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Por Juan Villa
Salir de un pueblo por la falta de oportunidades económicas y dejar a la familia atrás para ir al norte, ha sido la base de los típicos guiones en las historias del cine fronterizo. Las imágenes de desesperanza en esas escenas son imprescindibles, pero quizá el éxito de ellas recae en el desenvolvimiento de sus protagonistas para afrontar el reto de llegar y establecerse como inmigrante en territorio estadounidense. Es el caso de Roberto, el personaje central de la película Alambrista (1977) del cineasta Robert M. Young quien, con sus silencios en cámara, transmite al espectador la cruda realidad de los inmigrantes en Estados Unidos. En las primeras escenas, el director nos lleva a un pequeño pueblo en Michoacán donde Roberto ara la tierra para llevar el sustento a la casa. Mientras el agua abre su paso por los surcos del cultivo, vemos la ausencia de la maquinaria agrícola que más adelante en el filme, se verán con gran abundancia en los campos de California. Somos testigos del nacimiento de su bebé en medio de las penurias económicas de la familia. No hay otro camino para Roberto: tomará la decisión de irse para el norte a buscar un mejor trabajo para sustentar a la familia. En el altar de una virgen de Guadalupe, su madre le pide que no se vaya y le advierte de los peligros. No se refiere a los retos del camino, sino al de no regresar. Tal como lo hizo el padre de Roberto, quien se fue al norte para no volver. Hay una toma panorámica inolvidable, vemos como silenciosamente Roberto se despide de su madre, al fondo vemos a su mujer y a su bebé. Más atrás, se aprecia el río y los campos de cultivos que dejará atrás. El título de la película Alambrista nos sugiere que Roberto cruzará de manera indocumentada por una zona donde habrá un cerco de alambre que divide la frontera. En este caso por una zona de California. Si bien, el término alambrista está destinado para las funciones de un acróbata circense, en la jerga fronteriza es una variación de la palabra alambrado, utilizada para describir a un inmigrante que cruza por los cercos de alambres. Se trata pues de una de las modalidades del cruzar de manera indocumentada a otro país. Durante la década de 1970, el grupo musical Los Bukis hizo famosa su canción los alambrados, donde se destaca y se enaltece el sufrimiento de los inmigrantes para llegar a este país, tal como lo dice en la siguiente estrofa: De México habían salido Hasta Tijuana llegaron Por no traer sus papeles De alambrados se pasaron Se cruzaron por el cerro Su rumbo habían agarrado Iban rodeando veredas Como lo habían acordado Era de noche y por eso La vigilancia burlaron Y por allá en Chula Vista Dos tipos los esperaron De esta manera, Roberto se convierte en un “alambrista” o un “alambrado”. Aquí se marca la diferencia entre el alambrado y el mojado. Este último se refiere el inmigrante indocumentado que cruza de “mojado” por un río, como comúnmente ocurre en zonas geográficas del estado de Texas. Para evocar este tipo de travesías, la música popular también se ha encargado de crear canciones para destacar las hazañas del inmigrante que desafía las aguas que dividen las fronteras. Una de las más populares es “los mandados” de icónico cantante mexicano Vicente Fernández, donde el inmigrante es un héroe que vence mil batallas, como lo vemos en la siguiente estrofa: Crucé el Río Grande nadando Sin importarme dos riales Me echo la migra pa'fuera Y fui a caer a Nogales Entre por otra frontera Y que me avientan pa' Juárez De ahí me fui a Tamaulipas Y me colé por Laredo Me disfracé de gabacho Y me pinté el pelo güero Y como no hablaba inglés Que me retachan de nuevo La migra a mí me agarró Trescientas veces digamos Pero jamás me domó A mí me hizo los mandados Los golpes que a mí me dio Se los cobré a sus paisanos Por Mexicali yo entré Y San Luis colorado Todas las líneas crucé De contrabando y mojado Pero jamás me rajé Iba y venía al otro lado Conozco todas las líneas Caminos, ríos y canales Desde Tijuana a Reynosa De Matamoros a Juárez De Piedras Negras, al Paso Y de Agua Prieta a Nogales En la actualidad, los cercos de alambre han sido reemplazados en su mayoría por muros metálicos a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México. Aunque existen áreas remotas donde solo hay este tipo de cercos de alambre. Países como España y Panamá también emplean estos cercos (más reforzados) en sus fronteras en su afán de detener la inmigración indocumentada. Alambrista está ambientada en la época de la década de 1970, por lo tanto, los cercos de alambre no eran