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Barrioztlán

Canto y tacos

9/21/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

La clausura de la XIV Davidiana: Imagen, Pentagrama, Arte-sana y Signos fue lo mejor de la jornada: una performeada para el recuerdo, panzas y un centenar de oídos más que satisfechas lo atestiguaron. 

Fue en el Jardín Comunitario en esta Sonora del Norte, al lado del canal. 

Por un lado, cuatro manos directitas de la mera Capital Mundial del Taco, con eficiencia que envidian los ejecutivos, cual magia, pronto sentaron una cocina portátil y raudos llenaron panzas con la delicia del glotón. A pesar que ya en las noches, para evitar pesadillas, no acostumbró abrumar mi estómago, el Espadín me atrevió a despachar cinco de adobada, con su salsita colorada.

El calorón de la plancha fue superado por las llamas emitidas por la trovadora de ensortijada cabellera. Con enjundia que ya la quisiera para dominguear y ruego nunca abandone, paseó a los suertudos asistentes por las alturas. Cual torbellino cantó clasiquitas como Yolanda y Sombras, desfiló jocosas agudezas, mandó saludos que volaron hasta Nogalitos, su patria chica, dedicó canciones a los limpios y a los rudos, Hijos… míos; ni un pie acalambrado le impidió saludar a una chilena, y de paso, alargar el ensueño, sin dejar de trinar se sentó unos instantes, se incorporó y siguió solfeando y cuando le pidieron que pregonara una última oportunidad de satisfacer la gula, pues los taqueros estaban por cerrar,  dijo, sin perder pisada, Esa no me la sé. 

He escuchado decir a mis amigos que por los enmarañados corredores de  la música se atreven, que frente al micrófono, en rarísimas ocasiones las musas los favorecen, entran en un trance y ya eléctricos llegan a enchufarse. 

La noche de la clausura se alinearon los astros. Cobijado por la artisteada, la performance de tacos y cantante me transportó, alimentó mi alma y por una noche me alivió de achaques y demás miserias covidosas.

Esa noche: David Muñoz sonreía.

Performearon: Concepción Jiménez (voz), en el fogón Cesar y Silvia, larga vida para esta Tercia de Ases.

(Foto: Mónica Vilches. En Peregrinos III; 04.XI.2021) 
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Chuales

9/13/2023

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Saúl Holguín Cuevas medita como la vida se desgasta y no retoña, aunque a veces parece que sí, por breves momentos.

ESPERO que cuando me estén creciendo malvas en el ombligo, durante la cuaresma mis nietos puedan escapar, aunque sea por un instante, del hartazgo de conejos, huevos de plástico semi escondidos, chocolates y demás azúcares capitalistas, y se les permita disfrutar un platillo de chuales. Granos de maíz deshidratados, desquebrajados y cocidos en un guiso caldoso. 

Cuando se fue mi madre, por todos conocida en el barrio como La Nana, aparte de la orfandad caí en un laberinto de comidas chatarra. Dejen les cuento como volví a degustar, después de mucho tiempo, este humilde platillo.  

En vida de la Nana otro gallo cantaba. En su pequeña, pero generosa cocina siempre había fuego y un zancarrón que morder. En ese rincón mágico se fraguaron mis recuerdos de los manjares del pobre; nopalitos, condoches, gorditas, chocholucos (bizcochitos), frijolitos, atoles, sopa de fideo, menudo, cocido de huesos y tantos otros, pero por encima de todos se elevaron los tamales. 

Ya de regreso al presente, en vísperas del miércoles ceniciento me encontré en el Mercadito y Carnicería Sepúlveda en busca de tortillas Águila, las únicas que valen la pena en toda la Finiquera. Vi unos chuales, aunque de segunda categoría los llevé a casa, imploré a la cocinera me los preparara para celebrar la apertura de la cuarentena. 

Pasó el tiempo. 

Ya en plena Semana Mayor, Jueves Santo para ser exacto, con extrema cortesía, podría decir que de rodillas pero, eso ya sería exagerar, volví a suplicar. Pactamos para el día siguiente. De antemano, la doñita, que es de pocas pulgas, me amenazó que si atrevía el más mínimo juicio crítico del guisado, las pasaría muy mal. 

