos guardias armados que comienzo a ver en las calles, que se muestran amables, pero est&aacute;n ah&iacute; para resguardar la marcha y evitar&nbsp; enfrentamientos.</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Sin embargo, asombrosamente, como si uno se transportara a otro sector de la ciudad, la vida fluye normal a los alrededores aunque con la sensaci&oacute;n de las marchas en la cabeza. Y ah&iacute; &nbsp;est&aacute;n de nuevo, sin desconcentrarse ni disviarse, luchando por sus goces y superando frustraciones, en torno a la estaci&oacute;n Capitolio, el desfile de hombres y mujeres con su trajinar, su trabajar&hellip; los puestos de pizzas gigantes, los negociantes de oro, los carritos de jugos naturales, los puestos de peri&oacute;dicos, familias enteras cargando compras, los cibercaf&eacute;s, los mercaditos vendiendo toda la parafernalia chavista, las helader&iacute;as, los centros de telefon&iacute;a celular mientras la sensaci&oacute;n de las marchas impregna el aire del centro caraque&ntilde;o.&nbsp;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">En la espera, aprovecho para adaptarme un poco m&aacute;s, intentar activar mis celulares con chips locales, para mayor comunicaci&oacute;n de todo tipo. La dependienta de un negocio atestado los revisa, me indica que es imposible, que hay que desbloquearlos y r&aacute;pidamente, como en asociaci&oacute;n, me instruye acudir a un puesto especializado ubicado ah&iacute; cerca. &nbsp;Estoy ingresando, de nuevo, a otro submundo venido a m&iacute; sin buscarlo pero con los beneficios que implica para mi pobre econom&iacute;a dolarizada. Ayer fue en el aeropuerto, cuando, como turista ingenuo y decente, acud&iacute; a la casa de cambio y, tras un largo tr&aacute;mite que requiri&oacute; pasaporte, reconteo de los billetes verdes, recib&iacute; los bol&iacute;vares a 6.30 por d&oacute;lar, porque &ldquo;no se aceptan d&oacute;lares, solo bol&iacute;vares&rdquo; en todas partes.&nbsp; Satisfecho de mi primer logro, ante de salir al torrente caraquense, ah&iacute; mismo acud&iacute; al restaurante para un buen almuerzo, pero durante el consumo, gracias a la simpat&iacute;a de Juan, el mesero regordete, me revel&oacute; lo inconcebile: el mercado negro, &ldquo;con mi primo, si quieres le llamo, cu&aacute;nto quieres, te los da a 24 bol&iacute;vares por d&oacute;lar, y aqu&iacute; mismo lo hacemos&rdquo;&hellip;&iexcl;cuatro&nbsp;veces mejor que la casa de cambio!... Era para tentar a cualquiera, como la chica de la mesa de enseguida, tan formal y seguidora de reglas, que tambi&eacute;n quiso entrarle luego de que brotara la confianza.</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Pero ahora estoy aqu&iacute;, con el hacker mejor recomendado del centro de Caracas, penetro en su bunker, aseguran la puerta, me atienden dos asistentes sin &eacute;l dar la cara y, tras los acuerdos, me reportan que es cosa f&aacute;cil. &nbsp;El deseo de cargar mi tel&eacute;fono m&oacute;vil por toda esta regi&oacute;n para llamadas, navegar en internet, actualizar status en redes sociales y lo que se presente, me hace tener una paciencia de dos horas mientras escucho, no sin cierta tristeza, c&oacute;mo los ritmos, gritos y tambores de las marchas estudiantiles retumban sobre las paredes de edificios.&nbsp; En efecto, me las estoy perdiendo, pero todos aqu&iacute;, en el peque&ntilde;o pero vibrante centro comercial, seguimos con nuestra porci&oacute;n de vida, luchando por satisfacer nuestras necesidades e intereses. &nbsp;Hasta que el hacker, desesperado y decepcionado de s&iacute; mismo, por fin da la cara pero solo para revelar que algo va mal, que ayer desbloque&oacute; r&aacute;pido otros dos de mi mismo modelo, pero que el m&iacute;o es dif&iacute;cil, se resiste, tiene muchos candados y no registra la banda y sabe qu&eacute; cosas m&aacute;s.&nbsp; &ldquo;Har&eacute; un &uacute;ltimo intento&rdquo;, dice sin yo creerle un &aacute;pice y que no va a poder, porque en ese momento, a la altura de las 3 de la tarde de ese s&aacute;bado, aparece la esposa con sus hijos, la pizza tama&ntilde;o familiar, el refresco gigante para luego escuchar lo sospechado: &ldquo;No puedo desbloquearlo, intentaremos el lunes&rdquo;, sin nadie mencionar que las marchas de estudiantes chavistas y antichavistas suceden all&aacute; afuera.&nbsp;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">IV</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Y sin embargo suceden&hellip;los restos de una gran movilizaci&oacute;n, de miles, yacen en la explanada de la gran plaza Caracas y otras aleda&ntilde;as, de que hubo v&iacute;tores, consignas solidarias, movimiento de banderas rojas y tricolores.&nbsp; A&uacute;n me toca ver grupos de estudiantes de las nuevas universidades, alrededor de 60, creadas desde el chavismo expresando con orgullo que se les ha ense&ntilde;ado el origen de su piel morena, el esclavismo colonial, las independencias bolivarianas, la identidad profunda y &ldquo;el amor a la patria que nos inculc&oacute; Ch&aacute;vez y que nunca nadie lo hab&iacute;a hecho&rdquo;. &nbsp;&nbsp;Ante mi obvia simpat&iacute;a, hasta me ofrecen, como si fuera uno m&aacute;s de ellos, s&aacute;ndwiches bien surtidos que por centenas se repartieron entre los estudiantes. Y luego ocurre la &uacute;ltima dispersi&oacute;n, es decir, la r&aacute;pida reintegraci&oacute;n a la actividad rutinaria cumplida ya la misi&oacute;n marchista.&nbsp; Vuelve el juego de domin&oacute; en las banquetas con un trago de ron; el concierto en la Plaza Bol&iacute;var de la Banda Marcial Caracas, con dos piezas de estreno de tinte nacionalista, &ldquo;porque estamos en revoluci&oacute;n&rdquo;; &nbsp;contin&uacute;a la celebraci&oacute;n de un aniversario m&aacute;s de la marina venezolana con sus j&oacute;venes de estricto uniforme de gala; el recorrido del embajador de Surinam por los puestos de chocolate.&nbsp; Todo siempre, rodeado de un p&uacute;blico diverso al aire libre, sin tanta etiqueta, en eventos gratuitos, donde las bellezas de varias razas, no solo la de corte euroc&eacute;ntrico, acaban por confirmarme que, a pesar de las divisiones ideol&oacute;gicas, los caraque&ntilde;os han sabido sobrellevar su vida diaria.&nbsp; La divisi&oacute;n flota en el aire, s&iacute;, pero la saben sostener luchando primero por la existencia, por el trabajo, sin enfrentarse a cada instante o a la menor provocaci&oacute;n, no existe siempre ese impulso por demostrar cu&aacute;l visi&oacute;n del mundo es la mejor.&nbsp;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Si la consigna es &ldquo;Ch&aacute;vez vive, la lucha sigue&rdquo;, dir&iacute;amos entonces que la divisi&oacute;n vive, pero la vida sigue, sigue como prioridad, independientemente de la forma de pensar.&nbsp; En el traj&iacute;n diario, pues, no todo es chavismo vs. caprilismo, &ldquo;socialismo del siglo XXI&rdquo; vs. &ldquo;capitalismo piti-yanqui&rdquo;.&nbsp; Y, por si faltara, los caraque&ntilde;os hasta se la gozan, lo saben hacer muy bien, entre los placeres que da la arepa, los enormes men&uacute;s restauranteros, sus &ldquo;shopping centers&rdquo; estilo USA &nbsp;como el de Sabana Grande o El Cachao; disfrutan al m&aacute;ximo y de seguido espect&aacute;culos en plazas, parques urbanos, el mejor caf&eacute; y cacao y sus cervezas, c&oacute;nchale!, como la de marca Zulia, la de botellita verde, la mejor, mientras me alisto para subir al telef&eacute;rico, el segundo m&aacute;s seguro del mundo, ese de 8 kil&oacute;metros de largo que te lleva al cielo pero sin abandonar Caracas que la tienes entera bajo tus pies, rodeada de selva y picos de monta&ntilde;as, ah&iacute; est&aacute;, entera y completa, preciosa, a lo lejos, sin divisiones ideol&oacute;gicas&hellip;</span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ***</span></span><br /><br /><span></span></div>  <div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/metrrocaracas_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Metro de Caracas (junio de 2013). (De la colecci&oacute;n personal del autor). </div> </div></div>  <div class="paragraph"><span><span style="color:rgb(8, 8, 9)"><a href="https://www.facebook.com/media/set/?set=a.669073786454627&amp;type=3" target="_blank">Galer&iacute;a de fotos</a> tomadas por el autor en este enlace, Caracas junio 2013:</span></span></div>  <div><div style="height:20px;overflow:hidden"></div> <div id='556556132717267414-slideshow'></div> <div style="height:20px;overflow:hidden"></div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a"><a href="https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/caracas-cronica-del-recien-llegado.html" target="_blank">Texto en Poecr&oacute;nicas:</a></font></strong></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Bombardero de Serie Mundial]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/bombardero-de-serie-mundial]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/bombardero-de-serie-mundial#comments]]></comments><pubDate>Wed, 06 Nov 2024 13:10:33 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/bombardero-de-serie-mundial</guid><description><![CDATA[    Entrada al estadio del equipo de béisbol Diamondbacks, Phoenix, Arizona. (Crédito de fotografía: Douglas - stock.adobe.com).    Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varPor cortes&iacute;a de:&nbsp;https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/bombardero-serie-mundial.htmlLa oportunidad lleg&oacute; a mi casa al centro de Phoenix, muy cercana al estadio y aleda&ntilde;a a la historia, as&iacute;, como si me llamaran:--&iexcl;Ven, ac&eacute;rcate, ac&aacute; te espera la posteridad!Porque se tr [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/bombardero-serie-mundial_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Entrada al estadio del equipo de b&eacute;isbol Diamondbacks, Phoenix, Arizona. (Cr&eacute;dito de fotograf&iacute;a: Douglas - stock.adobe.com). </div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><strong><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Por cortes&iacute;a de:&nbsp;</span></strong><br /><a href="https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/bombardero-serie-mundial.html" target="_blank">https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/bombardero-serie-mundial.html</a><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">La oportunidad lleg&oacute; a mi casa al centro de Phoenix, muy cercana al estadio y aleda&ntilde;a a la historia, as&iacute;, como si me llamaran:</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">--&iexcl;Ven, ac&eacute;rcate, ac&aacute; te espera la posteridad!</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Porque se trataba del juego, no de un juego, al que hab&iacute;a que asistir aunque fuese por obligaci&oacute;n. No era tanto presenciar el movimiento de bates y pelotas en el s&eacute;ptimo partido de esa &ldquo;serie mundial&rdquo;, no. Era m&aacute;s bien rodear el escenario del estadio de los Diamonds Back, listo para ser techado en autom&aacute;tico, y de esta manera evitar que se paralizara la locura en caso de una lluvia de monz&oacute;n.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">2</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Llegar me fue f&aacute;cil, bast&oacute; tomar la decisi&oacute;n y enfundarme unos shorts, tenis y nada de sillas portables, cachuchas o vasos contenedores. Al caminar sobre la Central Ave rumbo al sur, iba reflexionando lo que zumbaba en el ambiente: Phoenix era el centro del universo norteamericano y beisbolero todo&hellip;entonces tem&iacute; en un posible atentado relacionado con aquel fat&iacute;dico September 11, pensamiento nada gratuito: los talibanes sab&iacute;an que los yanquis de Nueva York estar&iacute;an aqu&iacute;, y no s&oacute;lo los beisbolistas, sino tambi&eacute;n aficionados provenientes de Manhattan con todo y alcalde Rudy Giuliani experto ya en resolver tragedias urbanas inesperadas. &hellip;.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">3</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Otros pensar&iacute;an y temieron lo mismo porque, al instante de iniciar la ceremonia de inauguraci&oacute;n del trascendental partido beisbolero, sobre nuestras cabezas sentimos un enorme monstruo alado: era el bombardero B-2, negra manta raya de los cielos, acabando de llegar del Medio Oriente donde hab&iacute;a desovado sus huevos hechos bomba, como se supo despu&eacute;s, es decir, sus descargas &ldquo;destalibanizadoras&rdquo;. Y ahora estaba ah&iacute;, en el cielo sonrosado del desierto, erizando los pensamientos m&aacute;s l&iacute;mpidos mientras surcaba la metr&oacute;poli de moda: la nave se asom&oacute; por el hueco del estadio con sus repletas grader&iacute;as y desapareci&oacute; como Ovni viejo hacia el oeste buscando quiz&aacute; otra recarga mort&iacute;fera.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El susto se me fue diluyendo cuando sent&iacute; unirme al gent&iacute;o, ya iba por la calle Van Buren y la Seven Street, empujado hacia el centro de la acci&oacute;n. Pero volv&iacute; a aterrarme al descubrir dentro de los gigantescos garajes p&uacute;blicos un completo y eficiente arsenal b&eacute;lico: minitanques antimotines, caballerizas como de conquistadores romanos o espa&ntilde;oles y param&eacute;dicos en s&uacute;per ambulancias. &iexcl;Ah!, y un ej&eacute;rcito armado para erradicar a cualquier &ldquo;bin Laden&rdquo; que osara romper el orden del &uacute;ltimo juego definidor del campeonato... Sin embargo, not&eacute; que ese cuerpo de seguridad se miraba cort&eacute;s y hasta simp&aacute;tico, como si estuviera de adorno y no fuese capaz de aniquilar hasta diez veces a cualquier enemigo, estuviese donde estuviese en cualquier rinc&oacute;n del mundo. La seguridad se justificaba tambi&eacute;n&mdash;reflexion&eacute;&mdash;porque no se sabe c&oacute;mo van a reaccionar los arizonenses al ser esta su primera final de la &ldquo;World Series&rdquo;&mdash;&iquest;por qu&eacute; se empe&ntilde;an en llamarle as&iacute; si s&oacute;lo juegan entre ellos?... Bien podr&iacute;a haber derrumbamiento de postes e incendios de autos, destrozos de vidrieras producto de la alegr&iacute;a de salir campeones, o rompimiento de mesas, sillas de los bares, quebradero de sem&aacute;foros, asaltos a negocios a causa de la ira si acaso suced&iacute;a la derrota. &iquest;C&oacute;mo iban a responder?...nadie de cierto lo sab&iacute;amos, nunca hab&iacute;an llegado los Diamondbacks hasta esta instancia de una final&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">4</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Lo primero que busqu&eacute; para captar lo verdaderamente hist&oacute;rico fue el epicentro: el pasto diamantino de donde emana el juego. Observ&eacute; desde afuera del estadio ese c&eacute;sped fresquecito, alumbrado por las enormes torres de iluminaci&oacute;n y las luces coloridas de las pizarras, todo pareciendo surgir desde una gran alberca, novedad que apenas entend&iacute;: &iquest;una piscina adentro de un estadio? Me impact&eacute; al ver ondeando con magnificencia la bandera de las barras y estrellas, violada el 11 de septiembre, movi&eacute;ndose al un&iacute;sono con los ritmos humanos de las gradas. Porque al interior ya estar&iacute;an los personajes de importancia, esos privilegiados sentados detr&aacute;s del c&aacute;tcher con boletos cotizados hasta en diez mil d&oacute;lares y tambi&eacute;n, por supuesto, los dem&aacute;s, todos los miles de butacas sobrantes. Pero lo &uacute;nico que pude apreciar a trav&eacute;s de los ventanales e intersticios, entre fuerzas policiales y gruesas barreras de concreto, fueron las altas estructuras que arman el estadio Ball Park. Y all&aacute;, con cierta nobleza, un vaiv&eacute;n chillante de pa&ntilde;uelos blancos movidos por caras amorfas, igualadas en colores, como si los diversos colores de la piel no existiesen y todo se uniformara por efecto de la distancia...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">5</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">La otra opci&oacute;n fue mirar afuera lo mismo que suced&iacute;a all&aacute; adentro: todo en unas gigantescas pantallas de TV gratuitas, unas cuatro colocadas estrat&eacute;gicamente en el exterior. Una maravilla puesto que adem&aacute;s me di un intenso ba&ntilde;o de pueblo anglosaj&oacute;n, rociado con gotas de gente hispana, un roc&iacute;o afro, nativo americano y asi&aacute;tico. Porque todos ya estaban pegados como insectos a esas pantallas, y as&iacute; lo empezar&iacute;a a hacer yo, chupando luz, hipnotizado por esas im&aacute;genes del rey de los deportes que recorr&iacute;an el mundo despu&eacute;s de los gritos humanos provenientes del interior. En efecto, la &uacute;nica ventaja y se&ntilde;a que me convert&iacute;a en un ser especial (despu&eacute;s de los aficionados con boleto pagado), era escuchar simult&aacute;neamente, en vivo y en directo, los rugidos de las gargantas que se escapaban estramb&oacute;ticos por el techo, &iexcl;aaahhh, eeeh, wooow!, a cada ponche ha logrado por un tal Curt Schilling o un espor&aacute;dico hit del dominicano Danny Bautista. Porque eran aullidos calientitos, sin filtros de ning&uacute;n tipo, vibrantes como v&iacute;boras de cascabel. Luego observaba en esos enormes monitores de TV, como privilegiado de segunda clase, la misma jugada que hab&iacute;a provocado aquellos alaridos venidos desde adentro, mezcl&aacute;ndose con el griter&iacute;o de afuera rode&aacute;ndome sin remedio. Y eso era todo. Estar pues en las explanadas del Ballpark era similar a lo que suced&iacute;a en cualquier sportbar, restaurante, patio o sala casera, con y sin cerveza; la diferencia era sentir estar como en una gran cantina p&uacute;blica, cheves budlight infinitas, o en un cine al aire libre como los de antes. Otro plato fuerte era tener siempre la sensaci&oacute;n de poder atrapar una pelota bateada por cualquier jugador ligamayorista de verdad y desde adentro, de jonr&oacute;n o de faul!.