tan altos y estaban menos reforzados. Roberto y un grupo de inmigrantes cruzan de noche de alambrados, pero no será un trayecto fácil. Una vez del lado estadounidense, los inmigrantes son detectados por la Patrulla Fronteriza que vigila la zona por cielo y por tierra. Sin embargo, Roberto logra escapar. Cansado y con hambre, llega a un improvisado campamento de inmigrantes donde le ofrecen café y comida. Se da cuenta que trabajar como indocumentado no es fácil pues en su primer día de labores en un campo de cultivos de tomates, se tiene que esconder de una redada de la Patrulla Fronteriza. Roberto logra escapar, pero no le pagan la jornada. Posteriormente, se va a trabajar a campo de fresas y se une a otro grupo de trabajadores que viven también en un campamento improvisado, incluso donde tienen que dormir en corrales hechos con alambre. En ese lugar conoce a Joe, otro inmigrante quien se convertirá en un amigo muy indispensable para defenderse como inmigrante recién llegado. Roberto se da cuenta que el campamento es parecido al de una granja de animales y se lo manifiesta a su nuevo amigo. Esto es un gallinero Pues somos pollos Joe habla inglés y vemos que, en algunas escenas con cortes cómicos, lo enseña a pedir comida en los restaurantes. Asimismo, lo alecciona a comportarse y desenvolverse con seguridad para evitar ser deportado o evitar llamar la atención de la policía. Roberto es sumamente callado y cohibido Sin embargo Joe le brinda la paciencia necesaria para el adiestramiento. Las escenas tienen semejanza con las que nos ofrece el director y actor Cheech Marin en la película Born in East L.A. (1987). En ella vemos como Rudy, el personaje central, es deportado injustamente a Tijuana a pesar de tener ciudadanía norteamericana. Mientras busca los medios para regresar a Estados Unidos, se gana la vida haciendo diferentes trabajos temporales Mientras un grupo de inmigrantes indocumentados asiáticos se preparan para cruzar, Rudy los entrena a comportarse como personas típicas de un barrio de la ciudad de Los Ángeles. Rudy no solo les enseña inglés sino también expresiones corporales para pasar desapercibidos ante las autoridades. Roberto junto a su amigo Joe viajan por zonas rurales del norte de California buscando empleo. Sin embargo, Roberto pierde a su amigo mientras viajan escondidos debajo de un tren. Llega sólo a un pueblo donde trabaja en los campos de cultivos de uvas y pepinos. Es allí donde conoce a Sharon, una mesera estadounidense, quien lo salva de un atraco y le brinda alojamiento. Con ella aprende más expresiones en inglés y desarrolla una relación afectiva. Cuando parece que todo marcha bien, Roberto es detenido y deportado mientras bailaba con Sharon en una fiesta. Una vez en la frontera mexicana, Roberto escucha la “oferta” de un coyote quien promete traslado y trabajo a Estados Unidos por una cuota de 200 dólares. Roberto vuelve a cruzar y trabaja en campos de cultivos de sandías. Junto con un nuevo grupo de inmigrantes, viven un campamento improvisado, esta vez dentro de un deshuesadero de autos chocados. Un día en el trabajo, ve como un hombre cae muerto en medio de los cultivos. Roberto se entera que la víctima es su propio padre, a quien no ha visto desde hace varios años. Más aún, se entera que su padre tenía otra familia en California sumándose a la lista de sus desgracias. Quizás una de las escenas más emotivas del filme es cuando Roberto entra en un ataque de ira y desesperación. Arremete contra todos y rompe con el silencio que lo caracteriza gritando las siguientes frases: No me gusta la comida Me quiero ir a mi casa, Ya me quiero ir Ya no quiero estar aquí. En dicha escena, Roberto encarna la imagen de un inmigrante derrotado. Sus gritos no son incoherentes, sino más bien reflejos de impotencia y de dolor. Inútilmente, vemos que Roberto ha tratado de todo para poder salir de la miseria. Sin esperanza alguna, camina por una carretera y bajo su propia voluntad, deja que las autoridades lo detengan y lo deporten. Mientras cruza la garita hacia México, es testigo de los sacrificios que tienen que hacer miles de mujeres inmigrantes que buscan un futuro mejor para sus familias en Estados Unidos. Con su mirada transmite su dolor y podemos escuchar una voz silente que le dice: no debiste haber salido de su pueblo. El silencio de Roberto irradia la suma de sus desgracias. De los archivos del cine fronterizo de los años de 1970, Alambrista es una película que logra retratar genuinamente el valor, el esfuerzo y la angustia de los inmigrantes que dejan a la familia atrás para emprender su odisea hacia este país.
