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​Barrioztlán

Berlanga

1/21/2020

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Berlanga
Saúl Cuevas

Garcí: Recuerdo allá por el 73, en la Valencia de Luis Vives, Sorolla, Blasco Ibáñez, unos cuates me sugirieron el cine de otro valenciano, Luis García Berlanga.
 
Fue apenas el otro día (45 larguiruchos años después), gracias a Criterion, y tras abonar lo estipulado a los nuevos usureros del éter, por fin, pude apreciar lo ya tanto tiempo pospuesto.
 
Te recomiendo tres películas: Bienvenido Mr. Marshall (53); Calabush (56); y El verdugo (63). Todas rodadas en la España fascista de Franco, cuando había que empeñar los ideales para poder filmar con el visto bueno de la castrante censura frailuna–facha de entonces; una opción: confundirlos con la risa.
 
Bienvenido critica el Plan Marshall que solo dejó esperanzas frustradas. La cinta va a menos por culpa del narrador, que aunque sea el gran Fernando Rey, nada aporta.
 
Calabush (rodada en la paradisiaca Peñíscola) trata de la paranoia desatada por la irracional competencia nuclear que nos tuvo y aún nos tiene a un paso del irracional suicidio colectivo, el fin de la especie. Presenta al contrabandista y al guardia civil como enemigos solo en apariencia. Mientras que la autoridad se beneficia del licor decomisado, el bandido vive a pierna tirante en la cárcel, auténtica pensión donde de gratis come bien, duerme y pasa el tiempo al aire libre, inclusive continúa su ilícita labor. Por si fuera poco, la puerta de la cárcel se atranca desde adentro. Huir sería ilógico.
 
Con El verdugo Berlanga trepa a la cumbre. Recuerda que en la España de entonces, el garrote vil aún se usaba para matar a los enemigos del régimen. Consiste en clavar un tornillo en la nuca del condenado, causa la muerte de la forma más cruel. La guillotina, el patíbulo, la cámara de gases son iguales de crueles, pero el garrote causa singular repulsión. En el film, un empleado de una funeraria se casa con la hija del verdugo y hereda la macabra ocupación del suegro.
 
Las tres cintas se ambientan en un pueblito que representa al país. La Iglesia y la burocracia salen averiadas, factor que valora aún más la visión del director y sus colaboradores, pues se las ingeniaron para burlar la férrea censura de entonces.
 
Cinta para llorar los achaques de nuestra bárbara civilización con su pena de muerte, la amenaza del holocausto nuclear, las huecas promesas de los políticos, y por encima de estas calamidades, el cruel engaño en el que los sotanudos pederastas mantienen al pueblo en perniciosa ignorancia. También provocan la risa, lo irracional va disfrazado de normalito.
 
Estos días ocupamos un Berlanga para que entre risas desnude la asonada kukluxkanera que nos ahoga.
 
Como vamos pronto emularemos los días del garrote vil.  

 
Dulce muerte
Acto ideado por Saúl Holguín Cuevas
 
(Entran dos con tinas, trapeador y escoba, admiran la biblioteca).

1:         De seguro que este cuate vende libros. Mira cuantos tiene.
(Los dos caminan entretenidos con el móvil, 1 tropieza con una pila de libros. Ambos se agachan, toman un libro en las manos.)  

1:         ¿Cuál es ese?

2:         Narco, político o banquero, como llegar a millonario en un dos por tres. ¿Cuál es el tuyo?

1:         (Batalla para leer) El in, in, in-fier-no. (Asustado lo tira lejos, se agacha agarra otro.)

2:         Oye, ¿Qué es eso?

1:         (Se inclina.) Parece un guante. (Se agacha, lo agarra, salta asustado, grita.) ¡Hay mamá, es un cristiano! (se persigna.)

2:         (Se persigna.) ¿Ora que hacemos?

1:.        A las autoridades. Vamos a notificar.

2:         Tas loco nos van a echar la culpa.

1:         Pueque tengas razón, no lo podemos dejar así nomás, pero… vámonos, no quiero broncas.

2:     Como serás güey, ya saben que teníamos cita pa limpiar el depa. Además nosotros no hicimos nada.

1:         Llama al 911.

2:         (Marca en el móvi.l) Oiga, nos encontramos un cadáver muerto.

1:         Como serás orejón, si es cadáver ya está muerto.

2:         (Concluye a llamada.) Ya estufas, orita viene el juarense.

1:         Forense guey, forense.