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">6</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iquest;Qu&eacute; hacer entonces para llegar hasta el noveno inning de la historia? Hubiese sido est&uacute;pido no asistir, viviendo tan cerca, me autoconvenc&iacute;, para despu&eacute;s seguir recorriendo los grupos y localizar las mejores vistas. As&iacute;, pude descubrir lo indescifrable: fan&aacute;ticos yanquis que no alcanzaron boleto y que en silencio festejaban, marginados, las jugadas neoyorkinas con leves chillidos de rat&oacute;n rodeados por sus contrarios, verdaderas culebras del desierto. Vi bares atestados con inmensas colas de parroquianos queriendo ingresar sostenidos en pie con la remota esperanza de que alguien desocupara una mesa, &iexcl;en pleno juego! Me pregunt&eacute; qui&eacute;nes financiaban esas enormes pantallas que entre inning e inning fomentaban el consumo, un consumo que se saciaba de inmediato en los puestos de todo&mdash;hot dogs, souvenirs, bebidas&mdash;y que me ten&iacute;an bien rodeado. Pens&eacute; en por qu&eacute; no me topaba con alg&uacute;n conocido habiendo tanta gente, sobre todo gente extra&ntilde;a, esos ancianos vestidos de cowboys, rubios tipo marlboro, machotes con pantalones resaltando sus curvas. Y, por supuesto, mujeres con prendas formales de iglesias protestantes, otras en blusas cortamente sugestivas que resaltaban espaldas, pechos, muslos y caderas como una pasarela de la primera base al home plate. Tambi&eacute;n capt&eacute; a uno que otro ind&iacute;gena que ya no recordaba sus juegos prehisp&aacute;nicos o afroamericanos que no llamaban la atenci&oacute;n de nadie a pesar de su hip hop. Particip&eacute; en el levantamiento de brazos y de cuerpos cuando pasaba en un zoom la c&aacute;mara de TV, s&iacute;, una de las razones de muchos para estar ah&iacute;, saberse en la tele, se cometiera o no otro hit. Me impresion&eacute; con la cantidad de fans vestidos con gorras y camisetas del equipo local, incluyendo las de &ldquo;Durazo&rdquo;, pelotero mexicano que se quejaba de discriminaci&oacute;n, muy bueno para los hits y que ten&iacute;a muchos seguidores a pesar de no jugar tanto, o no le daban chanza. Me qued&oacute; energ&iacute;a para maldecir la poca lluvia que trajo una tolvanera de oto&ntilde;o y por eso pens&eacute;: al cielo se le ocurre llover en el &uacute;nico d&iacute;a de la historia de Arizona en que no debi&oacute; de hacerlo. Pero luego me retract&eacute; porque las abultadas nubes nunca soltaron toda su descarga lo que hubiera afectado &uacute;nicamente a los de afuera porque a los de adentro, &iexcl;ah los gringos!, un techo movible los proteger&iacute;a, sin interrupci&oacute;n del juego ni de las transmisiones que para eso era un estadio de m&acirc;s 400 millones de d&oacute;lares&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">7</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">De esta manera, supe de varios hits, de batazos improductivos, bolas y straikes, ponche tras ponche por ambos bandos pero pocas, muy pocas carreras, a dos por bando y ya en la &uacute;ltima entrada. Hasta que me posesion&eacute; en mi pantalla y espacio favorito, me qued&eacute; quieto para aguardar el desenlace. No deseaba perderme lo que ya imaginaba: el tronido del gent&iacute;o al alzarse el triunfo&hellip;o el silencio sepulcral de la derrota, descubri&eacute;ndome, of course, estar a favor de los locales, nuestros Diamondbacks de la &ldquo;Finiquera&rdquo;, tan s&oacute;lo para ver contentos a quienes me rodeaban con esa intensidad que sucede solamente una vez. Y, tal y como si estuviese planeado, &iquest;lo estar&iacute;a?, el noveno inning fue el de la magia: sufr&iacute;, pues, el contagio de los fans, testigos todos de la conjunci&oacute;n de circunstancias, de los azares del juego que se fueron acumulando en las dimensiones de la suerte. En un partido a duras penas empatado, un hombre lleg&oacute; a segunda base por un mal tiro del lanzador yanqui y con apenas un out; el mismo pitcher golpe&oacute; a otro bateador y se registraron las bases llenas. Fue en ese momento que escuch&eacute; los suspiros de &ldquo;my god!&rdquo;, o my god, santo y se&ntilde;a de que la victoria era posible para los Diamondbacks. En instantes, la audiencia se descompuso, solt&oacute; sillas y cervezas, se paralizaron las caras y las manos, latieron acelerados corazones y esperanzas poni&eacute;ndose de pie en el grader&iacute;o como si fuesen agujas imantadas. Se escuchaba el grito de mujeres entronas, de chavos rabiosos, de hombres aspirantes al orgullo mundial, vedado en Arizona para cualquier equipo profesional incluyendo los Cardenales en el f&uacute;tbol americano:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;&iexcl;Gonzo, Gonzo!&mdash;le vociferaban al bateador de la responsabilidad, la de la tragedia o la del hero&iacute;smo.</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;&iexcl;Dbacks, dbacks!&mdash;escuch&eacute; el aullido de madres y maridos alborotando a los ni&ntilde;os.</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;&iexcl;Come on, stand up, stand up!&mdash;fue la orden de quienes lidereaban las tribunas</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">S&iacute;, exig&iacute;an, &iexcl;de pie, de pie!, implorando sin haber tanta necesidad porque de todos modos me levant&eacute; junto con los m&aacute;s de 60 mil que lo hac&iacute;an con regocijo, tanto dentro como afuera. Vaya, hasta pude observar a los de look businessman, los de camisetas y bermudas que se hab&iacute;an puesto hist&eacute;ricos de tanta esperanza ni tan esperada. Hab&iacute;a llegado la hora de la verdad: Arizona ser&iacute;a conocida no solamente por su desierto, su Grand Canyon, sus leyes antiinmigrantes y su sheriff anti latino, el tal Joe Arpaio. Me sent&iacute;, pues, atrapado por esa sensaci&oacute;n de &eacute;xtasis y yo aceptaba y toleraba cualquier reacci&oacute;n de anhelo y de festejo, viendo un bat que pod&iacute;a golpear una simple pelota para hacer todo realidad...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">8</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Lo primero que escuch&eacute; fue una catarata de ruido apocal&iacute;ptico, pero esta vez de alegr&iacute;a, que demoli&oacute; al estadio. Al un&iacute;sono, la pantalla me lo confirm&oacute;: el cubanoamericano Luis Gonz&aacute;lez, Gonzo!, Gonzo!, hab&iacute;a cumplido con un jit por el jard&iacute;n central que inici&oacute; las locuras: se movi&oacute; el de tercera base hacia el &ldquo;home&rdquo; para que todo acabara. &iexcl;3-2 contra los yanquis!...la uni&oacute;n de los de boleto pagado con los de la calle sin boleto, espont&aacute;nea, hermanable, me arrop&oacute; sin remedio. Pero antes de recibir mi cuota de confraternidad, sin merecerla tanto, mi cuello fue jalado por tronidos multicolores que atravesaron el cielo: estaban pariendo ya el triunfo hacia todo el universo.<br />&#8203;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Lo dem&aacute;s me lleg&oacute; por contagio, como ese instante de reflexi&oacute;n, esa de que los psic&oacute;logos sabr&aacute;n explicar por qu&eacute; un individuo, sin ser aficionado y sin estar ah&iacute; adentro, se siente contento con el simple hecho de observar la felicidad de una multitud. &iquest;Se deber&aacute; en parte&mdash;pens&eacute;&mdash;a que nunca en la historia no hab&iacute;an celebrado nada que los pusiera en el mapa de campeones mundiales de algo? &iquest;Se deber&aacute; tambi&eacute;n&mdash;continu&eacute;&mdash;a la creencia f&eacute;rrea de que todo el planeta nos observa? Porque as&iacute; lo confirmaron los gritos y las escenas del triunfo repetidas sin cansancio en las pantallas, incluyendo uno que otro de m&iacute; mismo, cualquier ruido gutural, aunque fuese ininteligible, aullaba sabe qu&eacute; expresi&oacute;n en un torbellino de &eacute;xtasis en el que yo recib&iacute;a un toque de manos, palmadas, ch&oacute;calas, &ldquo;give me five!, o yeah yeah!, vaya, hasta un abrazo casi casi sin discriminaci&oacute;n acept&eacute; como si murieran de repente choques culturales ancestrales...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">9</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Pero sin embargo, y era muy obvio, not&eacute; que los &uacute;nicos serios, circunspectos, cargando a&uacute;n el orgullo herido por la ca&iacute;da de las torres gemelas, eran los fans neoyorquinos. Los pude identificar por las siglas &ldquo;NY&rdquo; o &ldquo;FDNY&rdquo;, estampadas en gorras o camisetas, adem&aacute;s iban en silencio, aguantando los ataques e insultos del &ldquo;&iexcl;yanqui go home!&rdquo; Nunca jam&aacute;s tan bien utilizado como hoy. Lo m&aacute;s hiriente fue cuando r&aacute;pido les espetaban: &ldquo;go to NY&rdquo;! No obstante, observ&eacute; que los neoyorkinos portaban una educaci&oacute;n urbana, una diplomacia de metr&oacute;poli, una cortes&iacute;a acumulada quiz&aacute; por experimentar tantos triunfos beisboleros. Por eso responden con mudez, con silencios, concluy&iacute;, por eso son respetuosos y evitan caer en provocaciones, como concediendo un rato de felicidad a esos arizonenses de cultura cowboyesca, de nueva urbanidad que prueba una primera victoria trascendente. Mientras tanto, yo continuaba recibiendo raciones de fraternidad, en tumultos intermitentes, un festejo sincero como un hechizo que exist&iacute;a mientras la masa estaba unida en la explanada, en las calles aleda&ntilde;as. S&iacute;, un hechizo&hellip;porque la armon&iacute;a de esta especie humana ir&iacute;a poco a poco desapareciendo, esparci&eacute;ndose, como lo capt&eacute; a medida que me alejaba y me arropaba la noche resguardando los residuos de esta felicidad colectiva La &ldquo;normalidad&rdquo; de nuevo me atrap&oacute;, esos gritos y cl&aacute;xones cada vez m&aacute;s espor&aacute;dicos as&iacute; me lo indicaron. Pero las fantas&iacute;as y los sue&ntilde;os son posibles, medit&eacute;, s&iacute;, son posibles, aunque fuese por minutos antes de que regrese la inoportuna realidad: el bombardero B-2, ahora sin ser captado por nadie, luego de haber inaugurado el primer festejo mundialista de una Arizona sedienta de glorias, se dirig&iacute;a otra