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Por Juan Villa
I Carry You With Me o Te llevo conmigo (2020) de Heidi Ewing es una película que aborda la historia de una pareja gay que emigra a Nueva York en busca de realizar sus sueños. Los personajes centrales son Iván, un aspirante a chef de cocina y Gerardo, un maestro de escuela, quienes se conocieron en un centro nocturno de Puebla. Sin embargo, Iván vive con la continua nostalgia de regresar a México para ver a su hijo Ricky. El menor vive al lado de su madre, con quien tuvo una relación previa. Su estatus migratorio en el país le impide hacerlo. El reto de Iván es el mismo que enfrentan millones de personas que viven el drama migratorio: no poder regresar a sus países de origen. Si bien, durante las últimas cinco décadas el cine mexicano ha evolucionado en la integración de argumentos que abordan temáticas gais y de diversidad de género, la magia de Te llevo conmigo es que, su narrativa logra integrarlo a la realidad que vive el inmigrante indocumentado en este país. Este tipo de narrativa inclusiva la habíamos apreciado hace dos décadas con la película The Day Laborers o Los jornaleros (2003) de Lane Shefter Bishop. En ella vimos la historia de tres primos que cruzan de manera indocumentada a Estados Unidos. Uno de ellos es gay y tendrá que enfrentar los prejuicios de la época y los retos de adaptarse a una nueva cultura. Incluso, demostrar su “hombría” para salvar a uno de sus primos. Al igual que Los jornaleros, la película Te llevo conmigo tiene las vertientes de cine del inmigrante y cine fronterizo. Antes que todo, Te llevo conmigo es una historia de amor que desafía a la arraigada industria machista que ha dominado por años al cine mexicano. Las sutiles muestras de amor entre Iván y Gerardo quizá no alteran las pupilas del espectador como en su momento lo hizo “La Manuela” y “Pancho”, en los besos apasionados de la película El lugar sin límites (1978) de Arturo Ripstein o las escenas de sexo entre Ramón y Rodolfo en Doña Herlinda y su hijo (1984) de Jaime Humberto Hermosillo. Sin afán de violencia, Te llevo conmigo da un golpe bajo a los estereotipos perpetuados por la industria fílmica mexicana. La cineasta Heidi Ewing proyecta una historia de amor y sacrificios en medio de los estereotipos y prejuicios que prevalecen en el cine latinoamericano. Sobre este tema el académico David William Foster dice: Varias son las películas que desafían la heteronormatividad al poner en evidencia lo ridículo de sus imposiciones sociales e individuales. En el caso del cine, estos signos funcionan de una manera en particular elocuente, por la textura visual del género” (236-237) Te llevo conmigo sutilmente deconstruye otros rasgos machistas fomentados por la industria del cine a través de los años. Hay múltiples escenas dedicadas a este objetivo. Por ejemplo, con tomas de fondo borrosas y desenfocadas, Iván y Gerardo demuestran su amor con besos y caricias frente a un monasterio de Puebla. En ocasiones, durante el transcurso de la historia podemos escuchar la conocida canción “Amorcito corazón” interpretada por el actor y cantante Pedro Infante, considerado como uno de los grandes ídolos masculinos de la Época de Oro del cine mexicano. En otra escena, también podemos observar en un pequeño televisor las expresiones de valentía por parte del aguerrido Emilio “el indio” Fernández es una secuencia de la película La cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez. Por medio de flashbacks, Te llevo conmigo nos lleva a Puebla en el año 1994 donde Iván trabaja como empleado de limpieza en un restaurante mientras espera una oportunidad para entrar a trabajar a la cocina. Vive separado