Se dio la tarea de auscultar la telaraña en pos de videos campiranos sobre la mejor manera de preparar el guiso cuaresmeño. 

Contentote vi como bramó una olla, una cuchara de palo llegó a mi paladar en busca de un visto bueno. Soy güey pero, no tanto, aprobé con una sonrisa. Me serví una, dos, tres porciones: sublimes. 

Los granos se elevaron cortesía de un potente caldo de pollo cocido con sal, ajo y cebolla. Este detallito es importante. Recuerden que antes la Iglesia prohibía comer carne durante la cuarentena. El caldo no estaba vedado, mientras no incluyera pedacitos de carne. Pero los tiempos mudan, el chiquihuite y el ayuno ya quedaron atrás, por mucho que el Pontifex Maximus con una mano lave pies ajenos y con la otra alcahueteé a sus hordas pederastas.

Me ha llegado noticia de un libro que trata el tema, Cocina de cuaresmo en Durango: Entre el ayuno y el banquete (2022) autoría de Jaime Iram Vargas Barrientos. 
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Sushi

9/13/2023

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Saúl Holguín Cuevas va de pesca

COMER pescado y marisco crudo parecerá una herejía, no lo es, inclusive, puede manifestarse sublime. 

Recuerdo el inmenso gusto con que mi padrino José Mijares despachaba un coctel de ostiones servido en un puestecito del Mercado Juárez o de la Alianza, ese colorido, desordenado amontonadero de comerciantes, mercancías y marchantas. 

Recuerdo al nunca olvidado, Víctor Mendoza ilustrarme en el fino arte de gustar el sushi, allá en Sun Valley, en un resta ya tanto tiempo desaparecido. 

Recuerdo una entera y larga mariscada suchizera con Juan, allá en Redwood City, todo lo dejamos en manos del maestro Masa.  

Recuerdo una visita a un mini en Tzukiji, en Tokio, donde me atranqué de abulón y, mi hijo Marcial, de pulpo. 

Recuerdo los platillos en la modesta casa de la Chatamar, en el mero Estero, al lado de Punta Banda, cerca de la bufa, bufa, Bufadora, en la ayer tranquila hoy conflictiva Baja. Sin presumir y, como recordarás Carnal Amador, ahí una langosta, una chula (bonito), erizos, se comían recién arrancados del Pacífico; se desayunaba una machaca de tiburón envuelta en tortillas de harina, modeladas por  la mano de la anfitriona. Hoy, tal frescura marítima, con mares contaminados y proliferación de criaderos artificiales, se torna casi imposible.

Recuerdo un cebiche de camarón modelados por la paciente mano del Troyano y consumido a veinte minutos de su preparación. 

Recuerdo unos callos que mi cuate y vecino desde la adolescencia, Enrique Sánchez, me invitó en el Negro Durazo de Tiajuana (el local original en Plaza Río), llegaron unos muchachos con hieleritas, mismas que habían transportado vía aérea desde Sinaloa, ¿más fresquitos?, imposible. 
Y nunca olvidaré las tantas magias preparadas por las manos de mi amigo André. Forjó su saber gracias a un aprendizaje que le impartió un severo maestro entrenado en el mismo Japón. A pesar de la vulgarización del sushi que ahora se oferta como si fuera insignificante mamuncia, maestro y discípulo mantienen sus elevados estándares de calidad y rehúsan  servir imposturas, empezando por la tardada preparación del arroz, base del platillo.  

Resignado, me alimenta el recuerdo, el bolsillo me prohíbe un viaje a la Tierra de los Venados ó acercarme a lujosa marisquería donde el chef, con preciados ingredientes traídos en avión desde mares lejanos, se atreva a las alturas.

Me invadieron tan agradables recuerdos el otro día que mi Carnal Amador me brindó una jornada en un templito en la presumida Tarzana. Nos adentramos en el teatro del mago Eddie: su variedad de peces, echados al nado entre sorbos de cebada, nos elevó a zonas etéreas donde aromas y sabores subliman artísticos platillos al alcance de tres dichosos.