vez hacia el Medio Oriente porque la guerra a&uacute;n no terminaba, a&uacute;n exist&iacute;an muchos talibanes. Ante ello, no llor&eacute; de tristeza, como no lo hice de felicidad por el triunfo reci&eacute;n obtenido, y pude muy bien haberlo hecho&hellip;s&iacute;, definitivamente, la normalidad hab&iacute;a regresado&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">---</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">(*) Del libro: La gravedad de la distancia. Historias de otra Norteam&eacute;rica.Cr&oacute;nicas y relatos. Primera Edici&oacute;n 2009.Editorial Garabatos. Hermosillo, Sonora, M&eacute;xico. M&aacute;s informaci&oacute;n y para adquirirlo en:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(37, 36, 39)"><a href="https://www.manuelmurrietasaldivar.com/libros/la_gravedad_de_la_distancia.html" target="_blank">https://www.manuelmurrietasaldivar.com/libros/la_gravedad_de_la_distancia.html</a></span></span><br /><br />&#8203;<br /><br />&#8203;<br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA["Poecrónicas": De España a Aztlán o el gachupín achicanado(*)]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/poecronicas-de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/poecronicas-de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado#comments]]></comments><pubDate>Wed, 18 Sep 2024 16:53:45 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/poecronicas-de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado</guid><description><![CDATA[    Imagen: el académico y autor Dr. Justo Alarcón ofreciendo una charla en Arizona State University-Tempe. Del archivo personal del autor.    Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var:Por cortes&iacute;a: https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado.htmlEntre el tr&aacute;fico acad&eacute;mico del verano, el profesor Justo Alarc&oacute;n surge del elevador del cuarto piso del edificio de lenguas en la universidad estatal de Arizona en Tempe. As&iacute;  [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: el acad&eacute;mico y autor Dr. Justo Alarc&oacute;n ofreciendo una charla en Arizona State University-Tempe. Del archivo personal del autor. </div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var:</font></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Por cortes&iacute;a: </span><a href="https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado.html"><span style="color:rgb(17, 85, 204)">https://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/de-espana-a-aztlan-o-el-gachupin-achicanado.html</span></a></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Entre el tr&aacute;fico acad&eacute;mico del verano, el profesor Justo Alarc&oacute;n surge del elevador del cuarto piso del edificio de lenguas en la universidad estatal de Arizona en Tempe. As&iacute; como aparece y se introduce en su oficina, brota en nosotros el genio del cronista: es un perfecto viajero entrevistable.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Cuando a&uacute;n sus canas eran escasas, hab&iacute;a cruzado el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico desde Espa&ntilde;a, muy tarde ya para hacerlo en carabelas, pero de cualquier manera arrib&oacute; a Am&eacute;rica v&iacute;a maestr&iacute;a en Canad&aacute; y luego se doctor&oacute; en letras en la universidad arizonense de Tucs&oacute;n. La protestante algarab&iacute;a de los a&ntilde;os de 1960&rsquo;s lo transform&oacute; en un &ldquo;gachup&iacute;n achicanado&rdquo;, como &eacute;l mismo lo confiesa, tratando de rescatar a este &ldquo;Aztl&aacute;n&rdquo; abandonado a veces por los dioses aztecas. Y no fue &ldquo;activista&rdquo; solo de palabra, tambi&eacute;n de acci&oacute;n: al t&iacute;pico modo estudiantil de aquellas &eacute;pocas neo-rom&aacute;nticas&mdash;pinta de bardas en pleno imperio, m&iacute;tines rel&aacute;mpagos y marchas de protesta&mdash; particip&oacute; en conseguir la introducci&oacute;n de cursos de literatura y cultura chicanas en la academia estadunidense.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Tambi&eacute;n ha logrado publicar por lo menos tres novelas que defienden la dignidad de la &ldquo;raza&rdquo;&mdash;Los siete hijos de la llorona, Chulifeas fronteras y Crisol. Al rebote del tiempo, sus esfuerzos provocaron que el espa&ntilde;ol se oficializara como la lengua extranjera m&aacute;s popular entre los anglosajones, tanto, que ahora los propios hispanos de tercera generaci&oacute;n sufren una especie de pena por no hablar fluidamente la lengua de sus abuelas. Y ahora, Alarc&oacute;n vanguardista, acaba de plantearnos el nuevo retroceso del peligro: ante tanta popularidad, el espa&ntilde;ol se escucha demasiado en las ondas electr&oacute;nicas pero declina la producci&oacute;n escrita y el inter&eacute;s por la lectura&mdash;fen&oacute;meno universal debido quiz&aacute; a la escasez de tiempo que produce el acelere de la sobrevivencia postmodernista. Textual: &ldquo;Casi nadie lee&rdquo;, dice y escucho pasmado, &ldquo;peligra la cultura&rdquo;.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El tema de una conversaci&oacute;n que quiere ser cr&oacute;nica viajera ha brotado, me preparo entonces para recibir esta revelaci&oacute;n inesperada que me ubica en el laberinto confuso de la historia entre dos mundos. Estamos en la exclusividad de su oficina donde es posible romper los f&eacute;rreos c&oacute;digos anticontaminantes porque, a pesar de las estrictas prohibiciones&mdash;usted no podr&aacute; comprar cigarros en el campus pero s&iacute; preservativos en cualquier dormitorio estudiantil&mdash;fuma, fuma tan a gusto y sin ning&uacute;n remordimiento higi&eacute;nico o social que el humo ya me seduce. Su grave voz altisonante empieza a explicar que el escritor chicano que antes fomentaba y preservaba la lengua cervantina, ahora se tiende a redactar en la de Shakespeare. Y aqu&iacute; hay contradicciones porque en menos de veinte a&ntilde;os el hispano se convertir&aacute; en la minor&iacute;a mayor y su lengua a&uacute;n vendr&aacute; a ser m&aacute;s popular. La nueva preferencia ling&uuml;&iacute;stica tiene explicaciones muy pr&aacute;cticas: quieren vender literatura de tema chicano al lector anglosaj&oacute;n&mdash;deduzca usted las consecuencias econ&oacute;micas.<br />&#8203;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">As&iacute;, Alarc&oacute;n ejemplifica: Rolando Hinojosa, premio &ldquo;Casa de las Am&eacute;ricas&rdquo; por sus historias chicanas escritas en Spanish, ahora narra en ingl&eacute;s; adem&aacute;s, obras escritas hace cinco o diez a&ntilde;os atr&aacute;s se est&aacute;n reeditando exclusivamente en el idioma de los g&uuml;eros. Ambos soltamos unas po&eacute;ticas bocanadas, escuchamos el rin-rineo del tel&eacute;fono, mi ego se eleva cuando Justo elimina toda posibilidad de interferencia porque cuelga, &ldquo;estoy ocupado&rdquo;, contesta en el auricular, y entonces libera su alma quijotesca: &ldquo;el problema es que no pasa lo contrario&mdash;contin&uacute;a&mdash;esto es, no traducen las obras del ingl&eacute;s al espa&ntilde;ol y &iexcl;ni siquiera para consumo mexicano&rdquo;! No obstante, reconoce que el fen&oacute;meno supone ciertos beneficios de presencia porque, aunque por ahora son casi puros desplantes mercantiles, al mismo tiempo la gran mayor&iacute;a anglosajona es posible se d&eacute; cuenta de que existimos.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Es entonces que concluimos que la &ldquo;inglesaci&oacute;n&rdquo; de las letras chicanas resulta en ese sentido constructiva pero la tendencia es en esencia contradictoria. &ldquo;Por supuesto que lo es&mdash;parece que a&uacute;n lo escucho&mdash;y lo es todav&iacute;a m&aacute;s si se observa el impulso que la radio y la televisi&oacute;n hispanas le dan al espa&ntilde;ol&rdquo;. Especifica: solamente en el Valle de Phoenix operan cinco estaciones radiof&oacute;nicas y dos de TV que transmiten en nuestro idioma, esto da una muestra del &ldquo;tremendo auge&rdquo;. Por su parte, los medios escritos&mdash;una revista quincenal biling&uuml;e, un peri&oacute;dico y un tabloide de calidad en ascenso&mdash;son escasos y sufren permanentes crisis econ&oacute;micas adem&aacute;s de tener un alcance limitado en comparaci&oacute;n con las grandes audiencias de sus competidores electr&oacute;nicos.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Y en cuanto a editoriales, existe una &ldquo;bilingual press&rdquo; que difunde mayormente obras de corte acad&eacute;mico para consumo intelectual de altura. Alarc&oacute;n redondea: mientras los medios electr&oacute;nicos se abren para el desarrollo y penetraci&oacute;n del espa&ntilde;ol, la escritura parece que se cierra. Y luego lanza la advertencia de que si el dominio de la palabra oral sigue en aumento, es peligroso en t&eacute;rminos sociales porque cuando la lectura ya no es prioridad, se atenta la misma base de la cultura. El decaimiento o desinter&eacute;s se origina b&aacute;sicamente porque no existe aqu&iacute; el fomento por leer, explica Alarc&oacute;n, ni siquiera se promueve dentro del propio sistema educativo norteamericano en su conjunto sin importar grupos &eacute;tnicos. Tan no se impulsa la lectura que una compa&ntilde;&iacute;a cervecera&mdash;mire usted el cablevisi&oacute;n y sabr&aacute; la marca&mdash; anuncia programas de alfabetizaci&oacute;n porque el pron&oacute;stico se&ntilde;ala que entrado el siglo XXI dos de cada cinco norteamericanos ser&aacute;n analfabetas &iexcl;en el pa&iacute;s m&aacute;s rico del mundo!