de la madre de su hijo, pero mantiene su responsabilidad hacia él. Ella desconoce que es gay. Cuando era pequeño se vestía con ropa de mujer con la complicidad de su fiel amiga Sandra. Gerardo le pide confesar su secreto a la madre de su hijo, pero Iván tiene miedo a las repercusiones, como lo vemos en el siguiente diálogo: ¿Ella sabe de ti? No se lo puedo decir, ya sabes cómo es la gente aquí Si le digo, no voy a volver a ver a mi hijo. Ella es la que decide cuando lo veo y cuando no. ¿cómo le vas a hacer para criarlo así escondido? Necesito tener un trabajo donde paguen más. He estado pensando en cruzarme al otro lado. ¿te vas a ir a Estados Unidos piscar uvas? Iván, somos gais. Nosotros no cosechamos aguacates. Antes de irse a Estados Unidos, Gerardo lleva a Iván al rancho de Chiapas donde vivía con su familia. Su padre mira a la pareja con reproche mientras comparten comida en la mesa. El machismo arraigado por generaciones resurge cuando le preguntan a Iván a lo que se dedica y él les dice, que lava platos en un restaurante. “Ese es trabajo de viejas”, dice el padre de Gerardo. Hay escenas con silencios y amarguras. Gerardo revive momentos de su niñez y recuerda que, desde pequeño su padre lo maltrataba por su comportamiento ante la sociedad. Recuerda específicamente la noche que lo sacó de la cama a la fuerza y lo llevó a un campo de maíz alejado del rancho. Allí lo amenaza, lo atormenta y lo abandona a su suerte. De esa escena rescatamos el siguiente diálogo: “Tú crees que no me da vergüenza que el pueblo anden diciendo esa chingadera. Yo te enseñe a ser hombrecito. Entonces por qué te comportas como una mujercita. Todo mundo en el pueblo anda diciendo que eres un “mambo”. ¿Sabes lo que le pasa a personas como tú? Los matan y las tiran al monte. ¿Así quieres terminar? ¡Aquí te vas a quedar para que aprendas! En Te llevo conmigo las escenas no son secuenciales. De pronto vemos como Iván y Sandra se preparan para irse a Estados Unidos. No será un viaje fácil, tendrán que caminar varias horas por una zona del desierto fronterizo. Además, la lealtad que existe entre ellos se pondrá a prueba cuando Sandra está a punto de desfallecer. En medio de la noche abordan un camión con otros inmigrantes mientras prestan atención a las instrucciones del coyote: “escuchen todos. A partir de ahora van a hacer lo que yo les diga. ¿Entendido? Los coyotes dudan que Sandra sea capaz de aguantar la jornada. Uno de ellos dice: ¿está muy gorda, no la va a armar? El grupo de inmigrantes cruzan de noche por una zona de vegetación desértica y son abandonados a su propia suerte. Al final, logran llegar a Nueva York. Se establecen en una modesta vivienda y comienzan a trabajar. Iván extraña a Gerardo y a su hijo mientras que la nostalgia invade a Sandra quien ya se quiere regresar. Gerardo trata de tramitar una visa para irse también, pero la embajada se la niega. Finalmente logra cruzar de manera indocumentada para reunificarse con su amado. Iván valora este sacrificio: “viniste a mí, dejaste todo”. Te llevo conmigo rompe con la narrativa cuando los verdaderos personajes de la historia comienzan a difundir su testimonio a manera de documental de cine. La actuación de los personajes de Te llevo conmigo se intercalan con los testimonios reales de la pareja. Vemos videos y fotografías originales de su archivo personal. Ellos logran establecer un restaurante en Nueva York donde Iván puede cumplir sus sueños de ser chef. Las metas personales se cumplen, pero hay tristeza en sus ojos pues, han pasado dos décadas sin poder regresar a México para ver a su hijo Ricky. Iván logra el sueño americano, pero su felicidad es incompleta. Su mente está en su hijo mientras