2:         Lo que sea.
(Ambos se sientan a esperar, siempre sin dejar de atender el móvil. Entra el Inspector con una lupa.)

I:          ¿No han tocado nada?

1:         Nada jefe. Nomás esos dos libros.

I:        (Se pone unos guantes, recoge el Infierno, lo abre, encuentra una nota, con cuidado la pone dentro de un sobre, cierra los ojos, lo obreros lo ven perplejo.) Dolce color de oriental zafiro (Se acerca a la pila, con cuidado quita unos libros.) Miren bien. ¿Han visto esta cara en algún lugar?
(1 y 2 se acercan tímidos. Observan con cuidado, niegan con la cabeza.)

1:         Yo no.

2:         Yo tampoco.

1:         Aunque…

I:          (Enérgico.) ¿Qué?

1:         Pos pensándolo bien, se me afigura que he vista esa cara en otro lao. ¿Dónde sería?
(Mientras tanto el Inspector con su móvil toma una foto del cadáver, pulsa, lo guarda.)

2:         Piénsale bien. ¿En los perros?

1:         No.

2:         ¿Por la Van Buren?

1:         ¡Cállate cochino, apoco crees que todos son como tú que te la pasas patrocinando a esas mariposas de la noche.

2:         Entonces, ¿sería en la universidad?

1:         No lo creo, nunca he ido, además no sé ni onde está y, con lo que cobran de parquin, mejor me echo unas chelas.

I:          (Viendo el móvil.) Ya está. Escuchen. Acaso conocen ustedes a un tal Juan José María de Jesús Fernández Hernández Gutiérrez Pérez y Manuel. Ah cabrón.

2:         Me suena (Hace esfuerzo pensando.) Sí jefe, creo que es el mismo que en la pandilla le decían el poeta.

I:          ¿Cuál pandilla, dirás… en el narco?

1:         No jefe, ¿qué pasó?

2:         No jefe, nostros andamos limpios es porqué jugamos limpio. La Pandilla.

I:          ¿La Mara Salvatrucha?

2:         Como cree jefe, los muchachos del barrio.

I:          (Afirmando con la cabeza.) Los muchachos del barrio. ¡Acompáñenme a la delegación!
(Ambos asustados, se acercan uno al otro.)

2:         (Temblando) ¿Nos va a meter al bote?

1:         No sea gacho jefe, nosotros no hicimos nada.

I:          Cállense gallinas. Les voy a tomar declaración, luego se largan a casita.

ESCENA 2

(Los mismo actores traen una mesa y una silla, el Inspector se sienta , los otros dos parados, otra persona sobre un banquito sostiene un foquillo sobre la mesa.)

I:          ¿Conocían al extinto?

1:         ¿A quién?

2:         Al muertito.

2:         No jefe, cómo cree, nomás de pasadita.

I:          ¿Eran amigos?, díganme la verdad.

1:         Pos conocidos jefe, así de lejecitos.

I:          ¿Dónde lo conocieron?

2:         En la Librería Anáhuac, ai por la 24 calle.

I:          ¿Vendía libros aleluyos?

1:         No sé de cuales jefe, no leo. Eso sí le digo, no tenían monitos.

I:          ¿Entonces, a que iban a la librería?

2:         Todos los viernes había reunión. Hablaban de cosas, usté sabe.

I:          Yo no sé. ¿De qué cosas?

1:         Puras cosa interesantes jefe. (Se emociona.) Platillos voladores, como curar el cáncer con calostro, de los luminatos.

I:          ¿illuminati?

2:         Desos meros. A veces la cosa se ponía color de hormiga, se agarraban.

I:          ¿A puños?

1:         Como cree jefe, se hacían de palabras, pero nunca llegaron a los trancazos.

I:          Ya entiendo.

I:          ¿Tenía enemigos?

1:         Pos enemigos, enemigos, pos tanto así no jefe.

2:         Aunque había dos con quien se contrapuntiaba.

I:          (Prepara pluma y libreta)¿Nombres?

1:         Víctor, no ese no.

2:         Roy… No ese tampoco.

1:         Había uno que le decían el Chilango, crioque.

2:         Chilango o Chileno, aunque no sé por qué, pues no come chile. Un tal Moris.

I:          Como serán tarugos, es que es de chile.

1:         Tampoco sin alburear jefe.

I:          Bueno, ya inútiles, ¿y el otro, cómo se llamaba?

2:         Era un canoso, ¿cómo le decían?

1:         Si mal no recuerdo, ah, ya lo tengo… el Alacrán Gachupín.

I:          ¿Y por qué se pelearon?