</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo;La juventud se dedica a ver, a o&iacute;r pero no a leer&rdquo;, escucho el eco realista de Alarc&oacute;n. Sin embargo, su mente quijotesca es ya un avispero: ha concebido soluciones. Dado el elitismo de las clases universitarias&mdash;pagos, pagos y m&aacute;s pagos&mdash;propone c&aacute;tedras a trav&eacute;s, precisamente, de los medios que producen el desinter&eacute;s por leer. As&iacute; se podr&aacute; incitar a la lectura y al conocimiento de la herencia hispana. Y lo propone porque ya ha hecho intentos. En 1990, desde la cabina de KVVA &ldquo;Radio Viva&rdquo;, unos cien mil alumnos, perd&oacute;n, radioescuchas, recibieron lecciones sobre la cultura del suroeste de Estados Unidos&mdash;el territorio conocido como Aztl&aacute;n por los chicanos&mdash;directamente de la provocativa voz del &ldquo;profe&rdquo; Alarc&oacute;n, como se le conoce por estos rumbos. Triunfante en su ejemplo, confiesa humilde y orgulloso que por lo menos ha de haber tenido desde la radio unos &ldquo;cincuenta mil estudiantes mientras en mi clase apenas logran inscribirse &iexcl;diez&rdquo;!</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Recordamos luego que en M&eacute;xico la difusi&oacute;n de la cultura es una actividad institucionalizada y que incluso artistas e intelectuales ven como una especie de compromiso ponerse en contacto directo con el gran p&uacute;blico&mdash;el pueblo, pues. Alarc&oacute;n confiesa su simpat&iacute;a y satisfacci&oacute;n por esta pr&aacute;ctica como reconociendo t&iacute;midamente que es una l&aacute;stima que aqu&iacute;, por lo menos en Phoenix, no sea reproducida ni por hispanos o anglos. Y no es posible&mdash;sigue revelando&mdash;porque las concepciones sobre los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza y difusi&oacute;n del conocimiento son diametralmente distintos. El &ldquo;nuestro&rdquo;&mdash; destaca&mdash;es deductivo, mientras el anglo es inductivo. Es decir, en la pr&aacute;ctica las sociedades hispanas, por ejemplo, tratan de llevar la cultura de la universidad a las calles, mientras que en angloam&eacute;rica si no cubres la matr&iacute;cula est&aacute; prohibido entrar a clases aunque pagues los impuestos. &ldquo;Es un divorcio perfecto entre las masas y la universidad&rdquo;, sintetiza.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Luego, sufro yo otro impacto, otro golpe de realidad de lo que antes era tenue sospecha porque &ldquo;el profe&rdquo; me dice que en Estados Unidos el intelectual, al menos el acad&eacute;mico, no solamente no desarrolla el compromiso de ponerse en contacto con la gente, &ldquo;sino que lo evita; no existen puentes con la comunidad&rdquo;. La separaci&oacute;n se manifiesta incluso dentro de los recintos en donde los mismos profesores de lenguas extranjeras rara vez discuten entre ellos sobre temas globales fuera de las discusiones por escrito o los coloquios literarios. En cambio&mdash;surge de nuevo la comparaci&oacute;n inevitable y es entonces que Hermosillo, donde &eacute;l ha estado como ponente, va a flotar en las alturas&mdash;en esa &ldquo;hermosa&rdquo; ciudad de donde vienes, y perd&oacute;name que te hable de ella, es maravilloso observar tanta gente joven involucrada, bien le&iacute;da, que discuten en distintos lugares con entusiasmo. Aqu&iacute; no, est&aacute; muerto, remata.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Para ser a&uacute;n m&aacute;s contundente, da ejemplos de c&oacute;mo la cultura no es tomada en serio. En Phoenix, ciudad centenaria de unos dos millones de habitantes, son escasos, casi nulos, los edificios antiguos &ldquo;lo que ya dice mucho&rdquo;. Y es que si existe una construcci&oacute;n de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, estorba al desarrollo funcional de la ciudad y entonces la echan para abajo, no se necesita. As&iacute;, destruyen la memoria hist&oacute;rica en aras de la comodidad lo que para Alarc&oacute;n no es necesariamente cultura porque &eacute;sta se basa en la historia y la tradici&oacute;n. Y lo otro ser&iacute;a civilizaci&oacute;n ya que &eacute;sta propugna a toda costa el progreso y la tecnolog&iacute;a. Entonces, si el edificio antiguo no se puede reacondicionar para instalarle aire acondicionado, ventilaci&oacute;n, equipo contra incendios o ventanales ahumados, &ldquo;simplemente lo derrumban&rdquo;. Se pierde as&iacute; la memoria en un af&aacute;n de m&aacute;s confort, volvemos a coincidir, y &eacute;l agrega que esta naci&oacute;n es escasa entonces en cultura porque no existe una memoria hist&oacute;rica concreta lo que es importante &ldquo;para la identidad, la autoestima, el orgullo o aprecio de uno mismo&rdquo; sobre todo para el sector latino de por aqu&iacute;.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">E insiste, quiere agregar que inclusive los cursos generales de historia son tan breves que se limitan a unos cuantos hechos: la llegada de los peregrinos, George Washington, la independencia y la guerra civil. Cualquier preparatoriano aqu&iacute; apenas sabe eso y es dif&iacute;cil que tenga noci&oacute;n del curso del tiempo en esta zona... &iquest;y sobre M&eacute;xico qu&eacute; se dice? &iquest;No hay nada de lo nuestro?, &ldquo;&iexcl;por supuesto que no!, la parte de M&eacute;xico ni les interesa... ustedes casi no existen, mas que en la guerra que ellos ganaron con su destino manifiesto&rdquo;, confiesa y entonces se echa a re&iacute;r como burl&aacute;ndose y yo me voy conmovido ante tanta sapiencia e ignorancia anglosajona, hispana, chicana y mexicana que me rodea en este viaje feliz por los pasillos de la academia...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">(*) Del libro <em>De </em></span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><em>viaje en Mexam&eacute;rica. Cr&oacute;nicas y relatos de la frontera</em>.</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> Student Edition // Edici&oacute;n Escolar. <em>Lecturas y ejercicios en espa&ntilde;ol para hispanohablantes en Estados Unidos</em>. 159 p&aacute;ginas. Monterrey Park, California, USA. Izote Press, 2014. M&aacute;s informaci&oacute;n en:&nbsp;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp;</span><a href="http://manuelmurrietasaldivar.com/libros/De_Viaje_en_Mexamerica.html"><span style="color:rgb(17, 85, 204)">http://manuelmurrietasaldivar.com/libros/De_Viaje_en_Mexamerica.html&nbsp;&nbsp;</span></a></span></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Mi muro de Berlín]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/mi-muro-de-berlin]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/mi-muro-de-berlin#comments]]></comments><pubDate>Thu, 17 Aug 2023 07:45:25 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/mi-muro-de-berlin</guid><description><![CDATA[     Imagen: frente a los restos del muro de Berlín, julio de 2014. Fotografía de la colección personal del autor.    Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor:&nbsp;http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/mi-muro-de-berlin.html&#8203;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/mi-muro-de-berlin_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"> Imagen: frente a los restos del muro de Berl&iacute;n, julio de 2014. Fotograf&iacute;a de la colecci&oacute;n personal del autor. </div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><font color="#2a2a2a">Con permiso del autor:&nbsp;</font><br /><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/mi-muro-de-berlin.html" target="_blank">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/mi-muro-de-berlin.html&#8203;</a><br /><br /><em style="color:inherit">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;A Daniel Cece&ntilde;a</em><br /><br /><span style="font-weight:700">I</span><br /><br />El desconocido gravita en su cerveza&hellip;<br />con leves titubeos proyecta su mirada<br />entre las mesas callejeras de un pub desolado.<br /><br />El ruido de&nbsp;<em style="color:inherit">TV</em>&nbsp;no logra distraernos,<br />los espacios vac&iacute;os permiten nuestro encuentro<br />y, alarmado, me pregunto la raz&oacute;n de su vista sobre m&iacute;.<br /><br />&iquest;Ver&aacute; los arduos siglos que nos han separado,<br />los mares imposibles, lenguajes sin sentido<br />y hecatombes sobre mi piel morena?<br /><br />&iquest;Mirar&aacute; en m&iacute; a un migrante turco, al Otro que lo invade<br />entre camisas de futbol, puestos de &laquo;kebabs&raquo;,<br />puentes cansados y trenes que escucho espantado en esta lejan&iacute;a?<br /><br /><span style="font-weight:700">II</span><br /><br />Sus ojos delinean esa peque&ntilde;a rasgadura<br />que filtra un dejo de tristeza y felicidad remota,<br />un brillo que resalta entre el fondo oscuro,<br />largo, penetrante, de la esquina donde vine a caer.<br /><br />Pero ahora es mi turno: la mesera me arropa<br />con su men&uacute; ambarino, prepara los cubiertos<br />mientras el berlin&eacute;s<br />no deja de clavarme el rostro<br />ahora satisfecho al levantar su tarro&hellip;<br /><br />&iquest;Ha descubierto que estoy aqu&iacute; sin compa&ntilde;&iacute;a?<br />&iquest;Qu&eacute; pretende rodeado yo por su comunidad<br />valiente, adolorida, de ideolog&iacute;as distantes<br />y a&ntilde;ejas para m&iacute;?