vagan los recuerdos “a veces confundo los sueños con las memorias”. Esta película tiene una sólida narrativa con un gran potencial estético. Al verla completa y sin interrupciones nos brinda una experiencia sensorial. Hay silencios, elementos visuales y sonoros que transmiten energía e impotencia. En lo visual, las luces, colores y sombras marcan un tono nostálgico que, asociado con el sonido, brindan una atmosfera de dolor y desesperanza. En ocasiones el espectador participa imaginando los diálogos e invitándolos a la reflexión. Te llevo conmigo es una valiente historia de amor que expone los sacrificios de los inmigrantes, la homofobia y la imposibilidad de tenerlo todo. Obras citadas Doña Herlinda y su hijo. Dir. Jaime Humberto Hermosillo. Perf. Guadalupe del Toro, Antonio Treviño. Clasa Films. 1984. El lugar sin límites. Dir. Arturo Ripstein. Perf. Roberto Cobo, Ana Martín, Gonzalo Vega. Conacite Dos. 1978. Foster, David William. “Apuntes Sobre el Cine Queer en América Latina.” Hispanic Journal, vol. 26, no. 1/2, 2005, pp. 233–42. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/44284792. Accessed 9 June 2025. I Carry you with me. Dir. Heidi Ewing. Perf. Armando Espitia, Michelle Rodríguez, Christian Vázquez. Sony Pictures. 2020. La Cucaracha. Dir. Ismael Rodríguez. Perf. Emilio Fernández, Pedro Armendáriz, María Félix. Películas Rodríguez. 1958. The Day Laborers. Dir. Lane Shefter Bishop. Perf. José Caro, Ricardo Molina. Amigo Films. 2003. Por Juan Villa
Reseña de la película Pan y rosas Por Juan Villa Existen pocas películas que logran abarcar los múltiples retos de los inmigrantes en Estados Unidos, una de ellas es Pan y rosas (2000) de Ken Loach. La película lleva el título original en inglés de Bread and Roses y gracias a su buen argumento y actuaciones, logró ser nominada en el Festival de cine Cannes. Además de la dirección del británico Ken Loach y la narrativa con características de un cine global, habría que destacar que la película integra a actores mexicanos y estadounidenses. Entre ellos Adrien Brody, George López, Elpidia Carrillo y Pilar Padilla. Este tipo de cine con figuras representativas del cine mundial se ha mantenido vigente a través de los años. Fue el caso de la película Frontera (2014) de Michael Berry donde incursionaron estrellas de la pantalla tales como Eva Longoria, Ed Harris, y Michael Peña. Aunque Pan y rosas apareció en el cine hace 25 años, conviene revivir los factores representativos de la experiencia del inmigrante en este país. Sobrevivir el cruce y secuestro por parte de los coyotes serán solo algunos de los grandes obstáculos para una joven inmigrante indocumentada, pues experimentará los conflictos familiares, la desigualdad y las injusticias laborales una vez instalada en este país. La película nos habla de Maya, interpretada por Pilar Padilla, una joven mexicana que decide cruzar la frontera de manera indocumentada para reunificarse con su hermana en California. Cruza la frontera junto con otros inmigrantes por una zona remota de arroyos y alta vegetación burlando así la vigilancia de la Patrulla Fronteriza. Con tomas de cámara en movimiento al estilo Blair Witch Project (1999), vemos en las primeras imágenes a Maya y al resto del grupo de inmigrantes corriendo por veredas improvisadas para poder llegar a una camioneta donde los esperan los coyotes para su traslado a territorio estadounidense. Este tipo de secuencias las hemos observado a través de la historia del cine fronterizo. En la época en los 80 aparecieron filmes en México con este tipo de escenas, sin embargo, con menor estética. Una de ellas fue Las pobres Ilegales (1982) de Alberto Mariscal. Las películas eran éxito en taquilla