Gracias Padrino, Víctor, Juan, Masa, Chatamar, Enrique, Troyano, André, gracias benditos hijos de la Mar, gracias Carnal, gracias chefs: por regalarme breves momentos que atesoro y, por brindarme un breve reposo de la casi basura que por todas partes ofertan: tortillas de papel, café enchapopotado, bolas de masa simulacro de tamales y bolas de harina impostoras que ofertan como pan. 

Sushi Iki (Fresco), Tarzana en la Alta California de Amadís, si por ahí se atreve, cargue las alforjas.
(Foto de Yumi Kimura. Versión temprana de esta croniquita apareció en Peregrinos II, 2.IV.2020).
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A media Lux

9/6/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

Saúl Holguín Cuevas, entre carneros, se toma un chanate chafón.

QUÉ extraño gusto ir a un café donde no hay un asiento cómodo.

Qué enferma costumbre patrocinar un sitio donde la cacofónica música y el eco de los
techos bajos desmadejan la charla.

El café es apenas tolerable, la repostería mediocre, toscas las pinturas en las paredes,
pasaderos los desayunos; dicen que los alcoholitos mezclados son buenos, aunque careros.

Me acerqué a Lux, traje bolígrafo, pero se me olvidó el papel, me puse a observar.

A Lux la gente va a desfilar sus esbeltos y morenados cuerpos. Caen chavos a presumir que
tienen una computadora Apple. Otros van a pretender que dibujan o escriben la Great
American Novel
, pues el dueño presume de ser poeta, quizá lo sea, eso sí, es un buen
mercader. Por todos lados maquinillas de escribir inservibles, ni un papel, ni un lápiz, ni
una pluma, ni un carboncillo siquiera, maldición.

Mientras sudo la canícula en la calcinada Finiquera (Phoenix), añoro estar en la
despercudida Sandiego, o en la cafetería Intelligencia en Santimónica precios cariñosos
(caros). En ambos litorales despachan cafés como Lux, con un poco más de hipocresía.

Hurtos a mano desarmada amortiguados por el benévolo clima.

Despachó la tetera latte y salgo para no volver.

(FOTO: Jorge Camarón [Reies García Esquivel]; croniquita publicada en Peregrinos III;
12.I.2022)
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Espresso

9/6/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

TROYANO: dice el maistro [1] que lo fácil es difícil. Tiene razón, veamos: para tortear se necesita maíz, cal y agua; [2] para la cerveza, cebada, lúpulo, a veces levadura [3] y agua; para el pan, harina, levadura y agua, entonces porque no los hacen bien. El café entra en esta categoría, aventarles agua caliente a unos granos tostados y molidos, pero…

Recién desempacado en Arizona me adentré en El cafetal, Coffee Plantation de Tempe, probé un Blue Mountain jamaiquino. Quedé impresionado con el satinado sabor, pero más con el precio US$40/lb. [4]. Con el tiempo, el sino me llevó al Kona jaguaiano; al Yauco Selecto de tierras boricuas; a una sesión donde se tostó un Yrgachefe etíope frente a mis narices y se sirvió en pequeñas tacitas por dilatada partida triple para estimular la plática.

También mantuve provechosas charlas informales con un vecino, agente de una casa tostadora en Seattle que oferta alrededor de 160 diferentes granos, gustamos algunos, el Kenia AA era su favorito. También mucho aprendí del tico Rolando Cortez, propietario del Café Cortez en Tempe.

Recuerdo con satisfacción: un corretto con grappa de la Tazza d’Oro en Roma; en Santa Mónica un espumoso en Intelligencia; un Carajillo con brandy en una ya olvidada cafetería cerca de la Complutense en Madrid; un Café Colón tostado en el Mercado Juárez y, degustado con pan francés untado con mantequilla, medio siglo atrás, en casa de mis padrinos, una fría mañana en Torreón; [5] café de olla en quien sabe que parte de México, quizá Veracrú, Guanajuato o ambos; entre los recordados hay un café con piquete, fue un funeral en Zacatecas o en Torreón.

No olvido una cabalgata por calles del pluvioso Seattle en busca de la Gloria Cafetera. Cierto en esa costa no se cosecha un grano, pero es tanta la fanaticada que alberga algunas 70 casas donde se tuesta. Conste, el café perfecto no existe, si acaso existiese el único que llegó a conocerlo fue Kaldi, el mítico pastor etíope que lo probó por vez primera. [6] Poderosa razón para continuar en la búsqueda. No soy un obsesionado, pero sí lo soy.  