<br /><br /><span style="font-weight:700">III</span><br /><br />Ahora sonr&iacute;e con una fraternidad que atraviesa las sillas,<br />cae en mi humanidad con algo de sospecha<br />mientras pruebo el piernil de puerco con &laquo;sauerkraut&raquo;.<br /><br />&iquest;Cu&aacute;ntas guerras mundiales recorrieron su cuerpo?<br />&iquest;El sinf&iacute;n de cicatrices llegar&aacute; hasta sus pies,<br />hasta esta banqueta marcada por varios genocidios?<br />&iquest;Qu&eacute; p&aacute;gina de su libro de vida habr&aacute; quedado trunca<br />y qu&eacute; fue de su futuro, el ideal del pasado?<br /><br />El tipo no se irrita &mdash;est&aacute; feliz&mdash; cuando descubre<br />mi ignorancia absoluta del hablar alem&aacute;n<br />y me escucha preguntar al amparo del ingl&eacute;s<br />las instrucciones precisas<br />para transbordar al centro de Berl&iacute;n &mdash;puerta de Brandeburgo,<br />museo de holocausto, laberintos del metro&hellip;<br /><br />Se levanta, desaparece, me ignora con la espalda<br />y surge el relax cuando supero el shock de la primera vez&hellip;<br />es evidente, ya va a su destino<br />dejando la sensaci&oacute;n de dudas que es esta ciudad&hellip;<br /><br /><span style="font-weight:700">IV</span><br /><br />&iexcl;Pero no!&hellip;regresa de pagar la cuenta<br />y con sonrisa de ni&ntilde;o incandescente,<br />de un arrepentido que sabe lo que hizo pero no lo confiesa,<br />me rastrea profundo<br />mientras alguien explica c&oacute;mo he de llegar al centro del turismo&hellip;<br /><br />&iquest;Pensar&aacute; hacer conmigo su mejor obra del d&iacute;a?<br />&iquest;Va a cometer el crimen largamente planeado?<br />&mdash;precisamente a m&iacute;, el m&aacute;s necesitado, solitario<br />y olvidado de los hombres que lleg&oacute; en la ma&ntilde;ana<br />a esta urbe violada varias veces<br />nunca antes recorrida en mi eternidad tan breve&hellip;<br /><br />Entonces, pasmado, el germano se aproxima:<br />(detr&aacute;s la historia tiembla, se levantan y caen paredes de terror,<br />se escuchan las matanzas de un campo jud&iacute;o<br /><br />la Gestapo interroga en ese calabozo<br /><br />y el ej&eacute;rcito rojo ha tomado su hogar)<br /><br />ojo sobre el m&iacute;o, me extiende al fin la mano<br />y el muro se derrumba al escuchar su voz:<br />&laquo;Welcome to Berlin, enjoy your beer&hellip;!&raquo;<br /><br />-----<br />(*) Del poemario&nbsp;<em style="color:inherit">Poecr&oacute;nicas</em>&nbsp;en las urbes. Colecci&oacute;n Sur Editores. La Habana, Cuba. 2019. Colecci&oacute;n Sur # 339. 106 p&aacute;ginas. M&aacute;s informaci&oacute;n en:&nbsp;&nbsp;<br /><a href="http://manuelmurrietasaldivar.com/libros/poecronicas_en_las_urbes.html" target="_blank">http://manuelmurrietasaldivar.com/libros/poecronicas_en_las_urbes.html</a><br /><br />&#8203;<br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Siempre que llego...]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/siempre-que-llego]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/siempre-que-llego#comments]]></comments><pubDate>Thu, 03 Aug 2023 07:33:39 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/siempre-que-llego</guid><description><![CDATA[    Imagen: Durante algún concierto en el zócalo de Ciudad de México. Foto de la colección personal del autor.   Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor:&nbsp;&nbsp;http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/siempre-que-llego.html ISiempre que llego aqu&iacute;reinicio el desgaste aceleradode mis piesdebido a las largas caminatasque me esperan por rutas v&iacute;rgenes o resucitadasque no me dan descanso&hellip;A veces es la seducci&oacute;nde un museo nuevo o repetib [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/siempre-que-llego_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Durante alg&uacute;n concierto en el z&oacute;calo de Ciudad de M&eacute;xico. Foto de la colecci&oacute;n personal del autor.</div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Con permiso del autor:&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(17, 85, 204)"><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/siempre-que-llego.html" target="_blank">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/siempre-que-llego.html</a></span><span> </span></span><br /><br /><span><span>I</span></span><br /><span><span>Siempre que llego aqu&iacute;</span></span><br /><span><span>reinicio el desgaste acelerado</span></span><br /><span><span>de mis pies</span></span><br /><span><span>debido a las largas caminatas</span></span><br /><span><span>que me esperan por rutas v&iacute;rgenes o resucitadas</span></span><br /><span><span>que no me dan descanso&hellip;</span></span><br /><br /><span><span>A veces es la seducci&oacute;n</span></span><br /><span><span>de un museo nuevo o repetible,</span></span><br /><span><span>en otras es el descubrimiento</span></span><br /><span><span>de un hogar amistoso o familiar</span></span><br /><span><span>y mercados p&uacute;blicos</span></span><br /><span><span>plagados de colores y mundos de artesanos.</span></span><br /><br /><span><span>II</span></span><br /><span><span>Siempre que estoy aqu&iacute;</span></span><br /><span><span>mis ojos se renuevan,</span></span><br /><span><span>saltan curiosos</span></span><br /><span><span>debido a la inundaci&oacute;n de novedades</span></span><br /><span><span>o porque alguna tragedia humana o natural</span></span><br /><span><span>los provoc&oacute; de s&uacute;bito.</span></span><br /><br /><span><span>Ayer mismo fui testigo</span></span><br /><span><span>de los milagros insistentes de la fe</span></span><br /><span><span>pero a la vez, ah&iacute; enfrente,</span></span><br /><span><span>pude ser embaucado por tres ladrones</span></span><br /><span><span>escap&aacute;ndome a tiempo</span></span><br /><span><span>debido a la intuici&oacute;n que ahora desarrollo.</span></span><br /><br /><span><span>III</span></span><br /><span><span>Siempre que permanezco aqu&iacute;</span></span><br /><span><span>por d&iacute;as enteros, largos o cortos,</span></span><br /><span><span>sucede lo inconcebible</span></span><br /><span><span>como, supongo,</span></span><br /><span><span>escribir al menos un poema</span></span><br /><span><span>o este mismo texto</span></span><br /><span><span>que me atraviesa emocionado,</span></span><br /><span><span>escapa de mi cabeza,</span></span><br /><span><span>mueve mis dedos</span></span><br /><span><span>para sacar siquiera</span></span><br /><span><span>la punta de legiones de vivencias</span></span><br /><span><span>acumuladas en 24 horas o en algunos centenarios.</span></span><br /><br /><span><span>IV</span></span><br /><span><span>Siempre que regreso desde aqu&iacute;</span></span><br /><span><span>percibo unas part&iacute;culas de mi cuerpo,</span></span><br /><span><span>de mis otros yos,</span></span><br /><span><span>separ&aacute;ndose de m&iacute;</span></span><br /><span><span>queriendo permanecer aqu&iacute;,</span></span><br /><span><span>me atan</span></span><br /><span><span>me jalan</span></span><br /><span><span>deciden quedarse</span></span><br /><span><span>aunque sea en fragmentos</span></span><br /><span><span>mientras otros seres abstractos,</span></span><br /><span><span>o lo que queda de m&iacute; y mi conciencia,</span></span><br /><span><span>parte de nuevo</span></span><br /><span><span>hacia otras latitudes que a&uacute;n me acechan</span></span><br /><span><span>y piden que las visite sin dudas y sin pausas&hellip;</span></span><br /><br /><br /><span><span>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Ciudad de M&eacute;xico, julio de 2023</span></span><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Artesana de misterios (*)]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/artesana-de-misterios]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/artesana-de-misterios#comments]]></comments><pubDate>Thu, 27 Jul 2023 08:16:31 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/artesana-de-misterios</guid><description><![CDATA[    Imagen: Lago de Atitlán, desde el poblado de Panajachel, Guatemala. Fotografía de la colección personal del autor.   Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor:http://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/artesana-de-misterios.html&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &n [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/artesana-de-misterios_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Lago de Atitl&aacute;n, desde el poblado de Panajachel, Guatemala. Fotograf&iacute;a de la colecci&oacute;n personal del autor.</div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var<br /><br /></font></strong><font color="#2a2a2a">Con permiso del autor:<br /></font><a href="http://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/artesana-de-misterios.html" target="_blank">http://manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/artesana-de-misterios.html</a><strong></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <em>Para Erivan, siempre una inc&oacute;gnita....