pues se proyectaban estrellas mexicanas de la pantalla y de la música como Yolanda del Río, Mario Almada y Carmen Salinas. El traslado ocurre en horas del día y durante el viaje, Maya puede apreciar el tránsito y las rutinas de miles de californianos. Hay miradas de asombro y de nuevas ilusiones ante su pronta reunificación con su hermana y su familia. Pero también podemos augurar su incertidumbre en su triste rostro. Finalmente, llegan a un callejón de la ciudad de Los Ángeles donde los coyotes liberan a cada uno de los inmigrantes mientras sus familiares pagan el resto de la cuota por el traslado. Todos son liberados, menos Maya. Su hermana Rosa interpretada por la actriz (Elpidia Carrillo), llega justo a tiempo a recogerla, pero no trae el dinero completo. Ante ello, los coyotes se rehúsan a liberarla y deciden llevársela. Vemos aquí una de las escenas más desgarradoras del filme cuando uno de los coyotes retiene a Maya en el vehículo mientras el otro, amenaza a Rosa con una navaja impidiendo que se la lleve. Maya es encerrada a la fuerza en el vehículo y pide ayuda mientras éste comienza a avanzar. Los rostros de desesperación y el llanto de las hermanas se suman al historial de sus vidas. Rosa persigue el vehículo, pero todo es inútil. Los coyotes aceleran y la camioneta se pierde entre la cotidianidad de la urbe. En los primeros cinco minutos de la película vemos que el traslado de Maya a Estados Unidos se ha convertido en un secuestro o incluso, en algo todavía mucho peor. Este tipo de dramatizaciones es frecuente en el cine de la frontera. De hecho, anteriormente la propia actriz Elpidia Carrillo había interpretado el papel de María, una joven indocumentada en la película The Border (1982) de Tony Richardson. En ella, la joven sufre el secuestro de su pequeño hijo, quien después es rescatado por el agente de la Patrulla Fronteriza Charlie Smith, interpretado por el reconocido actor Jack Nicholson. En el caso de Pan y rosas, Maya tendrá que ingeniárselas para huir de los coyotes y evitar ser abusada sexualmente. En la siguiente etapa de la película vemos que el argumento nos ofrece un giro temático centrado en las injusticias laborales. Maya consigue trabajo, pero no será fácil adaptarse como empleada de limpieza en un importante edificio de la ciudad. Ella sabe el idioma inglés necesario para desarrollarse en sus funciones, pero desconocía el nivel de corrupción y maltrato que sufren los empleados de esta industria. Su hermana Rosa ayudó en la contratación, pero el acto no fue gratis, ya que el supervisor “Pérez” (interpretado magistralmente por George López), les cobró una cuota por el trámite. Vemos aquí los primeros tipos de abusos que sufren los trabajadores. Maya aún no empieza a trabajar y ya es notificada que parte de su sueldo le será descontado para pagar la cuota por su contratación. Maya y sus compañeros usan uniforme de limpieza de la compañía “Ángel” durante sus jornadas laborales, los ejecutivos del edificio prácticamente ignoran su presencia y los hacen sentir menospreciados. En una de las escenas, Maya y un compañero limpian la entrada de uno de los elevadores mientras un grupo de ejecutivos pasan casi por encima de ellos. El compañero de Maya exclama: “mi teoría es que estos uniformes de limpieza no hacen invisibles”. Las complejidades de la trama aumentan cuando aparece Sam Shapiro, (interpretado por Adrien Brody), un organizador sindical que busca las mejoras salariales para los trabajadores de la limpieza. Maya desarrolla una relación afectiva con Sam. Lo apoya y organizan una protesta que traerá fuertes repercusiones. Aunque con escenas más ligeras este tipo de situaciones nos remite a las ocurridas en la