En Seattle por un instante me pareció vecinar la gloria, esa elusiva condensación de granos de tierras volcánicas en su versión más que prieta.  La onda transcurrió maomeno así. 

Llegué, pediché un espresso, me preguntó el barista:

¿De cuál?
¡Ah cabrón!, primer dilema a resolver. 

Paciente me enseñó un mapa de la Bota, Es por regiones, empiezas en el norte, bajas a Firenze (Toscana y región norte), a Parioli (Lazio, área central), a Capri (Campania, el sur) y concluyes en Taormina (Sicilia). En este viaje imaginario, entre más se viaja norte sur, más cala el sol, la gente, la campiña y el café se van morenando, africando. ¡Ay Bota eterna, el  sol y el mar! 

Pues, castígame con un chichiliano. Y mientras fisgaba el meticuloso operar del barista, pregunté por la cafetera espresso, una Synesso. Me ilustró que se diseñó con exclusividad para el clima gris de Seattle. 

Caffé D’Arte me sirvió una tacita que me quedé sopesando si en mi miserable vida se me había regalado tal bálsamo. Tal magnificencia no se puede alcanzar en casa. Se necesita una máquina potente, diseñada para extraer toda la esencia del grano, reciente tueste adecuado en tostadora a leña, barista ducho, agua filtrada, un clima lagañoso, lacrimoso de preferencia, y unos tanguitos, blues, morna o fados jimiriqueando desde la vellonera.

Éxtasis. ¿Acaso, por fin los olímpicos me permitieron cuatro sorbos del café perfecto?
(Foto: José Reyes García, un espresso de Intelligencia (Santa Mónica). Versión temprana de está croniquita: Peregrinos III; 09.II.2022)

1 Es correcto, así se le dice en mi Tierra a los que tienen destreza en algún oficio, como el
carpintero que aprendió de su padre y de su abuelo a usar instrumentos manuales; así se
distingue del maestro de escuela por lo general, letrao.

2 Para no hacer el cuento largo, de las tortillas no incluyo cocerlas sobre un comal de
barro con leña de encino, como las nunca olvidadas hechas de maíz cosechado de la huerta
familiar, desgranado en elotera y cocido la tarde anterior. También me atrevo a recordar
unas sublimes tortillas de harina (harina, agua y manteca de cerdo) en casa de la Chatamar.

3 Algunas cervezas se elaboran al natural, fermentación espontánea de la levadura que
hay en el aire.

4 Hablo de 1991, esos 40 dólares de entonces, hoy (2023), equivalen a $89.78.

5 No incluyo un lechero en La Parroquia de Veracrúz, cuando estaba en los mágicos
Portales. Al echar leche al café, como a un biberón, se maldice y se esconde la falta de
calidad del grano, que en la Parroquia era mediocre, como lo demostró un espresso que
pedí. El café se toma negro, sin azúcar, sin crema ni demás artificios. Lástima, tomando en
cuenta que Veracruz produce granos de los mejores como Zongolica y Coatepec.
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Berlanga

8/31/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

RECUERDO, allá por el 73. En la Valencia de Luis Vives, Sorolla, Blasco Ibáñez, unos cuates me sugirieron el cine del valenciano, Luis García Berlanga. 

Fue apenas el otro día (45 larguiruchos años después), gracias a Criterion, y tras abonar lo estipulado a los usureros del éter, que por fin pude apreciar lo ya tanto tiempo pospuesto. 

Recomiendo tres películas: BIENVENIDO MR. MARSHALL (53); CALABUSH (56); y EL VERDUGO (63). Todas rodadas en la España fascista de Franco, cuando había que empeñar los ideales para poder filmar con el visto bueno de la castrante censura frailuna–facha de entonces; una opción: confundirlos con la risa. 

Bienvenido critica el Plan Marshall (para reactivar la economía europea después de la Segunda Guerra Grande) que solo dejó esperanzas frustradas. La cinta va a menos por culpa del narrador, aunque sea el gran Fernando Rey, nada aporta. 