2:         Así como agarrarse a guantones, no tanto jefe.

1:         Crioque el Alacrán Gachupín le gritó al dijuntito: Mexicano sin cultura.
Gueno, el dijuntito empezó la bronca, enchiló al Alacrán cuando le dijo que Hernán Cortés criaba cochinos.

2:         La raza lo agarró de botana, siempre que lo veían le preguntaban: ¿a cómo el kilo de chicharrones?

I:          Voy a hablar con esos cuatro fulanos (Salen.)

ESCENA 3

El Ministro en conferencia de prensa; 1 y 2 entre los asistentes.
Frente al público, el Ministerio Público, hace público el reporte del forense sobre el descenso del ciudadano Juan José María de Jesús, largo, largo etcétera. A saber: tras larga y exhaustiva pesquisa, se determinó que el mentado murió por excesivo consumo de letras…
(Protestas del público.)

I:          Lo cual le causó indigestión tan fulminante que fue incapaz de recuperarse, tropezó con el librero que al caer lo enterraron abajo.
(Protestas airadas.)

I:          Calma, calma, al concluir pueden hacer las preguntas correspondientes… De acuerdo con el mismo doctor del individuo en cuestión, ya le había advertido que dejara de comer tanta letra. Por lo visto no hizo caso.
(Nuevas protestas.)

I:          Calma, calma, permítanme concluir. Aunque les parezca raro, como a mí, la medicina registra casos similares, en Ginebra, un tal Jorge Luis, en Rotterdam, en un barrio de Los Ángeles. (Recoge los papeles) Ahora con gusto entretengo las preguntas de la prensa autorizada.

1:         ¿Interrogaron al Alacrán Gachupín?

I:          Desde cuando que abandonó el país. Durante del reino del Pato Donald I fue deportado a su nativa Rota, en España.

2:         ¿Y el Moris?

1:         Boris, Boris, no Moris. En primer lugar, contrario a lo que se especuló el periódico local, no es ruso, es chileno como ustedes ya lo dijeron, a pesar de que no come chile. Hace años que se mudó a Suecia en donde reside desde entonces. Dizque fue para adelantarse, está convencido que le van a dar el Nobel, sigue esperando. Pasó un tiempo tras las rejas. Cuando le otorgaron el Nobel a Bob Dylan, Boris corrió a la sede de la Academia Sueca y rompió varios cristales a pedradas. Parece que enfurecido les gritaba que eran unos rateros.

1:         Como es eso que murió por comer letras.

I:          Bueno, es una expresión, como se la pasaba leyendo, no comía. Estaba tan débil que cuando le cayeron los libros encima, le fue imposible librarse de ellos. Murió asfixiado. En otras palabras, fue un libricidio, termino, que por cierto, he recomendado incorporar al Diccionario de la Real Academia, se negaron. En un ejemplar del Infierno de Dante Alighieri, se encontró una nota manuscrita, autenticada por nuestro experto en grafología, que por cierto, en su juventud fue un grafitero en el mismo barrio que creció la víctima. El dictamen del experto fue corroborado por indicios biológicos, inclusive se comprobó que fue redactada por una de las diez plumas que portaba el extinto. (Saca el teléfono, lee). A seis meses de distancia desde aquel fatal acontecimiento que tanto escandalo provocó en el Face y, de acuerdo a cifras de Amazon, el caído escribió un libro con el título de la Literatura Chicana, fue publicado hace 16 años, ya se vendió dos veces, yo compré un ejemplar, pero no me gustó, lo voy a devolver.

2:         ¿Y qué dice la nota?

I:          De mi dulcísima muerte/ por letras instigada,/ a nadie se culpe,/ ni a la Coatlicue.

1:         ¿Cuándo fue redactada la nota?

I:          De acuerdo al examen de carbón, en la década de los 70.
 
© Saúl Cuevas
 
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    Saúl Holguín Cuevas

    Brevis kurrikulum vitæ
    De Durango, Grand Chichimeca (1952) vengo.
    Gracias a la calma del Rancho (Zacatecas) y al son del arroyo ansiaba ser marinero.
    Crecí (Torreón) con un ayuno de bellas mentiras: religión, patria, patriarca; y una comilona de ilusión: circo, charla (Gualterio), música (Los Ángeles) y letras (Phoenix).
    Detallitos de lo que vi, viví, leí, me chismearon, imaginé, soñé o pesadillé, se quedaron conmigo.
    Mi escritura (40 años) es un meticuloso intento por echarlos a caminar. 


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