|
Por Violant Muñoz i Genovés
En su segunda novela—tras el aplaudido debut La noche de arena—Trifón Abad confirma su prometedor paso por el thriller español con La víctima perfecta (Grijalbo, julio de 2025). En apenas unas páginas, esta narración de 352 páginas se articula alrededor de un secuestro tan extraño como angustioso, un rompecabezas psicológico que revela a una voz inédita en la novela negra nacional. La premisa inicial es sencilla pero potente: Gonzalo, un niño adoptado, alumno de altas capacidades, retraído, rodeado de admiradores por su talento —su profesor de ajedrez, su familia adoptiva—, se convierte en la “víctima perfecta”. No por su debilidad, sino justamente por sus características: los abductores lo eligen por ser un objetivo improbable, fuera del radar. El narrador, implícito entre las líneas, lanza una pregunta que late en cada página: ¿quién puede secuestrar a un niño así? Lo que sigue es una “angustiosa cuenta atrás”, como lo describe la contraportada: una forma de contar la tensión sin arquetipos, sin policía novelado ni héroes simbólicos, sino testigos atrapados entre el miedo y la impotencia. El principal acierto de Abad está en su decisión estilística: prescindir de policías, detectives o giros rocambolescos. El realismo apenas se bordea; lo que prevalece es la psicología de un niño arrestado del futuro y los ecos de su calvario. Esta ausencia de moralistas o salvadores fortalece la atmósfera de confinamiento: Gonzalo está aislado, asfixiado por las piezas de su propio cerebro, y el lector con él. El talento narrativo de Abad, periodista y filólogo, se filtra en su prosa: precisa, tersa, evitando la pirotecnia. Apela al vértigo emocional, no al sensacionalismo. Es precisamente esa frialdad lírica la que genera la tensión: la sensación de que las respuestas se alejan mientras los segundos corren. Es en la estructura temporal donde radica otra de sus fortalezas. Abad diseña una suerte de tablero de ajedrez narrativo: los jugadores se mueven, se enfrentan, pero no se ven. Hay estrategia, hay inteligencia matemática, pero también azar. El lector, como un peón avanzado, asiste sin saber qué movida provocará jaque mate. Este formato, que mezcla la planificación de un juego mental con la emoción de un thriller, imprime al libro un ritmo increscendo. La información llega fragmentada —una llamada, un mensaje, un cambio de vigilante—, y cada pieza encaja con la precisión de una partida bien pensada. No hay violencias explícitas, pero el suspenso resulta más brutal por su contención. Los personajes gravitan en torno a Gonzalo sin tomarle protagonismo. La madre adoptiva, el profesor de ajedrez, los servicios sociales… todos se sienten insuficientes. Son siluetas colocadas en un escenario que no les permite actuar con normalidad. No es la investigación policial lo que interesa a Abad, sino el vacío entre lo que se sabe y lo que no, entre el tiempo perdido y el tiempo que no vuelve. Destaca la ausencia de contexto autoral o de motivaciones triunfalistas. El secuestrador es una voz lejana, nunca humanizada; su planificación, un compendio de lógica y extrañeza. Su rostro no importa. Importa el dilema: ¿cómo rescatar algo que ni siquiera sabemos qué es? Publicada a mediados de julio en Grijalbo, La víctima perfecta está diseñada para un consumo eficaz, con su edición en rústica de 352 páginas, muy competitiva en precio (20 € aprox.) Su edición digital (eBook multimedia) añade capas: enlaces, ambientaciones sonoras, material visual… aunque ninguna desplaza el impacto de la lectura en papel. La voz literaria de Abad, sustentada en su experiencia docente, da prioridad a la palabra precisa —no a la frase adornada. Esa economía léxica —quizá aprendida de la narrativa breve— construye un pulso narrativo que no se distrae, que no juega al gore, que jamás se adelanta. La noche de arena presentó la voz íntima de jóvenes al límite, y fue valorada por su atmósfera contenido y tensión próxima. La víctima perfecta amplifica esa tendencia. Ahora, Abad expande el conflicto al relato de secuestro sin brillos, con la mirada fija en los efectos sobre el capturado y no sobre el captor. En el panorama nacional, sus novelas emergen frente a otros lanzamientos más espectacularizados (Zafón, Pérez-Reverte, Vargas Llosa). No buscan epopeya, sino detalle, no escenarios extraordinarios, sino trincheras domésticas. Y esa es su virtud: distinguirse por lo íntimo. La víctima perfecta es un ejercicio de tensión clínica. Abad no necesita sabueso, no necesita villano, no necesita golpes. Basta su prosa, su estructura, su conciencia del tiempo detenido. Este thriller es un traje hecho a medida del género, un relojero narrativo que plantea preguntas: ¿a quién rescatas cuando no sabes ya a quién buscabas? Es, en suma, una confirmación: aquel autor que debutó con poder, vuelve con algo más complejo. Ya no le basta la pista; ahora quiere el silencio. Y en ese silencio, aparece la auténtica víctima.
0 Comments
Leave a Reply. |
Violant Muñoz i Genovés
Archives
November 2025
|
RSS Feed