</em></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Renu&eacute;vame el camino del misterio</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">para recuperar habitaciones</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">v&iacute;rgenes y acequias&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Proponme una avenida</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">escritores en fuga</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; cuerpos de aguas</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; esa curva barroca</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;o un volc&aacute;n difunto&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iquest;Qu&eacute; tal nuevas cervecer&iacute;as</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;iglesias sin cielo</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;y poemas urgentes que te arropen?</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Proponme</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Dime</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">s&eacute; mi gu&iacute;a</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iquest;no ves que a&uacute;n puedo dejar mi residencia,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">los perros que me cr&iacute;an</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">y la calle por donde va mi infancia?</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iquest;No ves que todav&iacute;a me atrevo</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">a desalojar terru&ntilde;os,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">desentra&ntilde;ar ra&iacute;ces</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">y los libros sagrados que esclavizan?</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Avi&eacute;ntame, pues,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">lo desconocido en la pupila,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">una pisca de vida</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">la carne que sorprenda a mi esqueleto.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Hazlo&hellip;y me tendr&aacute;s temprano</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">enfrente de tu boca y de tus pies</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">para estar los dos en rotaci&oacute;n</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">como lunas gemelas espiando a los cometas&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;II<br />&#8203;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Cu&eacute;ntame del candor de tu ciudad,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">de c&oacute;mo los mapas nos enredan</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">y nos hacen tutear al destino</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">y a los puentes</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">para sondear esos dep&oacute;sitos</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">que aman los arque&oacute;logos,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">refrescar las atm&oacute;sferas sin humos</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">en nuestra b&uacute;squeda sin fin</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">de sue&ntilde;os y planetas.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Av&iacute;same por favor a d&oacute;nde ir,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">cu&aacute;l es el punto donde ocurre</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">el milagro,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">el encuentro a veces tan oculto</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">tan temido&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iexcl;Rev&eacute;lame el lugar!...</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Ya sabes que no importa a d&oacute;nde ir,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">sino el camino</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">que yo estar&eacute; ah&iacute; tan pronto</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">como el gui&ntilde;ar de un ojo&hellip;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">t&uacute;,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">desconocida</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">artesana de misterios</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">el ser que encontrar&eacute;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">en esta ruta virgen</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">en la que ya despierto&hellip;</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;[Antigua Guatemala, Guatemala], diciembre de 2016</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">(*) Del poemario</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> Los d&iacute;as primigenios.</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">1ra. Edici&oacute;n en Estados Unidos.</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">115 p&aacute;ginas. Serie Sentimiento # 14. </span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Coedici&oacute;n:</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"> Editorial Orbis Press. Turlock, California, USA. Editorial Giraluna. Caracas, Venezuela. M&aacute;s informaci&oacute;n y para adquirirlo:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(37, 36, 39)"><a href="http://www.orbispress.com/imagenes/sentimiento/los-dias-primigenios.htm" target="_blank">http://www.orbispress.com/imagenes/sentimiento/los-dias-primigenios.htm</a></span></span><br /><br /><br /><br /><strong><font color="#2a2a2a">&#8203;</font></strong><br /><br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[No duermas]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/no-duermas]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/no-duermas#comments]]></comments><pubDate>Thu, 20 Jul 2023 06:52:10 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/no-duermas</guid><description><![CDATA[    Imagen: Madrugada a los alrededores de la Plaza Mayor, Madrid, España. Fotografía de la colección personal del autor.   Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor: &nbsp;http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/no-duermas.htmlQuiz&aacute; porque la noche es muy confusa,se me viene el insomnio tratando de explicarla...Paso largas horas con ojos de asombrobajo mi techo casero o los que visito,lade&aacute;ndome de un extremo al otro de la camasin recibir una dosis mode [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/no-duermas_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Madrugada a los alrededores de la Plaza Mayor, Madrid, Espa&ntilde;a. Fotograf&iacute;a de la colecci&oacute;n personal del autor.</div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Con permiso del autor: </span></span>&nbsp;<br /><span><span style="color:rgb(17, 85, 204)"><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/no-duermas.html" target="_blank">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/no-duermas.html</a></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Quiz&aacute; porque la noche es muy confusa,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">se me viene el insomnio tratando de explicarla...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Paso largas horas con ojos de asombro</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">bajo mi techo casero o los que visito,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">lade&aacute;ndome de un extremo al otro de la cama</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">sin recibir una dosis moderada de sue&ntilde;o</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">a pesar del salto de miles de ovejas blancas,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">negras, de todos los colores...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">No tengo entonces m&aacute;s remedio que atrapar a la noche,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">medir sus &aacute;ngulos obtusos y convexos</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">tratando de entenderla, comprenderla,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">por qu&eacute; nunca se apiada de m&iacute;...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Pero ella insiste en distraerme:</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Aparecen planes que nunca hice</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">otros que jam&aacute;s realizar&eacute;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">vienen obligaciones con fechas l&iacute;mites de un siglo</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">otras que acabaron ayer o que logr&eacute; a medias</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;ahora me recuesto boca abajo--</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">La gente me aconseja que salte de mi lecho</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">a continuar el proyecto pospuesto o atrasado,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">que beba una o dos tazas de t&eacute;,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">hacer una r&aacute;pida meditaci&oacute;n</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">o una plegaria por la paz del mundo</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">pero nunca encuentro voluntad para tales sugerencias</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">o para otras que yo me invento...