Calabush (rodada en la paradisiaca Peñíscola) trata de la paranoia desatada por la irracional competencia nuclear que nos tuvo y aún nos tiene a un paso del suicidio colectivo, el fin de nuestra especie. Presenta al contrabandista y al guardia civil como enemigos solo en apariencia. Mientras que la autoridad se beneficia del licor decomisado, el bandido vive a pierna tirante en la cárcel, auténtica pensión donde de gratis come bien, duerme y pasa el tiempo al aire libre, inclusive continúa su ilícita labor. Por si fuera poco, la puerta de la cárcel se atranca desde adentro. Huir sería ilógico. 

Con El verdugo Berlanga trepa a la cumbre. No conviene olvidar que en la España de entonces, el garrote vil aún se usaba para asesinar a los enemigos del régimen. Consiste en clavar un tornillo en la nuca del condenado, causa la muerte de la forma más cruel. La guillotina, el patíbulo, la cámara de gases son iguales de crueles, pero el garrote causa singular repulsión. En el film, un empleado de una funeraria se casa con la hija del verdugo y hereda la macabra ocupación del suegro. 

Las tres cintas se ambientan en un pueblito que representa al país. La Iglesia y la burocracia salen averiadas, factor que valora aún más la visión del director y sus colaboradores, pues se las ingeniaron para burlar la férrea censura de entonces. 

Cintas para llorar los achaques de nuestra bárbara civilización con su pena de muerte, la amenaza del holocausto nuclear, las huecas promesas de los políticos, y por encima de estas calamidades, el cruel engaño en el que los sotanudos pederastas mantienen al pueblo en perniciosa ignorancia. También provocan la risa, lo irracional va disfrazado de normalito. 

Estos días ocupamos un Berlanga para que entre risas desnude la asonada kukluxkanera que nos ahoga.

Como vamos pronto emularemos los días del garrote vil. 

(Zarateman, foto de una estatua del director. Versión temprana de esta croniquita apareció en Peregrinos II, 21.I.2020).  

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Alice Guy

8/31/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

ALICE Guy es la mujer más importante del cine silente. 

Durante su niñez vivió en Chile, su padre fue propietario de unas librerías.

Ya en París se inició como secretaria de Gaumont, uno de los primeros estudios de cine, aún perdura.  Entonces trabajar en el medio implicaba ser una milusos, desde barrendero hasta actor, inclusive director. No estaban definidos los roles, ni había especialistas. Filmar consistía en echar la cámara a andar, frente al mar, un bebé o gente caminando.

A Alice y al poeta del cine, Méliès, se les ocurrió filmar una historia, una especie de pequeño cuento.

Ya en 1896 Alice rueda El hada de los repollos (corto de 50 segundos), donde cada repollo cosechado, por arte de magia, se torna en bebé. 

Los resultados del feminismo (1906; 7 minutos) es una parodia donde se invierten los papeles, los hombres (hoy en los antros los tildarían de mandilones), realizan los quehaceres del hogar mientras las mujeres se divierten en el bar. Al final los hombres se revelan. Este corto impresionó a Eisenstein.

También de 1906 es La vida de Cristo (mediometraje de 33 minutos), una producción cara con muchos extras y muchos sets. Por un tiempo esta películas de Alice se le acreditó al asistente Jasset, una práctica común en la historia del cine. 

Se casó con un tipo 9 años menor que ella. Asignado a representar a Gaumont en EE.UU., ella lo acompaño. Alice fundó una productora y después creó Solax, su estudio en New York. Tras la quiebra, un rico se quedó con el 51% de los derechos a cambio de que Alice encumbraba a su amante en la pantalla.

El esposo de Alice y la amante del rico huyeron a Hollywood. Alice regresó a Francia. 

Entre otros logros, dirigió A Fool and His Money (1912), la primera cinta con elenco afroamericano. 

(Fotografía de Alice. Versión temprana de esta croniquita apareció en Peregrinos 15.XI.2017)
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Churulata

8/31/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

DESPUÉS de largo rato volví a nuestra Biblioteca Central, la prenda mayor de este pueblo grande. Supera con creces la tosca arquitectura de los museos de arte y de ciencias. Mejor ni hablar de los toscos cajones de hierro y cristal que más que afear, vulgarizan el dauntaun y dan horror al sol y al desierto.  