comedia romántica From Prada to Nada (2011) de Ángel Gracia. En ella vemos como un grupo de empleados de la limpieza se unen en un litigio para demandar a la compañía donde trabajan, por pagos salariales atrasados y omisión de horas trabajadas. La demanda es liderada por Nora Domínguez (interpretada por Camilla Belle), una joven abogada mexicoamericana que logra vencer no solamente las barreras del idioma sino los márgenes legales de un corporativo. En Pan y rosas vemos que la discriminación y el abuso laboral ocurre mayormente al personal femenino. La mayoría de los empleados son mujeres procedentes de diferentes partes del mundo. Chandra Talpade Mohanty en su libro Feminismo sin Fronteras (2003), afirma que “las mujeres de ciertas razas, clases sociales y estatus económicos son necesarias para la operación de la economía global. Las fábricas y los lugares de trabajo de las corporaciones globales buscan la disciplina de la labor de pobres inmigrantes del tercer mundo, de mujeres inmigrantes y sobre todo mujeres de color procedentes de Asia, África y Latinoamérica” (245-246). Quizá una de las escenas más dramáticas de Pan y rosas sea cuando Maya confronta a su hermana Rosa por haberlos delatado ante el supervisor “Pérez” por la organización de los empleados y participar en el sindicato de limpieza. Es aquí donde Rosa le confiesa a Maya las razones por haberlo hecho. Además, le revela el secreto de su tormentosa vida que ha llevado desde que salió de México a buscar un futuro mejor en Estados Unidos. Para ayudar a sacar a la familia adelante económicamente, Rosa tuvo que recurrir a la prostitución y mantenerse callada. Se vio obligada a vender su cuerpo para poder enviarles dinero incluso, desde que vivía en Tijuana, antes de cruzar a Estados Unidos. Además, debió tener relaciones sexuales con Pérez para que éste le diera el trabajo a Maya como empleada de limpieza. A través de los años Rosa ha callado para conservar su trabajo y poder ayudar a su esposo quien está gravemente enfermo. Pan y rosas abarca diferentes matices que incluyen la migración indocumentada, el salvajismo de los coyotes, las injusticias laborales y el alto precio que pagan miles de mujeres para poder ayudar a sus familias. No sólo son víctimas de largas jornadas laborales y salarios bajos sino también de explotación sexual. En la etapa final de la película Maya, tendrá que recurrir a actos ilegales para poder traer un poco de la justica robada a sus seres queridos. Ella sabe que sus sacrificios no se comparan a los ha tenido que hacer su hermana Rosa para poder sacar adelante a su familia. Obras citadas From Prada to Nada. Dir. Ángel Gracia. Perf. Camilla Belle, Adriana Barraza. Pantelion Films. 2011. Frontera. Dir. Michael Berry. Perf. Eva Longoria, Ed Harris. Magnolia Films. 2014. Las pobres Ilegales. Dir. Alberto Mariscal. Perf. Yolanda del Río, Carmen Salinas. Producciones del Rey, 1982. Mohanty, Chandra Talpade. Feminismo Sin Fronteras: Descolonizando la Teoría, Practicando la Solidaridad. Duke University Press, 2003. Pan y rosas. Dir. Ken Loach. Perf. Pilar Padilla, Adrien Brody, Elpidia Carrillo. Alta Films, 2000. The Border. Dir. Tony Richardson. Perf. Jack Nicholson, Elpidia Carrillo. Universal Pictures, 1982. |
AutorJuan Villa es periodista e investigador de cine y literatura de la frontera. Su trayectoria incluye radio, prensa escrita y televisión. Cuenta con estudios de doctorado y Maestría en español de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). También es egresado de la Escuela de Periodismo Walter Cronkite (ASU). Es autor del libro Coyotes en el cine fronterizo (2011). Archives
September 2025
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