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">La noche me atrapa siempre con sus garras</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">abri&eacute;ndome los p&aacute;rpados</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">para que siga mirando oscuridades</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">que se mueven hacia todas direcciones</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">te&ntilde;idas de puntos blancos, amarillos y violetas...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Nunca he podido dormir con la serenidad del beb&eacute;</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">o la del borracho cansado de una fiesta</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">como lo he atestiguado que caen fulminados</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">a mi lado con su sue&ntilde;o profundo que me produce envidia.</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Me pongo de nuevo boca arriba,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">ya son las tres o dos de la ma&ntilde;ana</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">y de nuevo tampoco ahora volver&eacute; a dormir</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">mis cinco o cuatro horas que me tocan</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;debieran ser ocho, lo s&eacute;--</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Pasivamente me dejo dominar</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">por otra noche inquieta</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">que encaja sus cuchillos de planes y de ideas</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">sobre mis pupilas abiertas,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">saltonas,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">sorprendidas,</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">como escuchando a la noche:</span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ndash;&iexcl;No duermas...no hay tiempo que perder!...</span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Keyes, California, julio de 2023</span></span><br /><br />&#8203;<br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Universo]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/universo]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/universo#comments]]></comments><pubDate>Thu, 13 Jul 2023 06:25:40 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/universo</guid><description><![CDATA[    Imagen: El Caracol, observatorio astronómico maya, en Chichén Itzá, Yucatán. Foto de la colección personal del autor.    Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor: http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/universo.html El universoes una oscurageolog&iacute;aque protegea la naday a las cosasdesdeel rumor del polvohasta la vida &uacute;ltima&hellip;Y entoncesel silenciorecobra su conducto,atraviesalos huecos de la nochehileras sideralespara gemir de nuevoaqu&iacute [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/universo_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: El Caracol, observatorio astron&oacute;mico maya, en Chich&eacute;n Itz&aacute;, Yucat&aacute;n. Foto de la colecci&oacute;n personal del autor. </div> </div></div>  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a">Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</font></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(67, 67, 67)"></span><span style="color:rgb(58, 64, 91)">Con permiso del autor: </span><br /><span style="color:rgb(17, 85, 204)"><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/universo.html" target="_blank">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/universo.html<br /><br /></a></span><span style="color:rgb(58, 64, 91)"> </span><span style="color:rgb(67, 67, 67)"></span></span><br /><span><font color="#2a2a2a">El universo<br />es una oscura<br />geolog&iacute;a<br />que protege<br />a la nada<br />y a las cosas<br />desde<br />el rumor del polvo<br />hasta la vida &uacute;ltima&hellip;</font></span><br /><span></span><span><font color="#2a2a2a">Y entonces<br />el silencio<br />recobra su conducto,<br />atraviesa<br />los huecos de la noche</font></span><br /><span></span><span><font color="#2a2a2a">hileras siderales</font></span><br /><span></span><span><font color="#2a2a2a">para gemir de nuevo<br />aqu&iacute;<br />y all&aacute;<br />en una<br />gota<br />de<br />amor...</font></span><br /><span></span><span><font color="#2a2a2a">(*) Del poemario Alejados del instinto. 3ra. Edici&oacute;n. 117 p&aacute;ginas. Serie Sentimiento # 12 Editorial Orbis Press. Turlock, California, USA. 2019. M&aacute;s informaci&oacute;n y para adquirirlo en este enlace:</font></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(17, 85, 204)"><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/libros/alejados_del_instinto2.html" target="_blank">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/libros/alejados_del_instinto2.html&nbsp;</a></span></span><br /><span></span><br /><br /><br /><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[He llegado hasta aquí]]></title><link><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/he-llegado-hasta-aqui]]></link><comments><![CDATA[http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/he-llegado-hasta-aqui#comments]]></comments><pubDate>Thu, 06 Jul 2023 07:58:34 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.peregrinosysusletras.net/manuel-murrieta-saldiacutevar/he-llegado-hasta-aqui</guid><description><![CDATA[    Imagen: Playa en Bodega Bay, California. Foto de la colección personal del autor   Por Manuel Murrieta Sald&iacute;varCon permiso del autor: http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/he-llegado-hasta-aqui.htmlDesde los infinitos de la tardehe llegado hasta aqu&iacute;atravesando un desfiladero de estrellasy de seres que no me visualizano lo hacen con escasa nitidez&hellip;S&oacute;lo unas cuantas part&iacute;culas,muy claves y sinceras,pueblan mi pensamientoy con ellas sobrevivo en  [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0px;margin-right:0px;text-align:center"> <a> <img src="http://www.peregrinosysusletras.net/uploads/7/8/6/9/78697460/he-llegado-hasta-aqui_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%">Imagen: Playa en Bodega Bay, California. Foto de la colecci&oacute;n personal del autor</div> </div></div>  <div class="paragraph"><font color="#2a2a2a"><strong>Por Manuel Murrieta Sald&iacute;var</strong></font><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">Con permiso del autor: </span><a href="http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/he-llegado-hasta-aqui.html" target="_blank"><span style="color:#1155cc; font-weight:400">http://www.manuelmurrietasaldivar.com/poecronicas/he-llegado-hasta-aqui.html</span></a></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">Desde los infinitos de la tarde</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">he llegado hasta aqu&iacute;</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">atravesando un desfiladero de estrellas</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y de seres que no me visualizan</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">o lo hacen con escasa nitidez&hellip;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">S&oacute;lo unas cuantas part&iacute;culas,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">muy claves y sinceras,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">pueblan mi pensamiento</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y con ellas sobrevivo en esta traves&iacute;a sideral</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">guiado en mucho por la suerte y lo que se presente&hellip;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">Porto algunos callos y muchas cicatrices</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">como las ballenas que surcan el oc&eacute;ano fr&iacute;o</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">para retozar en el mar caliente de los golfos</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">o como un meteorito que acaba jadeando</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">sobre la superficie con su carga de diamantes</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y de burbujas de titanio,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">metales extra&ntilde;os que producen sorpresas y temor&hellip;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">He llegado, pues, hasta aqu&iacute;</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y a veces no me reconozco,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">m&aacute;s bien,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">no me reconocen</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">quiz&aacute; porque mi estancia ha sido tan fugaz</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">o porque sigo transform&aacute;ndome,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">mutando a cada instante,</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">a pesar de las constantes resistencias</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y de las paralizaciones de los otros</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">de ciertos planetas</span></strong><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">y alguna otra galaxia&hellip;</span></strong><br /><br /><strong><span style="color:#3a405b; font-weight:400">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Keyes, California, junio de 2023</em></span></strong><br /></div>]]></content:encoded></item></channel></rss>