La Central puso en mis manos una pordemás pésima copia de Churulata (Nido roto, 1964). Basada en un cuento del Sabio bengalí, Tagoré, dirigida por el iluminado Satyajit Ray, el Poeta del cine indio (de la India) director de la Trilogía Apu, una de las cumbres del séptimo arte. 

La trama es una historia ya añeja, un triángulo amoroso. Una mujer que desea más de la mediocre vida doméstica. Casada con un taciturno entregado a sus labores, la distrae el cuñado, un poeta. Imagine tal drama en manos ásperas (léase Hollywood): candentes encontronazos en el ascensor, citas de cuerpos desnudos en el auto o en hotelitos de paso, celos, gritos, amenazas, correteaderas, puñaladas, balazos.

Pronto me arrepentí. Pues no guarda atractivo alguno soportar una cinta mermada por las sombras, con subtítulos que cambian tan rápido que no los terminaba de leer. El diálogo, a veces en un inglés dificultoso.

A pesar de la pobreza de la imagen, a pesar de todo. Poco a poco me fui entregando. Tomaron mi mano Ray, Tagoré y actuantes y me llevaron por esa región imaginada donde la pasión prohibida se manifiesta en miradas, poemas, manos empuñadas y; cuando me pareció que yo mismo llegaba a poseer esa deleitosa fruta me enteré que la admiraba con catalejos. 

Terminé convencido, el arte del siglo XX, el cine de los grandes directores es una seducción, un banquete, una fascinante charla a la cual uno gustoso se entrega, una y mil veces. 

Del mismo auteur no se pierda: La sala de música (1958); y La trilogía Apu (1955, 1956, 1958). 

Gracias Ray. Gracias Tagoré. Gracias Biblioteca Central. 

(Fotograma: imagen de Madhabi Mukherjee. Versión temprana de esta croniquita apareció en Peregrinos II, 15.XI.2017)
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Orfandad

8/31/2023

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Por Saúl Cuevas Holguín

Saúl Holguín Cuevas recuerda a su inolvidable amigo. 

EN la Castalia universitaria todos hablan, leen y escriben, unos chismean, otros plagian complicadas adivinanzas que hacen pasar por propias y que solo tres llegan a medio entender, fanfarrones que arrinconados tras los muros de la institución chupan la jugosa teta burocrática. No son solidarios con los fregados ni cronistas de su tiempo.

Hay otros, eran poquitos, ahora son menos: vitan, bailan, escriben, convidan, organizan, guitarrean, cantan, disfrutan los tres días que los dioses del maíz nos han asignado y, en las sendas humildes por donde se atreven, aun en el mismo submundo, nunca le hacen gestos a un mezcalito, entre estos espíritus vitales: David Muñoz.

Gracias a David compartimos en encuentros comunales con nuestros iluminados: Sandra Cisneros, Luis Valdez, Jimmy Santiago Baca y otros creadores. También en pachangotas septembrinas nos remojamos el buche y le cantamos a la noche suburbana. Entre los logros de Muñoz el más sobresaliente fue un perfomance. Con mínimo de nostalgia me permito recordar y volver a vivirlo. 

ASU, ese desplumadero que ahora se pavonea de universidad world class, invitó a la performera de fama internacional Astrid Hadad, para que diera una charlita. Habló ante algunos 20 estudiantes. Los futuros iniciados cantinflamos algunas preguntas posmo–sofistas. Así, por menos de tres cuartos de hora su espíritu sobrevoló el campus, lejos, muy lejos del barrio. Pronto todo se esfumó. Astrid no cantó, ni albureó, ni bailó, ni performeó. ¡Qué mala onda!

Ahí conoció David Muñoz a la diva, ahí se atrevió a invitarla.

A pesar de no tener lana, ni influencias, ni siquiera un localito, David se aventó. Escarbando a puro pico y pala, picando mucha piedra, con tesón e insistencia, implorando aquí, convenciendo allá, taloneando para reunir peso tras peso, se dio el lujo de importar, desde la Capirucha Chilanga a Astrid con todo y banda, con sus cachiruleados trapos, con su voz de cenzontle y sus ocurrencias pícaras; la performera amortiguó nuestras desdichas por un rato: noche sublime.

Recuerdo: fue en el elegantón Chandler Center for the Arts, arca con cupo para 1500 personas. Cómo se las arregló David para que le prestaran tan encopetado escenario, nunca le pregunté. Sin duda movió cielo y tierra, ese recinto no se lo sueltan a cualquiera.

Ailesvá lo güeno: entrada GRATIS, sí, gratis para toda la comunidad.

El chiste es que el show por poquito le cuesta el puesto a Muñoz. A la performera se le fue la lengua y muchas braguetas persignadas se quejaron. Ante experiencia tan desagradable, otro de menos tanates se calla la boca, se concentra a reciclar sus clasecitas, a cobrar la quincena y que ruede el mundo. ¿Qué va? David no cedió, se tendió a organizar doce encuentros de escritores. Hablamos del décimo tercero, no le alcanzó el tiempo.

Ahora encuerao navego por estos páramos desnudos de cultura.

(Foto: el autor con David; temprana versión de este homenaje apareció en Peregrinos III 09.VI.2020). 
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Agüitado

8/24/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

FUE en casa del doctor, cogñacqueando frente a la chimenea, flamenco por el estereofónico. 
Alguien cerró el volumen y pidió a Chori nos leyera uno de sus escritos.     
Protestó. 

Insistimos. 
Pidió un bacanorita. Se incorporó. Brindó:
Agüitado ando.
¿Por qué?, se preguntarán… (Pausa)
Pos, ya kinsisten, ailesvá, me desogo. (Pausa) Vació otra copa:
Nací teco, tecos mis Jefitos, tecos mis Tatas. Pero en mi Terre de pocho y malinchista no me bajan. Dicen que nomás ando oliéndole los pedos a los gabas.

Ya se les olvidó que por un carajal de años, con mi sudor y con estas manos callosas, primero trabajé las tierras de los señores y ora me tallo de achichincle de los yerberos, todos tán bien paraos, yo como siempre, bien fregao, no tengo ni en que caime muerto. 

Llegó la sequía, con la panza bramando de hambre, en medio de mi inorancia, ya desesperao, sin poder dormir por la tronadera de tanto balacera en las madrugadas y, de tanto enterrar a mis muertos, sin centavos pa pagar un Coyote, me la jugué (Pausa) me aventé solo al frío del Otro Lao, a buscar la tortilla. Ustedes bien lo saben paisas, en mi Terre, la canasta está bien alta. En el Norte hay que fregarse, pero de perdis saca uno pal pipirín. 

Arrastrándome por este tan largo (Pausa)  y tan gacho (Pausa)  y tan sediento desiertote me topé unos perros trasijaos, ¿serían coyotes?, tragándose un paisa muerto. (Pausa larga, baja la mirada) A pedradas los espanté y seguí mi camino… (Pausa) Ni pedo… (Pausa más larga, mirada panorámica, lenta) Ni modo de hablarle a la Migra. (Baja la cabeza, da media vuelta y sale con pausado andar). 

Reavivado, el estereofónico gimió, Lo sufrimiento que pasamo en la viiiiiaaaaa… 

Voces: teco: zacatecano; Terre: terruño; gabas: gabachos, norteamericanos; yerberos: narcos o narcotraficantes; de perdis: a lo menos; pipirín: comida; trasijao: flaco.

(Foto de mi lazarillo Chago, agradezco la paseadota que me dio por la Comarca Lagunera. Versión temprana de este cuentito apareció en Peregrinos II, 06.VI.2016; que si no me equivoco fue cuando David Muñoz lanzó la II versión de esta revista E).

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Quién soi io.

8/24/2023

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Por Saúl Holgúin Cuevas

Placa de un tal por cual Saúl Holguín Cuevas 

SOI, o a lo menos eso me contaron, el hijo maior de Angelita i de Luis, ella, residente en el BVN#13, conocida como La Nana; él, campesino en La Gran Chichimeca. Delfina Rivera, la partera de Ramírez me trajo a éste mundillo canijo en Los Llanos frijoleiros del alacranero Álvaro Obregón, Durango (Chivo, 1952). Crecí entre los nopales, mezquites, huizaches, el ojo de agua zarca (azulada) i adobes coloraos de San Juan de la Tapia, Zacatuercas terruño. El vendaval me arrastró hasta la Finiquera (Phoenix); pasé por Torreón i por el merito Barrio Van Nuis, suburbia Los Ángeles. 

Me gusta el buen chupar (mezote), el buen morfar, el buen cine, la buena charla, la musiquinha; antes me encantaba viajar, ahora extraño mi camita. En cuanto a religión: soi ateo guadalupano, amante de las catedrales i de la música clásica sacra, sin descuidar la profana populachera (para una buena peda nada como un mariachazo).

Robándoles tiempo a mis dos hijos i a mi cóniuge, por cuarenta i ocho calendarios me he dedicado a la escritura. Juro i perjuro que cuando ajuste medio siglo largo la pluma. También por algunos veintipico de abriles me mal desempeñe en el aula. La escritura no me ha dado ni peni, eso sí, muchos desvelos i muina. La enseñanza me impuso obstáculos ridículos i penas constantes de estudiantes anarcos (entre narcos i anarquistas) i colegiales que creen saber más que el profesor; mi recompensa: tres cacahuates. Pero, no las largo, son parte mía, las necesito como el pan líquido (cerveza), el aguaclara, los saltarines (frijoles) con chilito i tortillas palmeadas con ritmo. 

Me aventé algunos 24 años de aprendizaje en Castalia (academia). Ahorita, en plena bola (de años), apolillado (jubilado), mientras llega La Parca me dedico a apapachar a una nieta i dos nietos. Mi advertencia a sus padres, o sea mis hijos, Si no quieren que los niños se mojen, ni jueguen en el lodo, ni coman mamuncias, no me los traigan.  

De mi magra cosecha estoi orgulloso de la novela Barrioztlán (1998, 2010, en prensa). Primero la escribí a mano, después a máquina i al final en la compu. Entonces escribía con desparpajo i atrevimiento, en un espacio reducido i caótico de niños llorando, vecinas chismosas importunando, teléfono repicando i mujer desesperando. Eso solo posible una vez, la primera, pues me aventé con la ignorancia i el atrevimiento de la iuvenalia que tiende a comerse el mundo. 
Un montón de artículos náufragos encontraron refugio en diarios, revistas i en la página E, Peregrinos i sus letras. Si por ahí los guachan, me los saludan.
​

(Creo que la foto la tomó mi Vieja, hablo del género, no de la cronología, conste).
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Estimada gente que entre letras anda: va de nuevo

8/24/2023

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Por Saúl Holguín Cuevas

Cuando nuestro recordado David Muñoz fundó la revista E, Peregrinos y sus letras, me invitó a participar, es más, cualquier escritor del círculo donde entonces nos movíamos, podía y puede colaborar, independiente de si es un juntapalabras cuerudo o novato, tal era la intención del fundador. 

La primera versión de Peregrinos, por alguna razón, se la tragó el éter.  Gracias a Wayback Machine me fue posible capturar el cuentito SOY ESTUDIANTE, apareció en la revista el 22 abril 2009. Mismo escrito que ahora comparto con ustedes. La breve lista de colaboradores de entonces: Manolo Murrieta, La profa. María Dolores Bolívar, Josué Muñoz hermano de David y otros. 

No se pudieron recuperar los archivos. Pronto David arrancó, de cero, la segunda versión de la página es probable que fue 06 junio 2016. Con la misma fecha firmé el cuentito AGÜITADO, mismo que ahora también comparto con ustedes. 

Con el tiempo mandé 80 colaboraciones a la revista, suficiente material para armar un libro, pero esto será después. En un principio, como andábamos apremiados de tiempo, subimos algunas fotos sin el permiso de los dueños. Muchas notas fueron escritas a todo tren, salieron defectuosas y con errores. 

Agradezco a mi valedor Dani, editor de la tercera versión de Peregrinos, retiró mis escritos del éter, esto me permite darles una manita de gato, y los que se salven de la criba los subiremos. Arranco con mi presentación, un homenaje a Muñoz y los dos cuentitos arriba mencionados.

Saludos desde el hoyo negro de la chochera donde siento los pasos de la Parca en la azotea. Apechugo en estos tiempos paranoicos, ya vendrán mejores. 

Firma: su camarón, Saúl Holguín Cuevas.
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Ora sí...

8/20/2023

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